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sábado, 26 de enero de 2008

16 lecciones sobre el Verbo Encarnado Leonardo Castellani


Catecismo para adultos

16 lecciones sobre el Verbo Encarnado

LEONARDO CASTELLANI




EDICIONES DEL GRUPO PATRIA GRANDE

"La Doctrina de la Fe, que Dios reveló, no está propuesta como un invento de la filosofía, que se pueda perfeccionar por el ingenio humano, sino como un depósito divino entregado a la esposa de Cristo, y ha de ser fielmente custodiada e infaliblemente declaraba. Por esto, los dogmas sagrados han de ser mantenidos para siempre en el sentido declarado una vez por la Santa Madre Iglesia, y nunca hay que apartarse de ese sentido con el pretexto de hacerlos más inteligibles".

Primer Concilio Vaticano

"Afirmamos que la mayor parte de quienes se condenan, sufren para toda la eternidad esa desgracia a causa de su ignorancia de los misterios de la fe, que deberían necesariamente saber y creer para poder ser contados entre los elegidos".

Benedicto XIV

Semblanza del Autor:

LEONARDO LUIS CASTELLANI nació el 16 de noviembre de 1899. Sus padres fueron Luís Héctor Castellani, florentino naturalizado argentino, llegado al país a los cinco años de edad, y Catalina Contepomi, argentina nativa, mujer muy inteligente según su hijo y de familia friulana y condal. Es el mayor de cuatro hermanos. María Magdalena, Luís Oscar y Arnaldo Néstor le siguieron en este orden.

Su abuelo paterno, don Leonardo, fue un arquitecto italiano que arribó a la Argentina en 1872 en una de las inmigraciones sarmientinas. Se afincó en el norte santafesino. Fundó con otras trece familias la reducción de San Antonio de Obligado. Construyó en la zona once iglesias o capillas.

Su padre, maestro normal y periodista, fundó y dirigió "El Independiente", primer periódico del Chaco santafesino. Militó en el radicalismo de Além. Murió asesinado de un pistoletazo —en 1906— por la policía del régimen.

Leonardo nieto estudia las primeras letras y lo que es hoy el ciclo primario en la escuela particular de don José Parodi, en su pueblo natal. En 1913 ingresa como alumno pupilo en el célebre colegio "La Inmaculada", de los padres jesuitas, en la ciudad de Santa Fe. Durante su pupilaje anuda una amistad de por toda la vida con dos condiscípulos: el egregio poeta santafesino, Horacio Caillet Bois, y el político y hombre de pro de San Juan, Dr. Alberto L. Graffigna.

Bachiller en 1917, el 27 de julio de 1918 ingresa en el noviciado de la Compañía de Jesús, en Córdoba, donde rehace, además, sus estudios en letras. En 1924, y durante cuatro años en el ciclo secundario del Colegio del Salvador, de Buenos Aires, enseña castellano, literatura, historia e italiano. Por esa época aparecen en la revista del Colegio del Salvador, las fábulas que más tarde conformarán su primer libro. En 1928 inicia los estudios de teología en el Seminario Metropolitano de Villa Devoto. Al promediar sus estudios, lo envían a proseguirlos en la Universidad Gregoriana. Parte para Europa en la segunda mitad de 1929.

En Roma aprendió teología y filosofía con grandes maestros: el cardenal Luis Billot S. J. y el R. P. Charles Boyer S. J., entre otros. El 31 de julio de 1930 el cardenal Marchetti Selvaggiani lo ordena sacerdote en Roma.

El 8 de julio de 1932 parte para Francia, donde permanecerá tres años, el primero de ellos, en Amienssur Marne, en la Picardía. Pasa luego a París: allí vivirá los otros dos años franceses. Asiste a la Facultad de Filosofía de la Sorbona como alumno regular. Emile Brehier fue su profesor de Historia de la Filosofía. Concurre a cursos libres: al de George Dumas sobre examen clínico de enfermos mentales en "L'Asyle Sainte Anne" (años 1932/1933); al de George Wallon sobre la escuela nueva (años 1932/1933); y a los del R. P. Marcel Jousse S.J. —de cuyas ideas fue introductor en la Argentina en "L'Ecole d'Antropologie" (años 1932/1933) y en "L'Ecole Practique des Hautes Etudes" (años 1933/1934). Al finalizar el curso de 1934 se le otorga el diploma de "Etudes Superieurs en Philosophie, Section Psychologie".

En julio de 1934 va a Alemania y Austria con el patrocinio del embajador argentino en Francia, Dr. Tomás Le Breton, para profundizar sus estudios acerca de lo que juzgó su vocación en el primer tramo de su vida intelectual: psicología y problemas educacionales. Visita escuela de retardados y reformatorios infantiles en Milán, Munich, Innsbruck y Viena. A principios de 1935 pone fin a su formación intelectual y regresa a su patria. Durante su estadía en Europa había comenzado a colaborar en Criterio, lo cual sigue haciendo hasta 1942. Apareció, además, en Buenos Aires, la primera edición en libro de sus Camperas.

En la Argentina y durante 11 años lleva a cabo una ingente labor intelectual a través de la cátedra, el libro y el periodismo. Como escritor publicó 14 libros y la traducción al castellano, con notas y comentarios propios, de los primeros cinco tomos de la Suma Teológica. Como periodista escribió en todas las publicaciones católicas y nacionalistas del país; desde 1937 hasta 1941 colaboró en La Nación; en 1940 y hasta 1942, desempeñó la dirección de Estudios.

En 1943 se vincula con Lautaro Durañona y Vedia, de quien será grande y sincero amigo, director, junto con Santiago Díaz Vieyra, de Cabildo ; y el 13 de junio de ese mismo año aparece su primera colaboración en dicho diario: "La coordinación y los católicos".

En diciembre de 1946 parte hacia Roma en el "Naboland" con un pasaje obsequiado por el sacerdote salesiano José Silva; pretende hacer conocer al general de la Compañía de Jesús los hechos irregulares de que ha sido víctima y la situación insufrible que le ha sido creada. El 1 de enero de 1947 llega a Génova. Por fin es recibido por el P. Janssens. La audiencia dura cinco minutos. En ella el P. General lo conmina a salir de la Compañía de Jesús bajo condiciones que él determinaría posteriormente. No acepta. En junio de 1947 recibe orden por escrito de trasladarse en el término de cuatro días a Manresa, España. En Manresa pasa dos años de sufrimientos. Su confesor, el R. P. José Murall S. J., y sus amigos argentinos y españoles le aconsejaron que solicitase su traspaso al clero secular de su país, lo que hizo. Abandonó Manresa el 19 de julio de 1949 y llegó a Buenos Aires en avión el 22 del mismo mes. Se albergó en el Colegio del Salvador, dio cuenta de lo acaecido al R. P. Juan Castillejo S. J., rector del Colegio y, por escrito, por estar ausente en Córdoba, al R. P. Juan Moglia S. J. el 18 de octubre de ese año se le separa de la Compañía sin proceso.

Fue acogido con benevolencia y amistad por Monseñor Roberto Tavella, Arzobispo de Salta, quien lo alojó en su casa y lo honró cuanto pudo. En Salta, adonde llegó en 1950, fue poco a poco mejorando salud, aunque el clima no era el ideal para él. Desempeñó en la Escuela Normal de esa ciudad las cátedras de Metafísica y de Problemas Nacionales.

Pasa a Buenos Aires a consultar médicos. Estos le desaconsejan Salta y le recetan un descanso de un año en su pueblo natal. Decide a principios de 1952 establecerse en Buenos Aires y tratar de reasumir su cátedra en el Instituto Nacional del Profesorado Secundario, cosa que logra. Enseña en ese establecimiento hasta el año 1955, en que es cesanteado como todos los docentes sacerdotes por el sarampión anticlerical de Perón.

La rehabilitación sacerdotal salteña, aún con sus limitaciones, no es válida en Buenos Aires. Se da una situación curiosa: el mismísimo P. Castellani que podía celebrar el Santo Sacrificio de la Misa en la ciudad de Salta no lo podrá hacer en ningún altar de la dudad de Buenos Aires. Por lo que a él toca, cierra con un olvido caritativo el período de dolores que principió en 1946.

En 1952 y 1953 dictó cursos de filosofía en la Sociedad Científica Argentina; en 1954 y 1955, en el Teatro del Pueblo; en 1965 en el Colegio Champagnat; en 1968 y 1969 en el salón de actos de la parroquia Nuestra Señora del Socorro.

En 1955, tras su cesantía en el Instituto Nacional del Profesorado Secundario, se incorpora al cuerpo de redacción del diario Tribuna de San Juan, de Alberto L. Graffigna. A partir del 1° de febrero de 1956 y hasta el 31 de diciembre del mismo año, publica todos los domingos el comentario del evangelio del día. Reúne luego todas las dominicas y con ellas conforma dos de sus libros más leídos; "El Evangelio de Jesucristo" y "Las Parábolas de Cristo". Sigue colaborando en Tribuna hasta su cierre en 1957, provocado por un atropello de la Revolución Libertadora.

En 1952 viaja a Lourdes como penitente en corta peregrinación de pocos días.

En 1966 el nuevo Nuncio Apostólico, Monseñor Lino Zanini, "manu militari", arregló definitivamente la situación absurda y desdorosa para la Iglesia en que se encontraba el P. Castellani; se le restituyó plenamente, sin reservas ni condicionamientos, el ministerio sacerdotal.

En enero de 1967 apareció Jauja, revista mensual, que fundó y dirigió hasta el último de los 36 números durante tres años. En ella escribió siempre el editorial, que llamó directorial, y la crítica literaria y una sección de comentarios sobre temas de actualidad llamada Periscopio.

En 1974, 1975 y 1976 dicta en Patria Grande los siguientes cursos; "De Kirkegord a Tomás de Aquino", " 16 clases sobre el Verbo Encarnado" y "El Apokalypsis". Luego de haber sido nombrado Doctor "honoris causa" de la Universidad de Buenos Aires, el gobierno argentino le entregó el premio "Consagración Nacional", el 30 de diciembre de 1975.

El 16 de noviembre de 1979 cumplió 80 años de vida y 60 de escritor. Actualmente vive en el aprecio de sus amigos. Poco le importan ya las cosas de este mundo. Todo su tiempo lo tiene ocupado en preparar una buena muerte.

LEONARDO CASTELLANI

Doctor en Teología

Catecismo para adultos

16 CLASES SOBRE EL VERBO ENCARNADO

EDITADO POR EL GRUPO PATRIA GRANDE

BUENOS AIRES

PROLOGO.............................................................................................................................................

LA ENCARNACIÓN..........................................................................................................................

INTRODUCCIÓN...................................................................................................................................

En resumen:.........................................................................................................................................

CRISTO ES VERDADERO DIOS...............................................................................................................

Propiedades del cuerpo glorificado......................................................................................................

CRISTO ES VERDADERO DIOS SEGUNDA PARTE...................................................................................

CRISTO ES VERDADERO HOMBRE.........................................................................................................

CRISTO ES UNA PERSONA.....................................................................................................................

LA REDENCIÓN.................................................................................................................................

CRISTO MURIÓ POR NOSOTROS.............................................................................................................

LA PRUEBA............................................................................................................................................

LAS DIFICULTADES...............................................................................................................................

CRISTO FUNDO UN REINO VISIBLE.......................................................................................................

LA PRUEBA...........................................................................................................................................

LAS OBJECIONES...................................................................................................................................

LA IGLESIA ES ESE REINO.....................................................................................................................

LA IGLESIA TERMINA EN EL PARAÍSO:................................................................................................

EL PARAISO:.........................................................................................................................................

ENTRA JESUCRISTO..............................................................................................................................

ENTRA SAN PABLO...............................................................................................................................

LA SANTIFICACIÓN..........................................................................................................................

EL ESPÍRITU SANTO ES DIOS:.....................................................................................................................

LAS CINCO NOCIONES SON:....................................................................................................................

EN DIOS HAY TRES PERSONAS................................................................................................................

LOS FILÓSOFOS ADVERSARIOS DEL MISTERIO DE LA TRINIDAD SON PRINCIPALMENTE.

PRUEBA:.......................................................................................................................................

LA RAZÓN TEOLÓGICA.................................................................................................................

EL ESPÍRITU SANTO SANTIFICA...................................................................................................

LA GRACIA....................................................................................................................................

LOS COROLARIOS......................................................................................................................

HAY INFIERNO...............................................................................................................................

ADVERSARIOS –.............................................................................................................................

HAY PURGATORIO.......................................................................................................................

ADVERSARIOS:..............................................................................................................................

TRADICIÓN;...................................................................................................................................

LAS RAZONES DE LOS PROTESTANTES, SON:............................................................................

RAZÓN TEOLÓGICA O ARGUMENTOS DE CONGRUO O DE CONGRUENCIA:......................

HABRÁ UN FIN DEL SIGLO..............................................................................................................

HABRÁ UNA PARUSÍA.....................................................................................................................

PREGUNTAS:..................................................................................................................................

HABRÁ UN JUICIO FINAL...............................................................................................................

LA RESURRECCIÓN......................................................................................................................

LA CONCLUSION:.............................................................................................................................

APÉNDICE.........................................................................................

NOTA 1 MARTIN HEIDEGGER (18891976),...................................

NOTA 2 1. KANT Y SU ÉPOCA...........................................................

NOTA 3. EPÍLOGO DEL LIBRO CIEN AÑOS DE MODERNISMO .

PROLOGO

En el año 1975, un grupo de amigos propuso al Padre Castellani que dictara un curso de teología. El Padre se negó, con buenas razones para ello. La teología no puede enseñarse adujo en unas pocas clases y además requiere una base filosófica seria y el conocimiento previo del latín. Por fin accedió a dar un "Curso de Catecismo para Universitarios". Con lo que se quería decir para cristianos con una cierta preparación, ya que muchos de los asistentes no eran Universitarios.

¿Cuál fué la razón de que se insistiera tanto en que el curso se realizara? La angustiosa necesidad de que se explicara con seriedad, profundidad y claridad, las verdades eternas. "Una especie de niebla ofuscó entonces sus mentes, y ya no podían distinguir en medio de tanta confusión de ideas, cuál era el camino seguro que debían seguir. Solamente el verdadero y fiel discípulo de Cristo, que prefirió la antigua fe a la nueva perfidia no fué contaminado por aquella peste contagiosa" escribía San Vicente de Lerins. Y este pensamiento, después de tantos siglos, parece dado teniendo ,0 la vista la peste contagiosa, la nueva perfidia del progresismo.

Durante dieciséis sábados de aquel año, el Padre desarrolló su curso en el viejo local de Patria Grande.

La necesidad de doctrina clara no es hoy menos imperiosa que entonces. El modernismo ha seguido haciendo camino y existe el peligro que hayamos aprendido a convivir con el y que ya nos sea difícil distinguir entre la fe límpida de nuestros padres y el cieno de la novedad, como mandaba el Papa San Sixto. Por ello algunos amigos de Patria Grande decidieron publicar en forma de libro la grabación de aquellas clases. El lector deberá tener esto en cuenta, para comprender algunas repeticiones, algunas salidas de tema, algún aparente desorden. El lanzamiento de esta edición se hace como solitario homenaje al Padre, al cumplir sus ochenta años de vida dedicada al servicio de Dios y de la Patria. Solitario homenaje pues han callado sus colegas y hasta los mismos "castellanistas" y, ni que decir, la prensa "seria" y "libre".

Homenaje solitario con un libro solitario. En la barahúnda ponzoñosa de los "catecismos" holandeses, franceses, canadienses que inunda los escaparates de nuestras librerías "católicas", gozándose en las novedades profanas y sintiendo hastío de los dogmas de la verdadera Iglesia, un catecismo que trasmita en forma impoluta las enseñanzas de nuestra fe eterna será una estrella solitaria. Pero una estrella de esperanza.

Grupo Patria Grande

¿Qué cosa es Dios?

— Decid, ¿qué cosa es Dios, oh luces bellas?..

¡Orden! — me respondieron las estrellas.

— Decid, ¿qué cosa es Dios, flores hermosas?

— ¡Belleza! — respondiéronme las rosas.

— Decid, ¿qué cosa es Dios, oh Madre mía. Y Ella, mirando al Crucifijo:

— Amor es Dios — me dijo... Amor más puro que la luz del día.

LA ENCARNACIÓN

Introducción

Cristo es verdadero Dios

Cristo es verdadero Hombre

Cristo es una Persona

INTRODUCCIÓN

Yo di un Programa del Curso que tiene una serie de tesis, tesis que se deben probar. La Teología pretende ser una ciencia, una disciplina que prueba lo que afirma, que es la característica de las ciencias. Pero esa lista versa, sobre todo, sobre Jesucristo, la Trinidad y unos cuantos de los dogmas fundamentales como los novísimos. Es decir, una parte de la Teología, pero una parte fundamental sobre la cual las restantes tesis giran y dependen. De manera que voy a hacer un cursillo de Teología abreviado, porque toda la Teología no se puede enseñar aquí.

Los sacerdotes hacen cuatro años de Teología y antes tres de filosofía, encaminada a la Teología: Filosofía Escolástica, aunque sea una técnica que puede ser independiente y, antes aún, han estudiado cinco o seis años de latín. Porque toda la literatura de esta ciencia —o casi toda— está en latín. Así las obras fundamentales de los Santos Padres y también las obras modernas que deben estudiar los seminaristas. Los libros que hoy se publican en francés o alemán son derivaciones de la Teología antigua y se supone que se sabe ésta. De modo que con toda esa enorme cantidad de estudio no crean que sabemos mucho; pero sabemos...

De modo que yo voy a hacer un cursillo de Teología nuclear, el nudo o la clave de la Teología que es Cristo, pero no voy a poder dar algunos tratados que se dan en los cuatro años de Teología, en que se estudian diez tratados. Por ejemplo, el tratado "De Gratia Dei" no lo voy a dar. Pero ese tratado presupone la existencia de Jesucristo y la impartición de la gracia por medio de El en la Iglesia. Y así los Sacramentos también. Dependen de la autoridad de la Iglesia y la Iglesia depende de Jesucristo.

Cada año solíamos ver en el Seminario dos o tres tratados: p. ej., el tratado "De Verbo Incarnato" es el tratado sobre Jesucristo. "De Deo uno et trino" es el tratado sobre la Trinidad y "De Ecclesia"' es el tratado que sigue. Pero insisto en que no puedo dar todos, sino abarcar lo fundamental. Hoy tengo que hacer una disertación preliminar, para que se tenga la base de lo que vamos a ver en el año.

Me decían que si era muy difícil la Teología, cuando me pedían que fundase una Facultad de Teología, y yo respondía que no podía ser. Ni yo solo ni aunque contase con otros diez profesores. Tendría que comenzarse por una Facultad de Filosofía. Y también estudiar antes latín. Me decían: "bueno..., entonces enseñe catecismo". Y resulta que el catecismo es la Teología abreviada; es un resumen de la Teología, a veces para los niños chiquitos como el Catecismo Menor, o bien para la Segunda Enseñanza que es el Catecismo Mayor o de Perseverancia y otro para universitarios, que es el Catecismo más mayor todavía.

Entonces, hay Catecismos, como el que mandó publicar el Concilio de Trento por orden de Pío V, que es un catecismo grande, para los párrocos. Yo pensé que podría explicarles ese Catecismo, pero los salesianos que lo editaron hace unos 3 años, dicen que no queda un solo ejemplar. Pensé varias soluciones y no la encontré. Y me dijeron: ¿por qué no explica su Catecismo? Y resulta que mi Catecismo tiene muy poquito acerca de lo que tengo que decir. Sobre Jesucristo algo tiene, pero es muy poco para universitarios. Entonces decidí buscar mis cuadernos de Teología y sacar para el Curso todo lo que era acomodable. Y así fui preparando bastantes clases y completaré las restantes, que también son muchas.

Hay que decir lo que se presupone en las tesis de Teología. Se presupone, principalmente, la verdad divina de la Sagrada Escritura, porque las pruebas de las tesis teológicas comienzan por la prueba por la Escritura. Entonces se toman los versículos que prueban una tesis y así se tiene la prueba principal.

Después viene la prueba por la Tradición, la de los Santos Padres de la Iglesia, sobre todo los más antiguos. Y después viene la confirmación por la razón. Muchas tesis son conformes a la razón, y se puede dar el argumento congruo o de congruidad. Congruo significa conveniente, lo que conviene. Es decir, se demuestra que lo que la tesis quiso probar es conforme a la razón humana y congruo o conveniente con el bien de la humanidad. De manera que se supone que la Escritura dice la verdad y no cualquier verdad, sino la verdad de la Revelación. Eso ya se supone en el primer curso de Teología, antes de entrar a la Teología propiamente dicha.

Hay un primer año —entero— en que se ve el tratado llamado "De Revelación", en el cual se estudia la autoridad de la Sagrada Escritura. Y después se trata de Jesucristo como Mesías, es decir, Jesucristo como hombre (hombre Dios, desde luego) pero no se prueba, en esa etapa, que es Dios, sino simplemente el Mesías esperado por los Judíos, Esos son presupuestos de la Teología propiamente dicha. Se presupone que la Escritura dice la verdad divina y revelada. Ahora, ¿cómo sabemos eso? Lo sabemos porque Jesucristo lo dijo. El aceptó la creencia de los antiguos judíos de que los libros del Antiguo Testamento venían de Dios. El hizo su predicación y sus discípulos escribieron sobre su predicación: hicieron crónicas sobre la vida de Jesucristo. ¿No hay un círculo vicioso en decir que la Escritura prueba que era Dios y que Jesucristo prueba que la Escritura es divina? No hay tal, porque Jesucristo probó por sus obras que El era Dios y luego en la Escritura se confirmó que El lo era, sobre todo en las profecías que se cumplieron. Y de los profetas surge que Cristo era Dios, aunque eso del Verbo Encarnado, hasta que Jesucristo lo reveló, no se tenía muy en claro. Se sabía como entre brumas. Se tenían algunas sospechas. Pero hasta que Jesucristo dijo "Yo soy igual que el Padre", "El Padre y Yo somos una misma cosa", no se supo con toda claridad y eso, precisamente, es el fundamento de toda la religión cristiana.

De manera que si sabemos que la Escritura es divina por Jesucristo, si sabemos, hasta este punto, que El era Dios o por lo menos un enviado de Dios que no podía mentir, por las obras que hizo. El lo dijo muchas veces: "Operibus creditus" (Creed a las obras) si no queréis creerme a mi. Creed a las obras que el Padre está haciendo por medio mío. Varias veces apeló a sus obras. Vale decir, que su divinidad se prueba por su palabra y por sus obras, por todos los milagros que el Padre hizo por su intermedio, como resurrección de muertos, curación de enfermos, la caminata milagrosa, los panes milagrosos y todos los relatados en los Evangelios.

El milagro es el sello de Dios para revelar. Cristo tenía el sello de Dios acerca de su filiación divina, que es un misterio inmenso, que sin una prueba muy rigurosa no se puede creer. Es un gran misterio que, Dios se haya hecho hombre. También profecías que se cumplieron. La profecía es también una muestra del sello de Dios. Sólo El puede conocer el futuro contingente, el que puede acontecer o no, el que depende del libre albedrío de los hombres. Ni el diablo ni los Ángeles pueden conocerlo. ¿Entonces, cómo sabemos que la Escritura dice verdad? Por Jesucristo. ¿Cómo sabemos que los Evangelios, que son la Escritura hecha por Jesucristo (dictada podríamos decir) son verdaderos? Hay que probar que lo que dicen los Evangelios es verdad, ya que las obras con las que Cristo probó su divinidad están contadas por los Evangelios. Si acudimos como prueba a las obras tenemos que probar, primero de todo, que los Evangelios son verdaderos. ¿Por qué son verdaderos los Evangelios? Son verdaderos porque son libros históricos. Después, sobre esos libros históricos los Apóstoles dijeron que eran libros inspirados por Dios.

Pero de momento, cuando nacieron, eran libros históricos, pero muy históricos, con una verdad histórica como no la tiene ningún otro libro. Ni Tácito, ni Suetonio, ni Tito Livio tienen tanto apoyo como la historicidad de los Evangelios, porque la historicidad de los Evangelios está garantizada por miles de testigos. Y sabemos que Tito Livio dijo verdad acerca de Roma porque escribió estando en medio de los romanos y podían desmentirlo, por lo menos en los sucesos más próximos. Nadie lo desmintió. El se documentó con los viejos que conocían los sucesos antiguos y con las crónicas antiguas sin que nadie lo refutara.

De manera que tenemos a Tito Livio como un historiador verdadero. Los Evangelios están atestiguados por todos los habitantes de Palestina que oyeron a Cristo, en medio de los cuales los Apóstoles comenzaron después a recitar, a repetir los Evangelios y nadie los desmintió. Los primeros que los trataron de desmentir fueron los herejes que aparecieron en el Siglo II, cuando ya no había ningún Apóstol ni tampoco ningún contemporáneo de Jesucristo. Recién entonces, estos herejes comenzaron a negar el valor de los Evangelios. Y eso de negar el valor de los Evangelios es actualísimo, porque hoy tratan de hacerlo hasta vulgarmente, por parte de gente que no tiene ciencia ni autoridad para decir nada. Pero empezaron los racionalistas, sobre todo en Alemania y también en Francia un poco. Para ello los estudiaron y trataron de encontrar contradicciones entre un Evangelio y otro y contradicciones en un mismo Evangelio, o contradicciones con la razón, es decir, una cosa imposible contada por un evangelista.

Hicieron una obra inmensa de erudición de literatura exegética los llamados críticos o hipercríticos alemanes y apareció una verdadera escuela, que viene del protestantismo, naturalmente. Los Evangelios no fueron desmentidos cuando el desmentido valía. Ello era válido cuando vivían los Apóstoles y vivían los testigos coetáneos a Cristo. Entonces no se hizo ningún desmentido. Nadie, por mucho que odiara a Cristo, se atrevió a desmentirlo. Incluso no lo hicieron romanos como el filósofo Marco Aurelio, a quien no se le ocurrió decir que lo que contaban esos hombres era falso. Y esa es la razón que tenemos para creer en los Evangelios, que como vemos, son una verdad filosófica y no teológica. También lo es, por supuesto, pero que los Evangelios son libros históricos es una verdad filosófica y de ahí viene la necesidad de estudiar filosofía antes que teología, porque hay muchas verdades filosóficas que se apoyan en la naturaleza humana. De manera que para negar que las obras históricas acreditadas digan la verdad, hay que renegar de la naturaleza humana. Y eso se ha hecho también. Los escépticos niegan que se pueda saber algo con certeza. Escépticos los hubo desde antes de Cristo hasta nuestros días.

Los Escépticos niegan todo. "La razón humana no puede saber nada". Hay un libro que me regaló mi amigo Gamallo hace unos días, que se llama "Que nada se sabe" y es un libro antiguo, de un filósofo español del siglo XVI. No lo he podido leer todavía, pero se que no es un escéptico total, pero que niega las cosas de la ciencia de su tiempo. No sé si niega la religión, supongo que no. En ese tiempo no existía el ataque a la religión. "Que nada se sabe": eso es ser escéptico o agnóstico. Estos dicen que no se sabe nada acerca de Dios, aunque se puede saber de la ciencia humana. Pero los escépticos verdaderos, a donde tienen que ir a parar los agnósticos si se empeñan en probar su sistema, dicen que no se sabe nada, que no se puede probar nada de nada.

Aristóteles dice que con ellos hay que argüir con un palo. Y también San Agustín dio el argumento con que se puede rebatir a los escépticos o hacerlos callar por lo menos, que es éste: "No puedes dudar de que existes". Eso lo dice San Agustín. En tiempo de Santo Tomás no había escépticos prácticamente, pero después aparecieron otros. San Agustín, anteriormente, tuvo que luchar con unos escépticos muy refinados que se llamaron académicos; pertenecientes a la segunda academia (la primera era la de Platón). Explayó San Agustín el argumento de Aristóteles de que nadie puede negar la propia existencia. Porque si la niega, al hablar la afirma. Si vives, piensas, y si piensas puedes saber cosas. Este argumento también lo usó Descartes; igualmente Kirkegord. A los escépticos hay que acorralarlos con un palo y ese palo es preguntarles si no saben que existen y si ellos contestan que no saben si existen o no, entonces se acabó, ahí viene el palo.

De manera que, como ven, la Teología debe buscar sus raíces en la misma naturaleza humana. El peor de los escépticos, que debemos sufrir aún ahora, fue Kant.

Kant era un escéptico, porque ahondando en él se llega al escepticismo y él mismo partió de un escéptico que fue Hume. Pero lo sistematizó y lo utilizó de tal manera, que se hizo la cabeza de toda la filosofía alemana moderna

. Todos admiten el raciocinio del "Tratado de la razón pura", que en el fondo llega a escepticismo, porque Kant dice que nuestro entendimiento no puedo conocer las cosas sino que puede conocer solamente las apariencias, lo que él llamó fenómenos. Pero no puedo conocer los,"números" que son las cosas mismas.

Así que negó la validez de todas las ciencias, menos de las matemáticas y de la física, porque ellas no se basan en las apariencias sensibles de las cosas. Toman la cantidad y trabajan con abstracciones de la cantidad, especialmente la física moderna, que está toda cimentada en las matemáticas. Todas sus demostraciones y deducciones son matemáticas.

Esas cosas que cuentan los astrónomos de los astros y que nos parecen rarísimas a nosotros, a veces puede ser que sean simplemente teoremas o deducciones matemáticas revestidas de figuras, como decía Bergson. Este decía que muchos de los descubrimientos modernos no eran más que deducciones matemáticas revestidas de un disfraz colorido. Por ejemplo: que tal nebulosa está a dieciocho mil millones de años luz... y cosas así, que no tienen comprobación posible por los sentidos, son abstracciones matemáticas revestidas de color. En fin, esas dos ciencias, la física y la matemática, las admitía Kant como veraces, pero todo lo demás, no es veraz. La historia es apariencia, la filosofía es apariencia, la teología es apariencia, todo lo demás es apariencia.

Después de él surgen tres grandes filosofías escépticas en Alemania, que son las de Fichte, Schelling y Hegel.

A los filósofos modernos los llamamos modernos, pero son derivados de Hegel casi todos.

Algunos vuelven atrás y se basan en Kant y tenemos el neokantismo, como el de Nikolai Hartmann.

Neofichteismo no hay. Retroceden y enseñan a Kant en otra forma, con otras palabras. Así creció la filosofía moderna que está impregnada de escepticismo.

Hegel dice que el ser es lo mismo que el no ser. Sólo existe el devenir, que es el punto de partida de la filosofía. Es un escepticismo porque no hay nada seguro, todo evoluciona. El devenir significa lo que va viniendo. Lo que se hace no puede quedar fijo, siempre evoluciona. Todos los sistemas evolucionistas parten de la filosofía de Hegel, Y así todos los filósofos modernos.

El otro día hice una lista de todos los filósofos modernos para un artículo que me pidieron en La Gaceta de Tucumán, sobre la actualidad de Sto. Tomás de Aquino. Yo nombré a casi todos los filósofos modernos que son todos discípulos y los existencialistas.

Los Existencialistas son también discípulos de la Filosofía de Hegel culminando en Heidegger, en el cual se basa Sartre, quien escribió un libro grandísimo que se llama "El Ser y la Nada" haciendo una parodia de Martín Heidegger, que en el fondo es un libro de burla, pero parece que no. El asimiló el lenguaje de Heidegger y compuso un libro que es una burla de él. Hay tres cosas en el libro ése que son contradictorias en sí mismas, como lo pongo en mi libro "De Kirkegord a Sto. Tomas" y de esas contradicciones ha hecho esquemas, teorías y todas esas cosas.

Los antiguos decían que con lo absurdo se puede probar todo. Los griegos habían inventado una cantidad de juegos filosóficos que consistían en poner un absurdo y sacar de él una conclusión disparatadísima. Para poner un absurdo hay que poner una cosa que lo sea sólo en apariencia. Hay una demostración matemática jocosa en la que se demuestra que 2 es igual a 3, con un razonamiento aparentemente riguroso, pero se ha puesto un concepto absurdo en dicha demostración.

De modo que el devenir de Hegel continúa esparciendo el escepticismo en el mundo, por medio de sus epígonos o por él mismo, aunque hoy día no se estudia mucho porque es sumamente difícil y ha sido refutado. Pero los que asimilan a Hegel en parte o en todo, como estos franceses que hay ahora, estos dos filósofos franceses Luis Lavelle y Rene Lesenne hoy vigentes, que son hegelianos en el fondo.

Yo he tenido la paciencia de leerlos, no todos, porque cuando encontré el sofisma en ellos, los dejé. Son hegelianos modernos.

En el artículo que escribí para La Gaceta de Tucumán, puse una cosa atrevida, que a mí se me ocurrió estudiando a Kirkegord; es la siguiente: Kirkegord refutó a Hegel de mil maneras. Refutó toda su obra con la burla, con el raciocinio, con el sentido común, porque él había sido educado en Hegel y tenía que libertarse de él, de lo que tenía adentro.

Hegel dijo de sí mismo que era seguidor de Aristóteles, un segundo Aristóteles. El historiador de la filosofía idealista, Fischer, dijo que en Hegel culminaba toda la filosofía y Hegel fue refutado por Kirkegord; no hay más filosofía, no va a haber más filosofía.

Va a haber epígonos o seguidores. Habrá seguidores de Sto. Tomás por un lado y de Hegel por otro. Hegel está echado a un lado y Sto. Tomás permanece, pero no lo estudian, aunque ahora empiezan a estudiarlo más. De manera que escribí que no iba a haber más filosofía en el mundo, lo que disgustó mucho a una estudiante de filosofía y letras que escribió un artículo en La Gaceta contra mí, diciendo que yo no podía decir eso. Es claro que esto hay que entenderlo, se puede estudiar filosofía, se puede estudiar la historia de la filosofía e incluso se puede estudiar a Hegel y refutarlo, como hacía el profesor Adolfo Muñoz Alonso en su revista "Crisis", que él dirigía, en la que continuamente está escribiendo sobre Hegel.

Profesores de filosofía van a existir siempre. Filósofos es otra cosa. El profesor expone a un filósofo o lo resume. Por eso Kirkegord tenía tanto odio a los profesores de filosofía; tenía un odio mortal a la misma palabra profesor. Los profesores en Dinamarca enseñaban solamente a Hegel y Lutero.

El primero en filosofía y el segundo en religión. Kirkegord absorbió todo eso y luego tuvo que liberarse y lo hizo escribiendo muchos libros que son pintorescos y hasta chuscos, pero está girando siempre sobre esos dos grandes enemigos, sobre esas dos grandes cargas que tiene el alma y que lo han oprimido.

En resumen:

He hablado de la extensión de la ciencia teológica, que es de una extensión enorme y por eso es difícil. La enseñan en 7 años en total, más 5 de latín enderezado a la filosofía, porque leen a Cicerón que era medio filósofo y a Virgilio que sabía mucho de filosofía. Por eso la Iglesia ha instituido esos estudios tan largos y tan difíciles, que ahora se están arruinando bastante. Porque se necesitan hombres muy doctos para enseñar esas cosas y se necesitan discípulos muy aplicados y capaces.

La base de lo expuesto es: ¿Por qué Jesucristo es Dios? Por la Escritura. ¿Por qué la Escritura es divina? Porque Cristo lo dijo. ¿Cómo tenía Cristo autoridad para decirlo? Porque El con sus obras probó que era Dios, sin contar con la Escritura.

La Escritura viene después, o al mismo tiempo, a corroborar lo que El decía. El, lo que decía lo basaba en la Escritura antigua, de manera que no hay un círculo vicioso. No lo hemos oído a El directamente, no hemos visto sus obras, somos los testigos vigésimos o

centésimos de El y los testigos directos no fueron más aventajados que nosotros, porque muchos no creyeron aun viendo sus obras e incluso los Apóstoles dudaron. "¡Dichosos los que vieron y creyeron!"

Las Escrituras son veraces porque son libros históricos, los más históricos de todos, probablemente. De los 4 evangelistas, 3 murieron mártires y San Juan casi lo fue también, pero se salvó.

Pascal, del que nos quedaron sus "Pensamientos" solamente, dijo: "Creo solamente en testigos que se dejan matar". Y esta es una prueba de la autenticidad de los Evangelios. Si los primeros apóstoles hubieran dudado que los Evangelios eran verdad, no hubieran tenido fuerza para mantener su fe aún a costa de dejarse matar. Creían con toda seguridad que esa era la palabra de Dios. Después viene la confianza en la naturaleza humana porque los escépticos no tienen confianza en la naturaleza humana, San Agustín dice: "Si existes, piensas y si piensas, puedes saber cosas". Este es el único argumento que hay.

Por lo tanto, es necesario confiar en la naturaleza humana, tener naturaleza humana, cosa que los escépticos parece que no la tuvieran. De modo que hoy día hay una gran cantidad de herejías, como veremos en las clases, porque antes de cada tesis, en Teología, se habla de los adversarios, se expone la tesis y luego se refuta a aquellos. Así se manejaba Sto. Tomás.

CRISTO ES VERDADERO DIOS

La tesis que puse en primer lugar se llama "Cristo es verdadero Dios", pero previamente debe estudiarse un tratado que se llama "De Revelación" donde se sientan las bases de todo lo que se afirma después en la dogmática. En esta se prueba cada tesis con tres fuentes: la Escritura, la Tradición y la razón humana. La razón humana casi nunca tiene nada que decir más que no entiende las otras fuentes. La Escritura es divina porque Cristo mismo lo dijo: que es la palabra de Dios. La Tradición son los escritos de los Santos Padres, especialmente los más antiguos, que representan la tradición apostólica trasmitida de acuerdo con las definiciones de los Sumos Pontífices y los Concilios. ¿Quiere decir que todos los Santos Padres son infalibles y que todo lo que dijeron es absolutamente cierto? No. Y algunos se han equivocado; poco, pero lo han hecho.

Lo que es infalible es la unanimidad de los Santos Padres, cuando todos afirman una misma cosa. Será infalible lo que digan —según lo expresado por San Vicente de Lerins: "Lo que siempre, lo que en todas partes, lo que por todos fue creído". Así, hay cosas que no están en las Sagradas Escrituras y que han sido definidas como dogmas por los Papas, como, por ejemplo, la Asunción en cuerpo y alma a los cielos de la Santísima Virgen o su Inmaculada Concepción. Así tampoco el Reinado o Reyecía de Cristo definida por Pío XI, que no está explícitamente, aunque Cristo le dijo a Pilatos "Yo soy Rey", pero su Reyecía universal no está.

El dogma fundamental de nuestra fe es el desarrollado en el tratado "De Cristo", de esa verdad dependen todos los otros. De eso se desprende inmediatamente el de la Trinidad, por cuanto Cristo trató a su Padre como persona diferente; hablaba de El y de su Padre y luego habló también como persona diferente del Espíritu Santo.

Desde los primeros tiempos de la Iglesia, surgió un verdadero enjambre de herejías sobre la divinidad de Cristo. Herejías son separación de la Iglesia en un dogma, no rechazo de todas las verdades de la Iglesia. Herejía suele ser negar un dogma, aferrándose a tal negación y aceptando, defendiendo o callando sobre los demás. Hereje quiere decir separado o desgarrado. Aquí, entre nosotros, la palabra "hereje" significa una cosa tremenda; una cosa atroz: un hombre cruel, feroz, peor que un ladrón o un asesino. Y tienen razón. Santo Tomás los compara a los monederos falsos y dice que se les puede dar muerte.

El fue el primero que justificó la muerte de los herejes, práctica que había comenzado mucho tiempo antes. El primer hereje que fue muerto por tal fue un tal Prisciliano y murió por orden de un rey de Francia: Augusto Máximo. Era un hereje español que justamente negaba la divinidad de Cristo y que había escapado de su país con dos mujeres bastante locas o locas del todo, que se decían profetisas. Santo Tomás fue el primero que razonó sobre la justicia de esa pena, pena que hoy naturalmente ha desaparecido. Pobres de nosotros si hoy estuviéramos amenazados por esa pena: la mitad de los argentinos se irían al cadalso.

Los herejes eran peor que los monederos falsos, ya que si éstos falsificaban moneda y no parecía mal que se los matase, los herejes falsificaban la verdadera doctrina. La cantidad de herejías cristológicas es inmensa y sería de nunca acabar el solo enumerarlas. Después vienen las herejías trinitarias, que son muchas también.

En la enseñanza actual de la Teología se comienza por explicar los "términos". A veces no necesitan explicación alguna sus palabras, como en la tesis de hoy "Cristo es verdadero Dios", no hay ninguna palabra desconocida en esto. Después viene la mención de los adversarios, luego viene la prueba de la Escritura y de la Tradición y después la respuesta a las objeciones, o sea la respuesta a los argumentos de los adversarios que se han mencionado al principio. Así, tenemos contra este misterio grandísimo una gran cantidad de herejías porque oprimía la razón humana, la cautivaba, como dice San Pablo: "Cautivos del intelecto en honor de Dios" y al mismo tiempo libertaba la razón humana porque le daba un campo vastísimo en qué moverse, que era el campo de las cosas divinas, reveladas por Dios. Muchísimos no se resignaron a creer lo que no entendían.

La primera herejía fue la de los nicolaítas, que no negaban la divinidad de Cristo, pero introducían prácticas paganas en el culto divino y se atribuyó al diácono Nicolás o Nicolao, elegido por San Pedro para ayudar a las viudas. "Nosotros no podemos estar en esto —dijo San Pedro— sino en predicar y bautizar" y nombró siete hombres llamados diáconos, de donde viene el diácono actual, que ha pasado a ser una orden mayor de la Iglesia. Las viudas judías se peleaban con las viudas gentiles. "Yo soy cristiana" —decía cada una de ellas— "pero soy cristiana especial" agregaban. Entonces los diáconos se encargaron de repartirles los socorros y estas viudas se peleaban por ellos.

A los viudos no se les daba nada. Era una especie de caridad hecha con el tesoro común de la Iglesia, en el que se acumularon, desde entonces, muchos bienes, y se los administraba haciendo caridad. Este Nicolao no se sabe bien lo que enseñó, pero es nombrado tres veces en la Escritura —en el Apokalypsis— como una herejía funesta que se había propinado por tres de las iglesias y menciona a los nicolaítas como hombres de mala moral y de mala doctrina también, pero no se dice en qué. Probablemente, lo que hacían era vaciar todos los dogmas, rebajándolos a un plano terreno. Es decir, falsificar en el espíritu todos los dogmas sin negar la letra de ninguno, que es precisamente la herejía que hay hoy día: el modernismo.

Los modernistas no niegan la letra de ninguno de los dogmas; dicen que Cristo es Dios, que la Iglesia es verdadera, que creen en la Gracia y que los Sacramentos son válidos, pero lo vacían todo dándoles un significado humano; son como signos de la grandeza del hombre, de la divinidad del hombre, es decir, una tentación de humanizarlo todo, que fue la tentación más grande en toda la vida de la Iglesia y que será también la gran herejía del Anticristo, que va a implantar la adoración del hombre, de las obras del hombre y se va a hacer adorar él mismo como Dios, según está revelado por San Pablo.

Después de ella vienen las herejías propiamente cristológicas: los Hebionitas, que fueron herejes judaicos que negaban la divinidad de Cristo de la misma manera que los judíos, que decían fue un impostor. Porque la manera de negar la divinidad de Cristo es de dos formas: unos dicen que simplemente mintió, que hizo comedias, y otros dicen que fue un gran hombre, el mejor y el mayor de todos ellos, mayor que los Ángeles inclusive, pero que fue una criatura creada por Dios. Esto es lo que dice Arrio y también muchísimos otros, como en nuestros días el apóstata Renán, quien hizo una vida de El, donde le prodiga toda clase de alabanzas con tal de negar que es Dios. Los hebionitas decían que Cristo era un impostor y preocupó muchísimo a la primitiva Iglesia.

San Juan escribió su Evangelio, precisamente para combatir a los Hebionistas. Hebionistas significa "los pobres" en hebreo. Por lo tanto, esta herejía trajo un gran bien, pues gracias a ella tenemos el Evangelio de San Juan, que es el mejor de todos los Evangelios y dicen que es el mejor de todos los libros que se han escrito en este mundo: hermosísimo por el estilo, la elocuencia, la gracia, el dramatismo con que cuenta la vida de Cristo. El principal de los hebionistas fue un judío llamado Cerintos o Kerintos, de origen griego, y después vienen otros muchos negadores de la divinidad de Cristo, de pequeño vuelo, diríamos, que son los precursores de Arrio, quien es el negador grande.

Esta herejía se extendió muchísimo durante cinco siglos y aún ahora hay arrianos, porque la mayor parte de los protestantes son arrianos o nestorianos, ya que niegan la divinidad de Cristo diciendo que fue un gran hombre y que llegó un momento en que el Espíritu Santo descendió y se aposentó sobre él y entonces fue un hombre asistido o consagrado o investido por Dios y eso es lo que dijo Nestorio, un arriano importante, que fue Arzobispo de Constantinopla, el cual renovó la herejía arriana cuando Arrio fue condenado por el Concilio de Nicea y cuya condenación rezamos nosotros en el Credo de Nicea: "Dios de Dios, luz verdadera de luz verdadera".

Arrio, lo mismo que Nestorio, era un cura de Alejandría que tenía una parroquia importante, que tenían una vida regular, austera, por lo menos en lo exterior, en lo que se veía, porque muchos herejes, la mayoría de ellos, fueron disolutos. Citan a Arrio Nestorio y Calvino como los tres herejes que tuvieron una vida sin escándalos —que sepamos— pero de Calvino no se puede decir que haya tenido una vida honrada porque fue tremendamente cruel; quería implantar un régimen implacable. Arrio dijo que Jesús era una criatura creada por Dios, superior a todos los hombres y a todos los Santos y a todo lo creado, pero criatura al fin y no una misma cosa con el Padre. Entonces propagó muchísimo su doctrina, hasta que los mahometanos la acabaron en el Africa y Asia, sufriendo muchas modificaciones a través de los siglos: los semiarrianos, que inventaron una palabra: homoiusius, que significa "semejante a Dios" Decían que Jesucristo era homoiusius y no homoisius, que significa de la misma naturaleza o substancia (usia = substancia) y estos herejes no dijeron de la misma substancia, sino de substancia semejante. También fueron condenados por diversos Concilios, hasta que el de Efeso condenó definitivamente a Nestorio, quien propagaba su error diciendo: "Jesucristo fue hijo de María pero no hijo de Dios".

María no era Madre de Dios, sino de Jesús. Eso era separar en Cristo las dos naturalezas, la humana y la divina, de manera que cayó en el arrianismo, lo mismo que los otros.

Esusebio de Nicomedia, escribió una gran Historia de la Iglesia (la primera), que es enteramente correcta, pero él era particularmente arriano y participó de varias reuniones o congresos arríanos. Arrio vivió 80 años y murió porque una vieja le tiró una teja desde una azotea y lo mató. Han contado diversas cosas degradantes sobre su muerte, pero la verdadera causa, que está en el martirologio romano, fue esa. Las vicisitudes de la herejía arriana están resumidas en un libro de Belloc "Las grandes herejías", donde estudia cinco herejías importantes, siendo la primera la arriana, que es la que duró más después del protestantismo que dura hasta ahora, o sea seis siglos, aunque no sé si ahora realmente existe porque está tremendamente dividido en sectas.

El hijo de Constantino, Constancio, protegió la herejía nombrando obispos arríanos y persiguiendo y martirizando a los católicos. Era un hombre débil y vanidoso, dicen las historias, y la propagó sobre todo en el ejército romano y este ejército la propagaba, a su vez, en las nuevas tierras conquistadas y era fácilmente aceptada por los bárbaros porque preferían el cristianismo a los disparates mitológicos de los celtas.

Es decir, que se convirtieron al catolicismo pero mal; eran cristianos nuevos, como dicen los españoles de los judíos recién convertidos al cristianismo. De manera que como el arrianismo era más fácil de creer (que Cristo era un hombre excelso pero no Dios) se convirtieron a él, como el rey de España Leovigilio, que tuvo un hijo católico a quien hizo decapitar: San Hermenegildo.

Y después Recaredo, su otro hijo, se convirtió a la fe verdadera y convirtió a toda España. Todavía se celebra en España con una fiesta la conversión de Recaredo. Incluso se dijo que un Papa, Liberio, había convenido con los arrianos, que se había hecho arriano, lo que fue falso; fue débil en reprimirlos y dijo palabras equívocas que lo comprometieron para la posteridad. Lo mismo se dijo del Papa Honorio, a quien se menciona tanto para negar la infalibilidad pontificia, de quien dicen que cayó en la herejía de los monoteletas, que es igualmente una herejía arriana. Monoteletas quiere decir: una sola voluntad; que en Cristo había una sola voluntad. Los monofisitas decían que en Cristo había una sola naturaleza, lo cual también era una manera oculta de negar su divinidad, para esquivar condenaciones de la Iglesia.

Los reinos arrianos tuvieron que ser convertidos uno por uno, con mucho trabajo.

San Jerónimo dice que en un momento dado el mundo se despertó y se espantó de verse arriano.

Fueron combatidos por el famoso obispo católico ortodoxo de Alejandría, San Atanasio, que pasó una vida notabilísima, llena de peripecias y de tretas para librarse de la persecución de los arrianos. El defendió la noción de Cristo como verdadero Dios durante muchísimo tiempo, hasta que vino el Concilio de Nicea y le dió la razón.

Después, el arrianismo muere en la Edad Media, manteniéndose oculto bajo otras denominaciones y resurge en el Renacimiento con el protestantismo, con los hermanos Socino, que negaban la divinidad de Cristo y tuvieron que huir de Italia y fueron a Suiza y Flandes y propagaron la herejía muy eficazmente, incluso en el sur de Alemania. Hoy día los racionalistas sostienen igual herejía, de los cuales el más conocido es Renán, pero que tuvo muchos precursores, sobre todo los racionalistas críticos en Alemania, que se apoyan especialmente en el Evangelio.

La mayoría de los protestantes, menos los anglicanos, son en realidad nestorianos, separando la persona de Cristo de la de Dios, diciendo que el primero fue un gran hombre, un hombre excelso, lleno del Espíritu Santo, pero no Dios.

Yo una vez entré en una iglesia del sur de Londres, que tenía confesionarios, imágenes de la Virgen y era igual que una iglesia católica e incluso vendían libros de Martindale, un jesuita inglés; pero luego me dijeron que era una iglesia anglicana. Un jefe anglicano, Lord Halifax, quiso unir el anglicanismo con la Iglesia Católica. Pero no pudo. Ellos tienen solamente dos cosas que los separan: una que no obedecen al Papa; un inglés no puede obedecer a un italiano. La otra es el celibato eclesiástico. De manera que el Cardenal Mercier se juntó con Lord Halifax y éste proponía que nombrase un patriarca inglés que fuese como un segundo Papa, como un VicePapa y que no estuviese muy sometido a Roma y segundo, que se suprimiese el celibato eclesiástico.

La Iglesia no quiso y supongo que no pudo acceder a ello. El anglicanismo es la iglesia oficial de Inglaterra cuyo papa es la Reina, porque es una iglesia nacional. Las dos cosas que pedía, Roma las podía hacer; de suyo son posibles. Nombrar un patriarca de Inglaterra es posible. Antes, todas las regiones de la cristiandad estaban gobernadas por patriarcas que podían casi tanto como el Papa. La Iglesia era federal entonces; ahora es unitaria o centralista, gobernada desde Roma. Todavía el patriarca de Toledo tiene el título de patriarca de las Indias, que si fuera de los indios sería patriarca nuestro. Y la otra petición también podía ser concedida, pero por ahora parece que no ha llegado el tiempo.

Se prueba que Jesucristo es Dios por la Escritura. Lo primero que hay que citar es el famoso prólogo del Evangelio de San Juan hecho contra los hebionitas, que proclama solemnemente la divinidad de Cristo de dos o tres maneras, en forma sublime. Esa prueba bastaría, pero hay muchísimos otros textos de la Escritura, tanto en los Evangelios como en San Pablo, donde se proclama la divinidad de Cristo.

"En el principio era el Verbo y el Verbo era cabe Dios y el Verbo era Dios. El estba en el principio en Dios y por El se han hecho todas las cosas y sin El no ha sido hecha cosa alguna de cuantas han sido hechas. En El estaba la Vida y la Vida era la luz de los hombres. Y esta luz resplandece en medio de las tinieblas y las tinieblas no la han recibido. Hubo un hombre enviado de Dios que se llamaba Juan. Este vino como testigo para dar testimonio de la luz a fin de que por medio de él todos creyesen. No era él la luz, sino enviado para dar testimonio de la luz. El Verbo era la luz verdadera que ilumina a todo hombre que viene a este mundo. En el mundo estaba y el mundo fue por El hecho y con todo el mundo no lo conoció. Vino a su propia casa y no fue recibido. Los suyos no lo recibieron. Pero todos los que lo recibieron, que son los que creen en su nombre, pueden llegar a ser hijos de Dios, los cuales no nacen de la sangre ni de la voluntad de la carne ni del querer del hombre, sino que nacen del poder de Dios por la gracia. Y por eso el Verbo se hizo carne".

Otra afirmación: "El Verbo de Dios, que es Dios, se hizo hombre y habitó entre nosotros y hemos visto su gloria, gloria como del Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad".

Es el prólogo del Evangelio de San Juan donde afirma solamente la divinidad de Cristo, contra los primeros herejes hebionitas.

En la Epístola a los Romanos (816) "El Evangelio —dice San Pablo— es virtud de Dios", San Marcos, (121) La parábola del hijo único. Los viñadores que mataban a los enviados del padre de familia, hasta que el padre dijo les enviaría a su hijo diciendo que a él no lo matarían y se los envió y lo mataron. Es una parábola que se refiere a la Encarnación de Cristo y a su Pasión. San Lucas: "¿Pero tú eres el hijo de Dios? —le preguntaban los judíos en el juicio que le hizo Caifás y El dijo: "Sí, soy el Hijo de Dios". En Mateo (11) "Nadie conoce al Hijo sino el Padre y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo quiera revelarlo". De manera que se refiere a un conocimiento especial, a un conocimiento consustancial; son los dos la misma sustancia; la misma naturaleza.

Mateo (2) El milagro del paralítico: "Perdonados te son tus pecados". Y los judíos le dicen ¿Quién puede perdonar los pecados sino solo Dios?". Y Cristo les respondió: "Para que veáis que Yo tengo en la tierra poder para perdonar los pecados: Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa". Hizo el milagro para demostrar que tenía poder para perdonar pecados, sin negar que el único que tenía poder para perdonar pecados era Dios. San Juan: "Mi Padre obra y Yo obro juntamente con El". Es decir que la acción divina es común al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, cuando obran "adextra", como dicen los teólogos. Y San Juan (10): "Somos una misma cosa". Esa es la afirmación más rotunda que hay en el Evangelio. En latín significa "UNO", más que "LA MISMA COSA". Filipenses II: "Jesucristo, teniendo la naturaleza de Dios, tomó la figura de un siervo".

Y hay que notar que Jesucristo en su vida no manifestó el poder que tenía como Hijo de Dios sino que todo lo que hizo: resucitar muertos, curar enfermos, calmar una tempestad y todos los demás milagros, son obras que han hecho los taumaturgos antes de Cristo; y después de Cristo los Apóstoles y Santos de la Iglesia, Elías resucitó a un muerto, San Pedro resucitó a una muerta. De manera que Cristo no demostró por los milagros que era Dios, sino que era un taumaturgo.

Los taumaturgos son santos que tienen el poder de hacer milagros. Se podría decir que una vez usó el poder divino, cuando dió a los Apóstoles la comunión, multiplicado su cuerpo en doce pedazos de pan. Esto no lo hizo ningún taumaturgo ni lo podrá hacer. Los taumaturgos; a veces se bilocan, aparecen en dos partes diferentes, pero no en doce. Pero tampoco fue el poder divino el que usó Cristo allí porque resulta que Dios está fuera del espacio, los ángeles también y el alma misma nuestra tampoco está en el espacio. De modo que lo que hizo Cristo en la primera comunión de los Apóstoles no sobrepasa el poder de los espíritus, no es el poder de Dios.

Por lo tanto, Cristo tomó la figura de siervo y se mantuvo dentro de ella durante toda la vida, hasta la Resurrección. La Resurrección fue una muestra del poder de Dios. Ningún taumaturgo puede resucitarse a sí mismo. Allí se mostró a los Apóstoles con cualidades divinas.

Propiedades del cuerpo glorificado.

Epístola a los Hebreos: todo el capítulo I es una afirmación de San Pablo de que Cristo es verdadero Dios. Romanos (9) "Los romanos tropezaron en Jesús, que se les volvió piedra de tropiezo, siendo así que era verdadero Dios". Estas serían las pruebas de la Escritura sobre la divinidad de Cristo.

Después viene la prueba de la Tradición. Todos los Padres de la Iglesia afirman la divinidad de Cristo. Los que valen más son los Padres antenicenos, porque después del Concilio de Nicea, que había definido la divinidad de Cristo no tenía gracia afirmarlo, porque debían sostener lo que el Concilio había dicho. Por ejemplo, San Ignacio Obispo y mártir, el Pastor Hermas, y en todos los demás documentos antiquísimos de la cristiandad de los siglos I y II, está sostenida la divinidad de Cristo sin ninguna duda y con enorme unanimidad.

Las objeciones que se pueden decir a estas tesis serían éstas: En Marcos (Cap. 1018) Cristo dice; "Nadie es bueno sino Dios". Un joven le dijo: "Maestro bueno; ¿que tengo que hacer para salvarme?" y El le contestó: "¿Por qué me llamas bueno? Nadie hay bueno sino Dios". De manera que parecería que ha negado que El era Dios. Si no, estaba bien lo que le había dicho el joven. Pero El lo hizo para corregir a uno que estaba equivocado, que lo tenía como un hombre bueno y para llevarlo a la verdad le dijo: "Nadie es bueno sino Dios". Es decir, "Yo soy bueno en cuanto soy Dios", pero el otro no creía todavía que El era Dios. En Juan (cap. 10) "En vuestra Ley tenéis —les dijo a los judíos— que sois dioses, entonces, por qué decís que Yo blasfemo porque digo que soy Hijo de Dios?'. Los judíos le achacaban esa palabra de "hijo de Dios" y entonces El esquivó el reproche y les dijo: "Acaso vosotros no os hacéis llamar en la Ley hijos de Dios?". Pero El no negó que fuera Hijo de Dios de una manera enteramente diferente a lo que somos nosotros.

Otra objeción la veremos en la tesis tercera. Es la siguiente: Cómo, de dos cosas completas pudo haberse hecho una. Muchísimos herejes tropezaron allí. Negaban que pudiera ser que dos cosas perfectas formasen una cosa en sí. Porque hay un principio escolástico que proviene de Aristóteles que dice: Que de dos cosas completas no se puede hacer una cosa en sí. Y es claro, eso salta a la vista. Una de las dos cosas tiene que perder algo para unirse a la otra. Se pueden yuxtaponer pero de ningún modo unir.

Esta objeción dio muchísimo que hacer. Los herejes decían, entonces, que no podía ser que la naturaleza humana de Cristo estuviera completa. Que ésta no había perdido nada, pero que la humana sí. Unos decían que había perdido el alma. Que Cristo tenía cuerpo pero no alma. Que su cuerpo era la apariencia en la cual andaba Dios metido. Una apariencia, porque un cuerpo sin alma no es un hombre. Incluso los teólogos en nuestros días —por ejemplo Suárez, se preguntan ¿Qué perdió la humanidad de Cristo para poder unirse a la divinidad en forma sustancial?; consustancial, como dijo San Atanasio, inventando esta palabra contra los arrianos.

También decían en griego que Cristo se unió hipostáticamente al Verbo. Hipóstasis significa "sustancia".

Es difícil encontrar qué es lo que perdió la humanidad de Cristo, si es que perdió algo, para unirse al Verbo, siendo que Cristo no se hizo hombre perdiendo algo como tal, sino manteniendo la humanidad completa. Y el Verbo no puede perder nada. De manera que ¿cómo se unieron esas dos cosas completas "per se", no accidentalmente, sino sustancialmente? Es una objeción difícil a la unión hipostática, que solventaremos en la tesis tercera.

CRISTO ES VERDADERO DIOS SEGUNDA PARTE

En esta clase voy a completar la anterior porque dejé dos cosas por decir: una es la tradición a favor de la divinidad de Cristo; es decir, yo nombré a unos cuantos de los Santos Padres; todos los Santos Padres han escrito sobre la divinidad de Cristo. Cómo no van a hablar si es el dogma central del cristianismo. También enumeré los adversarios de aquel tiempo: Arrio y Nestorio, pero no estamos en esos tiempos sino en los de Bernard Shaw, Renán y Albert Schwaitzer, que son los que vamos a encontrar en la vida, como yo los he encontrado. Estos modernos no hacen más que repetir las herejías antiguas, no dicen nada nuevo porque no puede decirse nada nuevo.

Los herejes fueron tantos que ni siquiera los historiadores conocen a todos.

En seguida que once rústicos pescadores se desparramaron por el mundo a decir lo mismo que estamos diciendo acá: Jesucristo es verdadero Dios, comenzaron a surgir las herejías, no tenían otra novedad para el mundo, contaban lo que habían visto. Entonces, como un incendio hubo en el mundo porque la gente no creía lo mismo que ellos, que era un misterio dificilísimo de creer, con predicadores a granel, se había extendido muchísimo y todo el Imperio Romano, que en ese entonces era todo el mundo conocido o por lo menos civilizado, había escuchado la palabra de algún Apóstol y se habían hecho muchísimos cristianos, de tal manera que Tertuliano decía: "Somos de ayer y ya llenamos el mundo". San Pablo dice a los romanos: "Nuestra fe ha sido anunciada al universo mundo". Para ellos, todo el mundo era el Imperio Romano, comprendiendo la España y la Inglaterra, hasta donde habían llegado también los Apóstoles.

De la prueba por la Escritura ya he leído varios textos. Los principales son: el texto de San Pablo y el prólogo de San Juan, donde tres veces dice que Cristo es el Hijo de Dios Encarnado.

Y San Pablo dice: "El cual siendo de condición divina no estimó ser fraude decir que era igual a Dios". Se anonadó a Sí mismo, tomando la condición de siervo, haciéndose semejante a los hombres, apareciendo en su porte como hombre se humilló a Sí mismo. San Pablo dice que Jesucristo "se vació". Utilizó la palabra "kenosis" que ahora utilizan los teólogos; "vació la divinidad".

Porque como les dije en la otra clase no aparece el poder de Dios en Jesucristo, aparecen las propiedades de un taumaturgo, que habían aparecido antes en Elias y después en San Pedro y otros. Hubo varios taumaturgos que tuvieron el poder de hacer milagros. Pero el poder de Dios no lo mostró, la divinidad de Dios se esconde, dice San Ignacio de Loyola en los Ejercicios.

Y San Pablo dice más: que se vació de la divinidad, siendo hijo de Dios, que creyeran en las obras que El hacía, realizando milagros, pero no mostró el poder de Dios mientras fue hombre. Hasta después de su muerte no apareció el poder de Dios. Después de muerto, sí, en la Resurrección.

Todos los Santos Padres atestiguan la divinidad de Cristo.

Los santos que ha habido en los veinte siglos de la Cristiandad, que son innumerables, también lo atestiguan. Y todos nosotros lo atestiguamos; cerca de 1.200 millones de hombres, porque el que cree atestigua a Cristo; El que cree en la divinidad de Cristo atestigua de ello.

Fíjense que El dijo que era lo principal que tenía que hacer el hombre sobre la tierra: reconocerlo a El. "El que me reconozca delante de los hombres Yo lo reconoceré delante del Padre Celestial".

Es decir que la salvación del hombre está ligada a que reconozca a Cristo como Hijo de Dios. Aquella cifra es contando a los protestantes, los católicos solos somos 900 millones. Pero no hay que fiarse mucho de los números, porque sabemos que esos 900 millones de hombres llegará un día en que serán solamente un puñado de hombres, porque cuando vuelva el Hijo del Hombre ¿Creéis que encontrará fe sobre la tierra?", porque fe habrá, aunque sean pocos y perseguidos, en los últimos tiempos.

Pero la fe en este sentido, significa la fe organizada, es decir, la Iglesia. La Iglesia —dice el teólogo Domingo Sotó— "será quitada del medio". Ese tiempo no se si está cerca o lejos.

El más interesante testigo de la tradición fue San Ignacio, Obispo de Antioquía y Mártir, que lo llevaron desde Antioquía, a Roma en un viaje a pie durante muchísimos días, parándose en las principales ciudades del camino y ahí lo llevaban diez leopardos —dice él en una carta— es decir, atado a las muñecas de un soldado romano diferente cada día, como hacen hoy día con los presos.

Lo martirizó el "pío" Emperador Trajano, que dirigió la tercera persecución a los cristianos. "Aquí nació aquel rayo de la guerra, gran padre de la patria, honor de España, pío felice triunfador Trajano. Ante quien muda se postró la tierra que ve del sol la cuna y la que baña el mar también vencido lusitano . . .", etc. El poeta es un adulador, le llama pío a Trajano que fue uno de los emperadores más crueles que ha habido. Después de Nerón, creo que ha sido el emperador romano más cruel.

La tercera persecución fue terrible. Cuando subió a Emperador, cuando se recibió de Emperador como diríamos nosotros; ellos decían cuando lo levantaron sobre sus escudos los legionarios. . . Porque los legionarios, en aquel tiempo, eran los que hacían los emperadores, no los caudillejos políticos como entre nosotros. Los votos no eran, eran las armas las que elegían los emperadores; era un imperio militar y no civil.

El "pío" Trajano, cuando se recibió de emperador, hizo matar diez mil cristianos traídos de Dalmacia; limpió la Dalmacia de cristianos.

En los dientes de once mil fieras que hizo traer de los confines del Imperio: tigres, leones, osos, hienas, lobos. Hoy día no se podría hacer eso de traer en jaulas once mil fieras; no lo podría hacer ni Onassis pues supone un gasto enorme, lo que da idea del tremendo poderío del Imperio Romano en ese tiempo. Ya habían comenzado el "pan y circo". Eso había que darle al pueblo y él les dió el circo y el espectáculo principal era el de ver a cristianos destrozados por las fieras.

Ignacio de Antioquía fue uno de los mártires a quien martirizaron a principios del siglo II (año 106). Predicó —era muy viejo cuando lo mataron— durante el siglo I en Antioquía. En el camino iban parando los soldados para hacer noche en las ciudades principales y se amontonaban los cristianos para verlo porque tenía gran fama, a pedirle la bendición, que les dijese algo, que les curase los enfermos. Escribió siete cartas maravillosas. Leeré un trozo de la carta II a los magnesios:

"Por consiguiente, del modo como el Señor nada hizo sin contar con su Padre, hecho como estaba una cosa con El, nada ni por Sí mismo ni por sus Apóstoles, así tampoco vosotros nada haréis sin contar con vuestro Obispo y los Ancianos (o sea los presbíteros). Corred todos a uno como a un solo templo de Dios, como a un solo altar, como a un solo Jesucristo, que procede de un solo Padre." En todas las cartas da testimonio de la divinidad de Jesucristo. En la más larga (cuarta a los romanos) dice: "Digo a todas las Iglesias que yo estoy pronto a morir por Dios de buena gana. . ., yo os lo suplico, no muestren para conmigo una benevolencia malquista.

Permitidme ser pasto de las fieras para alcanzar a Dios. Trigo soy de Dios y en los dientes de los leones he de ser molido a fin de ser presentado como limpio pan a Jesucristo". "Halagad más bien a las fieras para que sean sepulcro mío y no dejen ni rastros de mi cuerpo; con lo cual, después de mi muerte, no seré molesto a nadie. Desde Siria a Roma yo vengo luchando con las fieras atado a diez leopardos; hago votos para que los leones del anfiteatro sean veloces conmigo. Yo mismo los azuzaré. (No es lícito azuzarlos, pero es una manera de decir el ansia que tenía de martirio).

Y no como a algunos que no osaron tocar".

A algunos cristianos no los mataron las fieras. Continuaba: "Que ninguno se me oponga por envidia a que yo alcance a Jesucristo. Fuego y cruz, manada de fieras, quebrantamiento de mis huesos, descoyuntamiento de mis miembros, trituración de todo el cuerpo, tormentos atroces del diablo, vengan todos sobre mí a condición de que yo alcance a Jesucristo".

Como ven, está enloquecido de amor a Jesucristo al igual que su tocayo del siglo XVI, San Ignacio de Loyola, que fue muy devoto de San Ignacio Mártir. Así prosigue toda la carta que escribió a los romanos desde Esmirna. . .

En nuestros tiempos el desconocimiento de la divinidad de Cristo se ha hecho la atmósfera misma.

El gran inglés Belloc escribió un libro eximio "Las grandes herejías", del cual les diré unas palabras.

La primera herejía, el arrianismo, es un trabajo histórico maravilloso, el mejor que yo conozco. Empieza a indicar el origen de todo este enjambre de herejías que comenzaron ni bien los Apóstoles empezaron a predicar. Dice Belloc con razón que esto se debe a la tendencia de la razón humana a racionalizar todo, porque esa es la misión del intelecto del hombre, entender las cosas, descifrar los misterios. Sin embargo, desde que nacemos hasta que morimos estamos rodeados de misterios, Misterios naturales o sobrenaturales, estamos rodeados de ellos, porque el entendimiento del hombre no quiere ser limitado, sino que quiere ser como Dios, porque es una semejanza de Dios el intelecto del hombre.

De manera que fácilmente es presa de la soberbia y quiere ser como Dios, que fue lo que hicieron los primeros intelectos que existieron, los diablos. Los herejes no quieren resignarse a creer una cosa que no pueden entender. De manera que buscan explicaciones para rebajar a Jesucristo a la categoría de simple hombre.

Hay dos grandes clases de herejías cristológicas: unos dicen que Cristo no fue Dios pero fue un hombre grandísimo, más que un hombre. Arrio dijo que fue una especie de ángel, la primera criatura que Dios hizo, pero no Dios.

Otros, en cambio, dicen que fue un mal hombre, un gran impostor. Esa es la idea que tienen los judíos hasta hoy, los judíos impíos, porque hay algunos que son nada, son indiferentes; y hay otros muchos que se convierten en estos tiempos. Y se han de convertir, no todos, pero gran parte de ellos algún día, dice San Pablo. No sabemos cuándo. De los tres herejes que nombré, no son herejes puros, sino heresiarcas, jefes de herejías.

Uno dijo que Jesucristo era una gran cosa (Renán); casi tuvo la misma idea de El que Arrio. Otro dijo que era un loco (Bernard Shaw).

Schwaitzer dijo algo peor, todavía; que no había existido. Es decir que lo suprimió del todo.

Teilhard de Chardin no es un heresiarca, es apenas un herejito. Por eso no lo nombré con todos estos. Hay un francés, un inglés y un alemán. España no ha tenido heresiarcas.

Ha habido muchos herejes, porque estos vinieron de afuera, dice Menéndez y Pelayo en la enorme obra "Historia de los heterodoxos españoles". Cita un versículo de San Juan que dice: "Estaban entre nosotros, pero no eran de nosotros". El único fue Prisciliano, que no paró en España sino que se escapó a Francia y fue decapitado por el rey Máximo Augusto.

Ernesto Renán no fue apóstata del sacerdocio como creen algunos sino de la fe, porque lo iban a ordenar diácono o lo habían ordenado ya y entonces salió del Seminario de Sari Sulpicio, se puso a enseñar y renegó de la fe. Fue escritor de libros y más tarde profesor del Colegio de Francia y miembro de la Academia Francesa. Fue muy halagado por sus coetáneos, como dijo en su libro [Recuerdos de mi infancia y mi juventud". El otro que tengo es "El Anticristo", pero desgraciadamente traducido al inglés, porque lo que realmente tiene de encantador Renán es su estilo francés.

No tiene ciencia teológica. Escribió una pentalogía, cinco libros.: "Historia de los orígenes del cristianismo"; el cuarto libro es del Anticristo y el quinto es "La vida de Jesucristo", un libro malísimo, de los malos que ha habido. Algunos dicen que hizo tantos incrédulos como letras tiene. Es exagerado.

Lo mismo se ha dicho de los Ejercicios Espirituales de San Ignacio, que hizo tantos cristianos como letras tiene. Pero "La Vida de Jesucristo" de Renán, ha hecho muchísimos incrédulos.

Sobre todo entre los bobos de esta América Latina que no es latina porque ni saben latín; es la América criolla. Cuando yo estaba en París en la agencia de La Nación (diario) que está en la Plaza de la Estrella, me encontraba con muchos argentinos que venían a leer La Nación. Me encontré con un gran jurista argentino, magistrado, que dijo que él se había convertido a la fe leyendo "La vida de Jesucristo" de Renán. Yo le dije, inspirado por el Ángel de la Guarda: "Entonces, ahora es mucho más ateo que antes".

El gran Claudel lo comparó a Judas, porque él quiere matar a Jesucristo con caricias:

"Il n'est pas le Christ, Il n'est pas le Fils de l´homme, Il n'est pas Dieu / Son Evangile est menteur et son Pére n'est pas aux Cieux / C'est un fou, c'est un imposteur / Qu ´il parle, qu' il se taise / Le valet de Caifas le soufléte et Renán le baise . . .".

Es lo que dicen hoy. Es un loco, es un impostor qué habla, que se calle. El sirviente de Caifas lo abofetea y Renán lo besa. Para Renán, Jesús fue una gran cosa. El más grande moralista del mundo, un gran poeta y la esperanza más grande que ha pasado sobre la tierra.

Y no ha pasado en realidad, sigue vigente la esperanza en Cristo. Le da todos los atributos de la divinidad para quitarle divinidad, como hizo Arrio.

"La vida de Jesús" fue parada en seco por la aparición de otra vida de Cristo, ortodoxa y mejor escrita (por lo menos igualmente bien escrita) que es "La vida de Cristo" de Giovanni Papini. Ahora, yo no creo que queden ni tres ejemplares en la Argentina del libro de Renán. Dicen que hubo muchos antes. Fui a la Biblioteca Nacional y a la Alianza Francesa y no están los libros principales de Renán.

La última posición apostática de Renán está en una novela llamada "Patrice", que dejó inacabada al morir y dice lo siguiente: él se reprocha haber sido cristiano y como tal haber despreciado a Apolo, Diana, Minerva y Venus, es decir, a la naturaleza sana y tranquila. "Yo le anteponía la magra imagen de un Dios estirado por cuatro clavos; esto es enfermizo; esto es la ascética cristiana, las ideas que nos han perdido. Al contrario, el paganismo antiguo era lo verdadero, lo limpio, lo natural. El cristianismo ha invertido completamente la naturaleza con su sobre naturalismo predicando sin cesar la renuncia, la lucha contra la naturaleza. Todas las ideas desviadas que hay en el campo moral provienen del cristianismo; la Grecia, con su pacto con la naturaleza, había captado la perfecta medida".

La última posición de Renán es odiar al cristianismo. No pertenece a los herejes pasivos, sino a los activos, que odian al cristianismo y lo combaten.

Bernard Shaw fue un gran dramaturgo comediógrafo. Fue también un gran bufón. El bufón irlandés de Inglaterra, a quien arañó cariñosamente durante 80 años. Y la que lo pagó llenándolo de gloria y haciéndolo muy rico. Fue amigo de Chesterton, el cual escribió un libro sobre Bernard Shaw, hasta que comenzó a blasfemar y lo dejó. Shaw parece que critica los defectos de los ingleses.

Todas sus comedias parecen ser caricaturas de ingleses ridículos. En el fondo halagaba a los ingleses, porque criticaba los defectos pequeños y sacaba a luz las cualidades grandes de Inglaterra. De manera que por eso lo han querido muchísimo los ingleses a pesar que parece que se burla de ellos. Es un bufón, como dijo el judío André Suárez en un estudio que tiene sobre Bernard Shaw, buenísimo. . . Es gracioso y tiene un talento y una técnica teatral inmensa, pero no es serio, en el fondo no sabe nada o sabe poco.

Yo voy a leer acá lo que escribí en 1956 a Monseñor Tavella. En un viaje que hice de Salta a Buenos Aires leí el drama que hizo Bernard Shaw contra el cristianismo, que fue cuando Chesterton se mandó a mudar. Se llama "Andrócles y el león". Es una bufonada en que se burla de lo más sagrado que tiene el cristianismo, que es el martirio. Y hace un larguísimo prólogo, como acostumbra en todos sus dramas, y ese prólogo, en la edición que yo leí, tiene 138 páginas nada menos y se desata contra Jesucristo en una forma tremenda.

Le escribí a Monseñor Travella: "Bernard Shaw anuncia que se va a poner él mismo a estudiar a Jesucristo. Hay que leer por lo menos dos veces el singular estudio tragando los crasos errores de hecho, para sacar en limpio el resultado que es el siguiente:

1°—Jesús fue sincero y no fue un impostor.

2°— Fue un loco en cuanto pretendió ser Dios.

3°— Dejó, sin embargo, una doctrina extraordinaria; fue el primer economista político del mundo (Sarmiento dijo lo contrario, dijo que Jesucristo no sabía economía política).

4°— Sin embargo esa doctrina ha sido inútil hasta que él, Bernard Shaw, la completó, "Jesucristo dijo lo que había que hacer, pero no conocía el medio de hacerlo".

5°— Ese medio es Shaw, el socialismo fabiano como lo entendía él.

6°— Los cuatro Evangelios mienten cuando relatan milagros y, sobre todo, cuando narran la Resurrección.

Por último: los Evangelios son creíbles cuando relatan otras cosas, aunque no deben creerse sino como las interpreta B. Shaw. (El resultado del estudio no es muy original pero no puede negarse que es pintoresco).

Esto está en el largo prólogo del drama "Andrócles y el león" llamado "Perspectivas del Cristianismo". Shaw escribió este delirio inconmensurable después que Chesterton su lisonjero "Bernard Shaw". Yo no sé si el crítico de Shaw, Suárez, se convirtió o no. Hay dos grandes escritores franceses que son judíos españoles y que se llaman Suárez. Uno Jorge y el otro Andrés.

El gran bufón escribió este enorme libro para dejar constancia de que fue un necio badulaque de una crasa ignorancia y de una presunción inaudita. Pero Dios permitió o dispuso que saliera esto como castigo de su soberbia. Uno lee el libro ese y le tiene lástima a Shaw de lo ignorante que es en lo que pretende escribir.

El otro gran hereje de nuestros tiempos y que sí está en la Biblioteca Nacional, en ediciones de Paidós, es Albert Schwaitzer, que tiene un nombre impronunciable para nosotros.

De manera que yo le voy a decir "el suizo", simplemente, porque eso quiere decir su apellido. Schwaitzer es el más extremoso de los heresiarcas, Renán se había contentado de hacer de Cristo un ángel, pero no Dios. Shaw dijo que estaba loco, pero que era un loco con talento. "El suizo" dijo que no existió o que por lo menos no sabemos si existió.

Fue un pastor protestante que llegó a Jefe de la Iglesia Luterana Alemana, de la cual lo echaron por impío. Había empezado a escribir libros de la escuela llamada esjatológica. Es una escuela protestante, que defiende que Cristo fue un campesino muy talentoso e iluso, que creyó que el fin del mundo venía ya y que en el fin del mundo lo iban a adorar a él como Dios. Y cuando vió que no venía el fin del mundo y que lo agarraban y lo clavaban en una cruz por andar predicando, entonces pronunció desde la cruz las palabras del gran desengaño diciendo "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?"

Cuando empezó la guerra del 14, El Suizo huyó a Lambarené, que es una región del África Ecuatorial Francesa. No hay que confundirle con el dulce Lambaré. . . Se escapó de la guerra, pues si no lo hubieran reclutado los alemanes de los cuales era la Alsacia entonces.

Después salió de ahí y estuvo paseando por Europa juntando plata para su hospital y dando conciertos de violín y de órgano porque era muy buen músico; era un gran intérprete de la música de Bach, sobre el cual escribió un libro muy importante. En Norteamérica parece que sacó muchísimo dinero, pero él ya había escrito los libros impíos por los cuales lo habían echado de la Iglesia Luterana.

Los libros eran de la escuela esjatológica cuyos fundadores fueron Wrede y Weilhausen. Dice que todos los Evangelios son mentirosos menos el de San Marcos, quien dice la verdad pero no cuando narra milagros.

Esta es la doctrina de lo que también se llama la "alta crítica alemana". Recusan los Evangelios y hacen todo lo que pueden para probar que hay contradicciones, que hay cosas que no pueden ser. Pero respetan el de Marcos, por lo cual sabemos que ellos creían que Cristo había existido. Cuando fundó ese hospital, puso a su esposa como directora y a algún médico como subdirector, pero él no vendó un enfermo en su vida, según yo creo, porque no hacía más que ir por todas partes buscando dinero y mandarlo, aunque no todo. Visitó ocho veces su hospital y la tercera vez fue para librarse de la segunda guerra mundial.

En la séptima visita estuvo siete meses en el hospital pero no para curar los enfermos

sino para estudiar la lepra. Todo el mundo se entusiasmó, especialmente los incrédulos y lo proclamaron "el ateo santo" o "el santo ateo", porque había fundado un hospital.

Lo comparan con el Padre Damián, el Apóstol de los leprosos, que fue a curar a sus enfermos a la Polinesia y murió víctima de la lepra. Pero éste no. No se asomaba a curar a los leprosos. Esto lo hacía la mujer, hasta que ésta se cansó y se volvió a Alemania. Este hospital ya no existe más, porque cuando la mujer de Schwaitzer lo dejó, él no lo continuó. Por eso le hicieron una propaganda tremenda que ahora se está acabando. Al lado de mi casa, a menos de media cuadra, hay una clínica que se llama Sanatorio Schwaitzer, que cada vez que paso por delante tengo ganas de agarrar una tiza y escribirle "Fulmine". Hay una obra de un amigo de él que se llama Feschotte, francés. La última obra de él y la más conocida se llama "Aportaciones al enigma histórico de Cristo".

Y es allí donde pierde la fe hasta en el Evangelio de San Marcos.

Antes había dicho que en San Marcos se podía creer, pero ahí dice que es algo falso también San Marcos. De manera que no tenemos ningún documento de la vida de Cristo, que no sabemos ni siquiera si existió. Pero tenemos que hacerla existir nosotros en nuestro corazón, practicando la moral de un hombre que no existió. Y cuando hayamos practicado esa moral la experiencia hará nacer a Cristo en nuestro corazón. Así termina la obra. Escribió muchas otras obras, entre ellas una sobre una religión que quiso él fundar: "La reverencia a la Vida". En ella dice que hay que empezar por amar a los animales y por ahí, amando a los animales, subir lentamente hasta llegar al amor de Dios. De manera que hay que empezar por el gato.

En 1948, después de su octava visita a Lambarené su fama se hizo inmensa. Sus libros se tradujeron en veinte lenguas. Le dieron el premio Nóbel y algunos premios más. Sus discípulos, desde EE.UU., le mandaron muchísimo dinero. La reina Isabel de Bélgica fue a visitarlo a Grünbach. Lo nombraron miembro de la Academia Francesa, etc., etc. Su panegirista lo llama en forma desaforada nada menos que "doctor, colonizador y apóstol". Es un hombre de gran poder, dice él, un soberano. Dice también que fue un santo y su mensaje fue más grande que el de Jesús.

Lo dicen en "La reverencia a la Vida", aunque sea la vida de un gato. Su fama de "santo ateo" se vino abajo cuando a un francés, Jean Madirán, se le ocurrió investigar su vida. Fue dos veces emboscado, en las dos guerras se emboscó. Los franceses creen que eso es un delito tremendo. Abominaban en la guerra de los que llamaban emboscados. Pero se olvidan que un gran santo de origen francés, se emboscó también: El cura de Ars.

El se escondió de los enroladores de Napoleón que estaban recorriendo Francia enrolando jóvenes por la fuerza, para mandarlos a Rusia a morirse de frío, porque en la quinta leva que hizo Napoleón ya no quedaba casi gente joven. El cura de Ars, que en ese entonces no era cura, ni seminarista, ni nada, se escondió en un granero, y yo hubiera hecho lo mismo. Hizo bien, aunque sea un "embusqué".

Volviendo a Schwaitzer, lo único que hizo fue fundar un hospital con plata ajena y fue un hombre avariento y orgulloso. Según él, el Evangelio de San Marcos fue el primero y nosotros lo tenemos por el segundo. Pero como ya dije, terminó negando la veracidad de este Evangelio también.

Los romanos le habían pedido a San Marcos que escribiera en griego lo que decía San Pedro en las misas. Iba contando el Evangelio, lo que él había visto y entonces San Marcos lo escribió en griego y después lo tradujeron al latín. A San Pedro no le gustó mucho que lo escribiera, pero no lo aprobó ni reprobó.

CRISTO ES VERDADERO HOMBRE

En la clase pasada dije que Renán había escrito una pentalogía en realidad una heptalogía: son siete obras, siete tomos.

Yo encontré en la Historia de la Literatura Francesa de Tribaudet un capitulo entero sobre Renán y allí nombré cinco obras componentes de la principal obra de Renán. Pero después, una amable señora me mandó las obras de Renán traducidas al castellano y editadas acá en la Argentina por una Editorial Anauta hace unos 40 años. Un libro todo amarillo ya.

Era la época del auge, de la fama de Renán acá. Después se apagó, como les dije el otro día. Entonces, hay dos obras más que yo no sabía y que las voy a leer poco a poco, cuando tenga tiempo. Empecé a leer la vida de Jesús. Es la historia de la persecución de Nerón en los primeros tiempos del cristianismo. La Vida de Jesús la leí durante mis estudios pero no entera porque llegó un momento en que me di cuenta qué era la Vida de Jesús de Renán.

Era una novela histórica, con los datos del Evangelio que él escogió, porque lo que no le convenía él no lo tomaba; y una gran imaginación é información de todo. De literatura antigua, de geografía de la Palestina, de todo. E hizo una novela histórica que se tiene en pie firmemente; de manera que es muy fácil que un hombre que no tenga versación en estas materias (de la exégesis del Evangelio) o bien no tenga mucha fe y lee eso, quede atrapado.

Hay que leer esto como obra de astucia, de insidia. Y ahora lo he vuelto a leer y veo que no me equivoqué. Es una novela histórica como la de "Doña Blanca de Navarra" de Navarro Villoslada, que tiene poquísimos datos acerca de la historia de Blanca de Navarra y hace sin embargo una novela en que uno la ve en vida a la desdichada princesa. Pero no era historia. Y así hay muchas novelas históricas que con pocos o muchos datos históricos del protagonista hacen obras que tienen una fuerza grandísima de persuasión porque parecen vivos los personajes.

Hemos visto la mitad del enjambre de herejías cristológicas que empiezan casi inmediatamente después de la muerte de Cristo, con los Ebionitas que eran judíos, y cuyo nombre significa "pobres", quienes negaban la divinidad de Cristo. Estos Ebionitas llegan —sin proponérselo— a un resultado excelente porque logran que —para combatirlos— San Juan escribiera su Evangelio que es el mejor de todos, tendiendo todo él a mostrar que Cristo era Dios.

Después de las herejías cristológicas que ya hemos visto, vienen las herejías trinitarias, puesto que la afirmación de que Cristo era Dios trae la pregunta: Bueno, ¿entonces Dios bajo del cielo y se hizo hombre? Resulta que una de estas corrientes heréticas que se llamó de los Petripasíanos afirmaba que quien murió en la cruz fue el mismo Padre. Que el mismo Dios que se llamaba Padre bajó y se llamó Hijo, padeciendo en la cruz en la figura de Simón Cireneo.

Las cosas más extrañas inventaron estos herejes. Hubo tantas herejías que ni los historiadores de la Iglesia las saben todas. No quedaron escritos de los herejes, salvo una que otra obra. Conocemos lo que decían por los escritos de los Santos Padres y por las refutaciones que en ellos les hacían.

De las herejías cristológicas, la mitad niega que haya sido verdadero Dios y la otra mitad niega que haya sido hombre. Existieron herejes que negaron la humanidad de Cristo. Unos decían que había tenido un cuerpo fantástico, ficticio, solo aparente. Se llamaron "doquetas" que significa aparentadores y había otros que se llamaban "apolinaristas" porque Apolinar, un obispo de Calcedonia, decía que Cristo no había tenido alma y que Dios, para unir al Verbo de Dios con el cuerpo de Cristo le quitó el alma y la sustituyó.

Esas son las dos maneras como negaban la humanidad de Cristo. Yo les dije en la primera clase que la razón humana no quiere aceptar cosas que no entiende, que le repugnan a su entendimiento, a su razonamiento.

Solamente la fe puede superar, vencer esa repulsión. Y en los primeros siglos que se hicieron cristianos a montones, sin mayor formación, cayeron fácilmente en la herejía, suprimiendo uno de los dos términos de la naturaleza de Cristo: o la divina o la humana y con esto suprimían el misterio. Porque que lo infinito se haya unido a lo finito esto ya es difícil de creer, aunque no es contradictorio. Pero decir en abstracto que lo infinito se hizo lo finito, no puede ser, es contradictorio. Lo infinito y lo finito son contradictorios entre sí. Los cristianos dicen que Dios se hizo hombre y eso no quiere decir que lo infinito se haya reducido a un hombre, se haya achicado, por decir así, sino que la Divinidad, sin ningún perjuicio ni menoscabo asumió a un hombre, a Jesús de Nazareth y la unió a la Divinidad, porque Dios puede todo; para Dios no hay nada imposible y eso no es imposible.

De manera que los "doquetas" se llamaron también "fantasistas" porque decían que el cuerpo de Cristo era fantástico o fantasmal. Los "apolinaristas" que siguieron a Apolinar, no se redujeron a la obediencia de la Iglesia, aunque éste sí se retractó. Aquellos siguieron diciendo que Cristo no tenía alma.

Apolinar el joven, escribió varios libros que se han perdido y juntó muchos prosélitos. Fue condenada su doctrina en el Concilio de Calcedonia (año 451) y en otros muchos concilios y él, repito, se sometió. La negación del alma de Cristo era muy tentadora porque resuelve enseguida la dificultad de la unión. No era un hombre, era un cuerpo humano. La dificultad mayor viene ahora y esta dificultad ha ocupado a los teólogos hasta nuestros días.

Los que negaron el cuerpo de Cristo se pueden dividir en tres herejías: los gnósticos, los doquetas y los maniqueos, que algunos estiman que son una misma, pero en rigor no lo son.

Los gnósticos tienen una cantidad de herejías bajo un solo nombre provenientes del paganismo, algunas de las cuales negaban la realidad del cuerpo de Cristo. Los "doquetas" negaban la humanidad y los "maniqueos" daban las razones por las cuales consideraban que había que negar esa humanidad. Fueron la causa, la raíz de esta negación y la causa era que creían que el cuerpo humano era malo. Por lo tanto Cristo no podía tener cuerpo humano.

La maniquea es una herejía sumamente curiosa que pone dos principios creadores de todo; uno bueno y otro malo. Viene de la Persia, donde creían en el dios del mal y el dios del bien. Un persa, Manes, hijo de reyes, entró en el cristianismo e introdujo esa idea del doble principio. Ellos constataban el mal en la tierra y no podían aceptar que ese mal viniera de Dios.

Ello resuelve el problema del mal en el mundo; aceptamos el mal pero no se lo atribuimos a Dios. Esta es la dificultad que pretenden superar. Piensan, pues, los maniqueos, que toda la parte visible del universo la creó el diablo y toda la parte invisible, o sea las almas, las creó Dios (y también los ángeles). Por eso en el Credo de Nicea, para combatirlo, se pone al referirse a Dios: "creador de todo lo visible e invisible".

Los doquetas tienen muchas variaciones, muchas escuelas diferentes, porque seguían el capricho de su imaginación, de manera que Basílides decía que Cristo no padeció; que el que fue azotado, coronado de espinas, crucificado fue Simón Cireneo con el aspecto de Cristo. Así como los patripasianos decían que el que sufrió y murió en la cruz fue el Padre Celestial, con el aspecto de Cristo.

La maniquea es una herejía singular porque ha llegado hasta nuestros días, como dando saltos en la Historia de la Iglesia. Primero, los maniqueos pelearon mucho tiempo, a

los cuales perteneció San Agustín, quien después de convertido escribió nada menos que siete obras dedicadas a refutar a los maniqueos.

La más importante es "Contra Pautam maniqueum", que fue jefe en Roma cuando él era joven; un hombre de grandísima elocuencia que había propagado el maniqueísmo en Roma. Después saltamos a los albigenses en la Edad Media, que fueron exterminados por el Rey de Francia. Eran maniqueos también. Eran biprincipiantes. Y después esta herejía (la maniquea) saltó al calvinismo.

Calvino fue maniqueo de una manera especial. No dijo que existiera un dios del mal, pero puso el mal en la esencia del Dios cristiano, de manera que en el fondo incurría en el maniqueísmo porque dijo que Dios crea a algunos hombres con el fin de que se condenen y a otros con el fin de que se salven. Llaman a esto "la predestinación".

Y los que deben condenarse no tienen nada que hacer, es decir, pueden hacer lo que quieran, que de todos modos se condenarán. Están condenados antes de ser creados, de tal manera que esto es poner el mal en Dios. Esa doctrina es tremenda. Fue la que adoptaron los puritanos, los cuáqueros.

Una expedición de puritanos fue a Norteamérica y todavía hay muchos puritanos en Norteamérica, quizás más que en Inglaterra. Ahora bien esta herejía después saltó a los jansenistas. Y de éstos saltó a muchos escritores modernos, que los llaman pesimistas.

Creen más en el poder del diablo que en el poder de Dios. Hay un maniqueísmo más atenuado que el persa (que decía que hay un dios bueno que crea las cosas buenas y un dios malo que crea las malas) que dice que el mal es sustancial en la Creación. Hay otros más atenuados aún, que podrían llamarse semimaniqueístas, que simplemente dan demasiado valor a las cosas del mal en el mundo. De éstos hay una cantidad enorme, por ejemplo, muchísimos escritores ingleses.

Para los puritanos

􀂾 la materia es mala,

􀂾 el cuerpo del hombre es malo,

􀂾 el matrimonio es malo,

􀂾 el vino es malo,

􀂾 las diversiones son malas,

􀂾 la alegría es mala,

􀂾 la belleza es mala,

􀂾 las bellas artes son malas,

􀂾 la autoridad y el estado es malo.

􀂾 Incluso el viento es malo,

􀂾 el lenguaje humano es malo, pero como es una especie de aliento del alma en parte es bueno y en parte es malo.

Los dos grandes apologistas ingleses, Chesterton y Belloc, se pasaron la vida combatiendo la idea pesimista.

En Inglaterra hay tres grandes novelistas pesimistas: Thomas Hardy, Galworsty y Beresford que fue un novelista estupendo. Es al mismo tiempo que maniqueo o pesimista, modernista —que es otra herejía moderna—. En Francia se han anotado como semimaniqueos tres novelistas católicos; Bemanós, Mauriac y Julien Green.

Bernanós es sumamente pesimista en una obra maravillosa que se llama "Bajo el sol de Satanás". Pero después, en el curso de la vida, se fue moderando en sus ideas pesimistas. Su última obra "Diario de un cura de campaña" es equilibrada o por lo menos no es pesi

mista exagerada.

Hillaire Belloc y San Pío X

Cuando empezó a novelar tenía una idea tétrica de la Creación. En Alemania debe haber muchos; yo no conozco la literatura alemana.

Schopenhauer y Niestche parecen maniqueos, tienen una idea de la sustancialidad del mal, pero no son cristianos; los dos son ateos.

Schopenhauer Nietzsche Heidegger Martin

Hay un dibujante, Huekeí, que hizo una novela en historietas, en que muestra la vida de una mujer que ya estaba condenada de antemano. Era un calvinista. Va cayendo ella de desastre en desastre, hasta una muerte miserable, hasta el suicidio.

Julien Green es un pesimista al máximo. Yanqui o Irlandés, educado en Francia, su especialidad son los problemas teológicos en ambientes sombríos. En su novela "Moira" (esta es la mejor de sus novelas, según dicen) el tema está dado en una frase de Green: "la religión en estado salvaje". El protagonista de la novela tiene la religión en ese estado. El héroe es un estudiante yanqui, que no tiene una religiosidad primitiva sino una religiosidad alocada y destornillada. En la novela da el retrato de una universidad yanqui de provincia; esquemático, pero verdadero. Dibuja con precisión sus tres o cuatro caracteres y da el clima; da también la sensación de "lo maligno impalpable". Escribió un panfleto en contra de los católicos de Francia.

Esta ha sido la posición de los que sostienen que Cristo no fue verdadero hombre. En la Escritura hay una gran cantidad de textos que hablan de la carne de Cristo o simplemente del hombre de Cristo. Todos los Evangelios prueban esa tesis porque los Evangelios son la historia de un hombre.

Son crónicas de un hombre no ficticio o aparente, sino de un hombre como todos, que nació como un hombre, vivió como un hombre, tuvo todas las etapas de un hombre: infancia, adolescencia, vida pública, predicación, tuvo dolor, alegría, se enojó, se entusiasmó.

Todas las cosas del hombre las mostró Cristo en su vida. No vale la pena que lea un montón de textos cuando todos los Evangelios muestran este aspecto. Desde que comenzó la Iglesia ha sido tenido por hombre. El otro día les leí una de las cartas de San Ignacio de Antioquía, en las que se ve el entusiasmo casi delirante que tenía por Jesucristo y todos los santos han tenido un amor a Jesucristo hombre. Como Dios lo adoran, pero como hombre le tienen un amor enorme.

Conocemos ya dos textos en los cuales Cristo está afirmado como hombre. Cuando los Evangelios dicen que el Verbo se hizo carne. De esto, los "apolinaristas" dicen que se hizo carne, pero no dicen que haya tenido alma. San Pablo dice: "A semejanza de la carne de pecado se hizo y fue reconocido hombre". De manera que la conducta de, Cristo hacía ver que era un hombre. Cuando San Pablo dice que tomó "carne de pecado" no quiere decir qué Cristo haya cometido pecados.

El dijo: ¿"Quién de ustedes podrá en Mí mostrar algún pecado?".

Otra cosa, aparte del pecado: que Cristo no tuvo como hombre, es la enfermedad. El no se enfermó, a no ser las quince horas de su Pasión; pero allí no se enfermó; lo enfermaron, lo deshicieron. Parece que no se rió nunca. Los Evangelio no lo dicen. Seguramente se sonrió muchas veces; hay muchas frases del Evangelio que requieren una sonrisa.

Cuando el joven rico se le presentó y el dijo: "Maestro bueno, ¿qué tengo que hacer para salvarme?" y El le contesto —"¿Por qué me llamas bueno? No más bueno que Dios"

Ahí parece que Cristo negó que fuera Dios, pero lo que quiso decir fue: "Si crees que Yo soy un hombre no me debes llamar bueno, porque los hombres no son buenos. Sólo Dios es bueno. De esa manera enigmática le dijo que El era Dios. Entonces Cristo le dijo que cumpliera los mandamientos y se los puso a enumerar salteados, como le iban saliendo.

Y el chico dijo: "Todo eso lo he cumplido desde mi niñez". Entonces Cristo lo miró con amor, dice la Vulgata latina, pero el texto griego pone "Cristo le sonrió". Esta es la única vez que dice el Evangelio que Cristo sonrió. Y El añadió que si quería ser perfecto debía ir y vender todo y darlo a los pobres y así tendría un tesoro en el cielo. El joven no quiso porque tenía muchas posesiones, dice el Evangelista. Entonces Cristo se entristeció. Allí les dijo a los Apóstoles: "Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja a que un rico entre en el Reino de los Cielos".

San Pedro dijo en seguida: "Entonces nadie se puede salvar". Pero nada hay imposible para Dios. Este es el episodio de la sonrisa de Cristo.

La principal objeción contra la idea de que Cristo fue humano es el problema del mal, como he dicho. Los maniqueos y todos los que de ellos derivaron hasta hoy día. Santo Tomás resolvió el problema. San Agustín ya había dado la solución en una fórmula un poco obscura. Dijo: "Si Dios no fuera tan poderoso y tan bueno qué puede convertir el mal en bien, no lo hubiera dejado existir": Santo Tomás, con mucho trabajo, dio la solución completa a la teoría del mal, que es muy larga, pero voy a decir tres conceptos principales.

Estaba comiendo en la mesa del Rey de Francia (San Luis de Francia); estaba muy pensativo en la mesa; hasta que de pronto dio un puñetazo y dijo: "esto es decisivo contra los maniqueos".

Las proposiciones de Sto. Tomás son las siguientes:

1. el mal no es una sustancia, sino una privación. Es la privación de algo debido en alguna cosa. Por ejemplo un ciego no tiene una cosa que debe tener, que es la vista. Una piedra, por ejemplo, no tiene una privación sino una negación de la vista. Hay tres cosas diferentes que son: la sustancia, la privación y la negación.

2. La segunda proposición es: por lo tanto, el mal no tiene causa eficiente, sino causa deficiente. Es decir, que si Dios no causa el mal ¿quién lo causa? Lo causa la deficiencia de los ángeles y de los hombres. Igualmente el pecado es deficiencia del recto orden de la Creación. El desencaminamiento recto de las acciones es el pecado. El mal no lo puede causar Dios. Ha permitido que el hombre fuera libre. Y así vino el pecado de los ángeles que desviaron el camino para el cual habían sido creados y se desviaron de la razón misma y quisieron ser lo que nunca podían ser. Así cayeron. De manera que no tiene causa el mal; es una deficiencia en una acción de una criatura. También es una deficiencia en las cosas, como la enfermedad, que es una deficiencia de la salud.

3. El mal está en el ser como en un sujeto. El mal no puede existir solo; debe existir algo que lo soporte, que lo sostenga. Es decir que el mal está siempre en alguna naturaleza o en alguna sustancia, inerte o viviente. Esa es la solución del problema del mal de Sto. Tomás, de manera que no se puede achacarle a Dios el origen del mal.

CRISTO ES UNA PERSONA

La tesis de hoy es difícil porque dice: Cristo es una persona. Trataré de hacerlo lo más fácil posible, pero insisto en que es una cuestión dificilísima de enseñar y de aprender. Mi profesor de Teología no me la enseñó; dijo que era una tesis difícil y que no era práctica. En realidad es una tesis sutil y más filosófica que teológica. Toda la teología es especulativa, no es práctica. No da nada, ni siquiera la fe. Hay que tener ya fe. Da una razón filosófica o una razón científica que se aplican a los dogmas de la fe en que ya se cree. ¿Para qué se hace teología? En primer lugar para defender la fe propia de los herejes y eso ha pasado en toda la historia de la teología, en que se ha discutido con herejes. Otra puede ser para robustecer e ilustrar la fe que se tiene y encaminar al hombre a la contemplación de Dios. Porque por el entendimiento el hombre puede llegar a la contemplación divina.

Establecimos que Cristo era Dios. Es contra los que lo negaban casi desde el principio, por ejemplo Arrio y Nestorio.

Arrio afirmó descaradamente, por así decir, aceptando que era una criatura excelente, la primera y mejor criatura de Dios. El segundo dijo que en Jesús había dos personas; más cautelosamente dijo que la Virgen María no era Madre de Dios sino de Jesús, lo cual era separar dos naturalezas: la de Dios y la de Jesús. El Concilio de Efeso que condenó a Nestorio, declaró que la Sma. Virgen era "Teótokos", que significa Madre de Dios, como en el latín "Deípara". Por otro lado vinieron los que negaron la naturaleza humana de Cristo que, como dijimos, son los "doquetas", que son muchísimas variedades de herejías que coinciden en que el Cuerpo de Cristo era ficticio, solamente una apariencia, no era un cuerpo real.

Esta tesis también fue condenada en muchísimos concilios y por fin no hubo ningún escritor eclesiástico que negara que Cristo fuera Dios y también era hombre. La discusión terrible que se armó entonces y dura aún ahora, era de cómo dos naturalezas completas hayan formado una sola sustancia, una sola persona: tendrían que ser dos personas.

Dos naturalezas completas son dos personas. Y entonces empezaron los Santos Padres a discurrir cómo fue posible eso, porque si es posible Dios lo puede hacer, pero si es imposible ni Dios lo puede hacer. De modo que al principio, Apolinar el Joven dijo tajantemente que Cristo no tenía alma, que su alma estaba suplida con la divinidad, con el Verbo. De manera que Cristo no tenía alma para éstos y así se disolvía una dificultad pero traían una dificultad peor aún, porque entonces el Verbo de Dios se habría unido a un cadáver, que eso es un cuerpo sin alma, o una marioneta que la hacía marchar él pero que no tenía animación alguna.

De manera que Apolinar no superó la dificultad y fue a parar a lo mismo que combatía que era a los "doquetas", pues decir que el cuerpo de Cristo era aparente y decir que era un cadáver es casi lo mismo.

La dificultad es tratada todo el tiempo hasta la Edad Media, en la que aparecen tres soluciones al problema, que Sto Tomás comentó y tomó una de ellas como verdadera y la expuso.

Veamos cuál fué: para que las dos naturalezas de Cristo puedan formar una sola subsistencia, como decían entonces, es decir una sola persona, es necesario que una de las dos pierda algo, o las dos, en virtud de un principio que les parecería inconcuso y que es un principio evidente: que dos cosas completas no pueden dar otra completa uniéndose. El Verbo de Dios no puede perder nada; entonces la naturaleza de Cristo tiene que haber perdido algo. ¿Y qué es lo que se le quita a la naturaleza de Cristo para que pueda unirse al Verbo de Dios?

Porque la Iglesia siempre definió que la naturaleza de Cristo era completa, no había sido mutilada como había pensado Apolinar.

Efectivamente, Uds. buscan ejemplos de que dos naturalezas completas formen otra y no lo encuentran; se pueden superponer pero no se funden, p. ej.: el antimonio y el plomo se funden y forman un material utilizado en tipos de imprenta. ¿No rompen ese axioma? No.

Lo que pasa es que el antimonio se pierde y el plomo se hace más duro, lo mismo que el cobre y el estaño que usan para las monedas: un metal mejora las condiciones del otro. Y un vaso de agua y vino no son dos sustancias que hacen una. No.

Las dos se quedan tan tranquilas, el agua coloreada y el vino aguado, pero no le ocurre ninguna perturbación a ninguna de las dos sustancias. Y el oxígeno y el hidrógeno que se unen para hacer agua, se convierten en agua. El agua no tiene ninguna de las cualidades que tenían los gases por sí solos, tiene otras cualidades diferentes. De manera que no es la unión de dos sustancias en una sino que es la desaparición de dos "formas", como decían antiguamente, y el surgimiento de otra forma.

Cristo mismo, cuando habla, habla como una sola persona que es hombreDios. Hay muchísimos textos en la Escritura. Por ejemplo, cuando Cristo dice: Antes que Abrahan fuese. Yo soy". Acá habla como Dios y dice "Yo" y el Cristo que hablaba era la persona visible que todos tenían delante de sí. "Salí del Padre y vine al mundo" y el que hablaba era Jesús.

Están llenos los Evangelios de locuciones de Cristo como una sola persona con dos naturalezas. A veces afirma una cosa propia de la naturaleza humana y a veces una cosa propia de la divinidad, pero siempre como una persona. Incluso alguna vez dice cosas del alma, se admira de las cosas. La admiración no es propia de Dios ni tampoco es propia del ser sensible del hombre. Es del alma.

De manera que cuando El se admiró, dice una cosa que pertenece al alma de Cristo, que no puede pertenecer ni a Dios ni a la naturaleza sensible, "Clarifícame, Padre, con la claridad que Yo tuve en Ti antes que existiese el mundo". Son todas afirmaciones de Jesús hombre, que suponen la divinidad y suponen una sola persona.

¿Qué se le quitó a la divinidad de Cristo para que pudiera unirse sustancialmente a Dios hijo?. La unión que se llama "unión hipostática" (hipóstasis significa sustancia en griego) que inventó San Atanasio contra los arríanos, a los cuales acabó por derrotar después de unos ochenta años de lucha, los que nunca declinaron y que se unieron contra él a los hijos del Emperador.

San Atanasio fue perseguido y condenado a muerte; tuvo que vagar por todo el imperio hasta que llegó a convocar al Concilio de Nicea y en él fue condenado Arrio y él inventó la fórmula de la "unión hipostática", que los latinos tradujeron en unión sustancial o consustancial.

¿Qué falta en la unidad de Cristo para que pueda unirse a Dios?

Sto.Tomás dio la solución justa. No hay otra posible: al hombre Jesús le falta el ser humano que es suplido por el ser divino. O sea: tiene esencia humana y existencia divina. Esta es la respuesta.

La esencia de Cristo no ha sido tocada para nada, de manera que Cristo está completo como hombre, animado por la existencia divina y no tiene la existencia humana que hubiera debido tener si el Verbo no se hubiera unido a El en el mismo momento de su concepción.

Desde el mismo momento que existió Cristo, el Verbo fue su existencia. Esto supone una tesis importante, sutil y bastante difícil. La esencia y la existencia se distinguen entre sí.

Según la doctrina tomista no son aquellas la misma cosa. Eso lo encontró ya Sto. Tomás en la Edad Media en el Maestro de las Sentencias y después él lo perfeccionó y hasta escribió un libro sobre la distinción real entre esencia y existencia.

Pero, así como encontró dos sentencias falsas en el Padre Lombardo, el Maestro de las Sentencias, así esas dos sentencias falsas son admitidas hasta nuestros días, porque hoy existen aún las escuelas suarezianas, el cual negó la distinción real de la esencia y la existencia. Dijo que son la misma cosa. Se distinguen solamente en la mente, se distinguen con distinción virtual, dijo Suárez.

Scoto dijo lo mismo y hay escuelas escotistas hoy en día. Los franciscanos son escotistas y los jesuitas son suarezianos o suaristas.

Esas dos sentencias existieron al tiempo en que se escribió el Libro de las Sentencias de Pedro Lombardo.

Al principio del siglo XII o fines del XI, un italiano llamado Pedro Lombardo, hizo una especie de recopilación de todas las sentencias de los Santos Padres que pudo encontrar sobre todos los dogmas de la fe. No hizo ninguna selección, ni crítica, ni refutación, ni nada. Hizo solamente una especie de gran catálogo de sentencias de los Santos Padres. Eso servía de texto de Teología en la Edad Media. Los doctores tomaban las sentencias del libro de Lombardo y las comentaban suprimiendo las que creían falsas y las contradictorias, porque también había contradictorias. De esa manera se escribieron "centenares de comentarios" al Pedro Lombardo, dice Tonnard. Yo creo que exagera cuando habla de "centenares", pero muchísimos debieron ser.

Los profesores de Teología comentaban como les parecía esas sentencias. Los últimos que escribieron fueron San Buenaventura y Sto. Tomás de Aquino.

Este último escribió el comentario más famoso que hay al Libro de las Sentencias.

Fue escrito en plena juventud porque a los 22 o 23 años fue doctor en Teología por París y empezó a enseñar teología. Inmediatamente comenzó a escribir luego la Summa Teológica porque no le parecía bueno aquel método de enseñar. La escribió como texto para los muchachos que estudiaban teología, no muy muchachos algunos, pero para los estudiantes en fin, pero hoy ni para los maestros de teología les es obvia y les da un gran trabajo para entenderlo y a veces no lo entienden. La tercera parte de la Summa quedó incompleta. Fue terminada por un alumno suyo, tomando justamente textos del Comentario a las Sentencias.

Sto. Tomás se cansó un poco de esa vida, como le dijo a Fray Reginaldo, su compañero, que lo instaba para que concluyera la Summa.

El había escrito la Summa contra Gentes a instancias de Raymundo Lulio, que quería ir a evangelizar a los musulmanes y judíos de España y sabía mucha teología —hubo grandes filósofos mahometanos en España—; entonces pidió que se le escribiese la Summa para evangelizarlos. Lulio terminó por no ir al África, como pensaba.

Escribió la Summa contra Gentiles rápidamente (mucho antes que la Summa Teológica) y cuando San Reginaldo lo apuraba para que la terminara, le respondió: "Reginaldo, todo lo que he escrito me parece paja". Al estar demasiado cerca de Dios ya no le interesaban las cosas de este mundo.

Vamos a ver la cuestión y la respuesta de Sto. Tomas a nuestro problema: Al hombre Jesús le falta el ser humano que es suplido por el ser divino. O sea que es de esencia humana pero de existencia divina.

Toda cosa consta de esencia y existencia. Esa es la respuesta. De manera que esta respuesta supone una de las tesis centrales de la metafísica de Sto. Tomas, que sostiene que

todas las cosas constan de esencia y existencia. Lo cual se puede probar pero es muy difícil, muy sutil. Pero la prueba directa y fácil es que han existido separadas, pueden existir separadas.

Por ejemplo: la esencia es el conjunto de rasgos o notas —como dicen los filósofos— que integran una sustancia. Por ejemplo una persona. Yo no existía siempre y ya existía como posible, con una cantidad de notas que se constituirían en mi cuando Dios me hiciera. Pero podría haberme dejado Dios como posible siempre y no haberme criado. Pero la esencia, que debe ser como el plan, ya existía en la mente de Dios. La mente de Dios está llena de posibles; muchos se transformarán en reales y muchos no se transformarán jamás. No tendrán nunca existencia, tendrán solamente esencia.

Y la esencia no es más que el esquema, el plano, dibujo, proyecto de todas las cosas, que aunque no existan tienen ya algo.

¿Por que son algo los posibles? Porque se diferencian de los imposibles. Algo tiene que ser lo que se diferencia de lo imposible.

Si es posible, es algo. Es algo en el mundo ideal, pues no es aún algo en el mundo real.

Pueden no llegar nunca al mundo real sea por la causa primera que es Dios, sea por la causa segunda que son los hombres. P. ej.: tenemos el plano de una casa. Eso es algo. En el plano ideal, el plano de la casa es algo. Diferente va a ser la casa. La esencia es aquello por lo cual una cosa va a ser diferente a las otras.

Una cosa es esto o lo otro, es una cosa determinada que no se confunda con las otras. Vienen los albañiles con sus herramientas y con la argamasa y levantan la casa. Esa es la existencia de la casa. Hasta entonces era un posible, una esencia, y la han convertido en realidad. Son causas creadas, causas parciales. Así creó Dios las cosas, dando existencia a una cantidad de posibles y dejando que otros posibles no sean nunca existencia.

Esa es la teoría de la distinción real entre la esencia y la existencia, según Sto. Tomás. La prueba está en que pueden existir separadas. Puede existir la esencia y existe realmente, por lo menos en el conocimiento de Dios y no todo lo posible existe, sino que hay una cantidad mínima de posibles que están pasados a la existencia, que han sido creados.

Hay una cantidad inmensa, infinita o casi infinita de cosas que están en la mente de Dios como posibles imitaciones de la esencia divina. Se llaman los posibles. Los posibles son imitaciones posibles de la esencia divina. Pueden ser realizados. Si no se realizan quedan en el plano ideal, en el conocimiento de Dios. Por ejemplo; las personas de la mitología griega: las ninfas, los centauros, los faunos, los sátiros. Los griegos creían que existían. Para nosotros no existen, son posibles.

Ahora, ¿qué es lo que contesta Sto. Tomás en el Libro de las Sentencias de Pedro Lombardo?

Encontró esta pregunta con tres respuestas. Lo que prueba que durante todo el tiempo de la primitiva Iglesia, desde Apolinar hasta Pedro Lombardo, toda la Edad Media había estado discutiendo eso. El sabía ya tres soluciones.

1. Una solución era: ¿qué falta en Cristo para que pueda unirse al Verbo de Dios? Falta la personalidad, decían unos, lo cual es una cosa negativa. La personalidad consiste en que un ser viviente sea independiente, no unido a otro. Esa era una posibilidad, una cosa negativa: el no estar unido a otro. Esta opinión pondría dos personas en Cristo (Escoto). La segunda es la que tomó Sto. Tomás. Falta la existencia humana.

2. La tercera era falsa también según Sto. Tomás. Hay una cosa que se llama el modo sustancial que ha sido quitado en Cristo y ha sido sustituido por otro modo sustancial. Se le quitó el modo sustancial de la subsistencia propia y vino el modo sustancial de la Unión. Ahora bien, eso del modo sustancial, Francisco Suárez lo puso de moda y es una de las piezas principales de su sistema, con la cual él arregla una cantidad enorme de problemas y dificultades. El modo sustancial no existe. ¿Por qué es contradictorio un modo sustancial? Modo es accidente y sustancial es sustancia. Son dos cosas que no tienen medio ni se pueden mezclar.

Porque o se es sustancia y en ese caso se es en si o se es accidente y es ser en otro. Y entre ser en sí y ser en otro no hay medio.

De manera que la tesis de Suárez, que la tomó de un desconocido filósofo de la Edad Media, en una cosa imposible. Y Sto. Tomás se contenta con decir "no puede haber medio entre sustancia y accidente". El accidente está radicado en una sustancia, vive en otro, existe en otro. La sustancia existe en sí misma. Son dos cosas contradictorias. El Cardenal Billot, discípulo de Sto Tomás, gasta sin embargo medio libro en tratar de refutar la tesis de Suárez.

Entonces Sto. Tomás sacó su respuesta de que Jesucristo tiene esencia humana y no existencia humana.

La existencia de Cristo es divina. De manera que son dos naturalezas, humana y divina, con una sola persona. Subsiste una sola persona. Y esa persona es divina.

La tercera opinión es que la unión se hace por un "modo sustancial". Opinión que comienza en Cayetano y tiene muchos seguidores hasta Suárez. Comienza después de haber estado depositada, digamos así, en el Libro de las Sentencias del Pedro Lombardo.

El accidente está radicado en una sustancia. Por ejemplo, la blancura de una cara subsiste en una cara. El accidente, la blancura, subsiste en una sustancia, la cara. El accidente no puede existir en sí mismo.

La solución segunda supone una tesis de Sto. Tomás y Aristóteles que es la distinción real de la esencia y la existencia. Aristóteles tiene ya esa tesis. En todas las criaturas hay distinción entre la esencia y la existencia. Incluso en los ángeles que no tienen materia. En Dios no la hay. Existe solamente el ser o la existencia, infinita, sin ninguna circunscripción o límite, sin apretura, digamos, porque lo que limita al ser es la esencia.

Ese plano que limita a la existencia es la esencia y en Dios no hay limitación alguna.

No hay géneros, no hay diferencias específicas, no hay especies. De manera que todo es puro ser. Y esa es la distinción única que se puede encontrar entre el ser de Dios y el ser de las criaturas. Los filósofos alemanes perdieron esa distinción por obra de Suárez.

Suárez es un filósofo español, de la época de Carlos V, y su filosofía se convirtió en la filosofía del Imperio. De manera que toda Italia, Alemania y por supuesto España, se volvieron suaristas. Aplicaron la filosofía y la teología de Suárez. Ahora bien, dijeron en aquel tiempo y también ahora, que Suárez es un comentador de Sto. Tomás, que es el mayor de sus comentadores. Esto es falso. Es un cismático de Sto. Tomás. Se apartó de Sto. Tomás y fundó una filosofía nueva. Toma algunas tesis de Sto. Tomás y las mezcla con otras de Ockam y Escoto.

Hizo una mezcolanza y fue un ecléctico, como dicen ahora. Un ecléctico significa un mezclador. P. ej.: Víctor Cousin hizo una filosofía ecléctica. Tomó un poco de Hegel, de Kant, (ver nota de Kant al final del artículo) de los escolásticos y resultó una filosofía que no se sostiene en pie.

Todas las grandes filosofías parten de una intuición del ser que ha tenido un filósofo y que después la ha planteado y explicitado en un sistema coherente que puede ser mas o menos bueno, que pude ser mas o menos obvio, pero no es una mezcla de varios sistemas.

La filosofía alemana heredó de Suárez la negación de la escisión que hay entre esencia y existencia.

La filosofía de Suárez se expandió por todas partes, Dominó, como dije, donde dominaba Carlos V. Quizá por orgullo nacional impusieron en todas partes la filosofía española y llegó hasta Descartes lo que se llama escolástica decadente.

Da el paso a Leibnitz y de este a los grandes idealistas alemanes que por eso cayeron en el panteísmo. Por no tener un criterio bastante seguro para diferenciar al hombre de Dios, salieron con el cuento bastante ridículo de que todo es Dios. Dios es todo. Es una de las cosas más barrocas o grotescas que se pueden pensar. Es imposible de defender de ninguna manera. Y por eso cayeron en tantos disparates los idealistas alemanes. Ver nota de Kant al final del artículo

Disimuladamente al menos, son panteístas.

Kant dice que no había intuición intelectual en el hombre. Que el conocimiento del hombre partía de los sentidos y se encausaba en una especie de moldes que son las categorías del entendimiento. El entendimiento encausaba esa masa de conocimientos directos, inmediatos; estos son los sentidos, porque nuestros sentidos conocen inmediatamente las cosas sensibles, materiales. Se encausaban en el entendimiento del hombre y salían las ideas abstractas y todo lo que sabe el hombre, en el fondo, no son más que fenómenos. Las cosas verdaderamente no las sabe. Kant decía que las cosas reales no las conocemos.

Conocemos solamente las cosas sensibles a las cuales imponemos una especie de molde y creemos conocerlas. Además, son solamente verdaderas las matemáticas y la física. Esas sí, porque dependen de los fenómenos.

Kant negó que hubiera una intuición intelectual. Si el hombre conoce con su entendimiento directamente alguna cosa, entonces puede conocer por abstracción todas las otras cosas como creemos nosotros. Pero si no, no. Los tres que siguieron a Kant dijeron: Sí, hay una intuición intelectual en el hombre. Fichte decía que existía la intuición del yo, Schelling dijo que existía la intuición del mundo exterior y Hegel dijo que existía la intuición del devenir.

Eso por no tener la distinción infalible entre el Criador y las criaturas. Que es que las criaturas están compuestas de esencia y existencia y el Creador es solo existencia. Solemos decir que la esencia de Dios es el ser. Pero es una manera de decir. Es lo mismo que decir que no tiene esencia limitada, que es puro ser.

Hoy subsiste la filosofía suarista en Alemania, Italia y España, pero en forma pobre y perdiendo terreno ante el tomismo. El suarismo inició la decadencia de la escolástica y derivó en Descartes, luego en Leibnitz y en toda la filosofía alemana. En Alemania hay muchos tomistas y grandes algunos. Pero esto ya es otra historia.

La distinción real entre la esencia y la existencia, repito, es una de las bases de la metafísica de Sto Tomás. Es muy sutil pero se puede probar. Negada, surge otra metafísica que ya no es tomista. La esencia y la existencia de hecho existen separadas o existieron; en nosotros, por ejemplo.

Contra esto Bergson sostiene que los posibles, antes de existir, son nada. Abstraemos de las cosas que existen un concepto que llamamos posible o esencia, que de si es nada, salvo en nuestra mente. Es la única manera posible de escaparse de la tesis de Sto. Tomás. Pero lo que nuestra mente abstrae de las cosas es realidad en las cosas, porque no podemos extraer de la nada un concepto. No podríamos sacar ninguna abstracción si fueran pura nada los posibles. Pero si puede ser pensada no es pura nada, es algo. De manera tal que se distinguen de los imposibles.

Algo tienen que ser si hay cosas posibles y cosas imposibles. Brunner (suarista) dice: "Es claro que no hay existencia sin esencia. Lo que es, es esto y no un otro. Lo mismo, no hay esencia real sin existencia. Antes de ser una cosa existe en el sujeto que la piensa y en él tiene una existencia pensada... "Pero si puede ser pensada no es pura nada, es algo. Suárez dice que hay una distinción virtual en las cosas, que no existe en las cosas sino solamente en nuestra mente.

Si uno quisiera seguir la discusión de Escotisas y Suaristas contra Sto. Tomás ("tomistas viejos", dicen ellos) debía parar en eso, si no toda la vida, el mejor año de su vida. Porque han escrito tantos libros discutiendo... El mismo Billiot es pesadísimo. Tiene un enorme volumen llamado "De Verbo Incarnato", donde la mayor parte está destinado a probar que es distinta la esencia de la existencia. De manera que la solución es buena. Pero por suerte un francés muy inteligente, Gilson, las ha leído y nos ha dado el resumen en su "L'etre et l'essence".

Y ahora, para acabar, voy a contar la anécdota del estudiante jesuita y su mamá:

A un mozo francés que se había hecho jesuita, que estaba ya en lo que llamamos los "júniores" o sea los más jóvenes, lo fue a ver a su mamá y le contaba a ésta la clase que había recibido sobre la esencia y la existencia y que el no entendía bien.

Entonces le dijo a su madre: Mamá, tu siempre has tenido sentido común. ¿Son diversas en ti la esencia y la existencia o son una misma cosa? La esencia es lo que eres tú, que te diferencia de ser otra persona cualquiera y la existencia es el hecho de que estés en el mundo real, aquí, ahora y no solamente en la mente de Dios. Entonces la madre cambió de conversación y después que se acabó la visita se fué a ver al Rector y le dijo: Padre, por favor, ¡cuídemelo a mi hijo que está enfermo! ¡Uds. con esas cosas que le han enseñado lo han vuelto loco!

LA REDENCIÓN

Cristo murió por nosotros.

Cristo fundó un Reino Visible.

La Iglesia es ese Reino.

La Iglesia termina en el Paraíso.

CRISTO MURIÓ POR NOSOTROS

Hemos visto someramente el misterio de la Encarnación en tres tesis: Jesús es verdadero Dios — Jesús es verdadero hombre — Esas dos naturas se unen en una sola persona. En la Encamación surgen varios misterios, que pueden condensarse en realidad en uno solo que es el de la unión hipostática, el cual ha traído muchas dificultades. Si se suprime a Dios o se suprime al hombre, como dijeron en un principio los herejes, no hay ninguna dificultad. Pero si se admite que hay verdadero Dios y verdadero hombre, con sus naturalezas enteras que se han unido, la cosa es complicada y ha dado lugar a muchas discusiones. Más o menos lo zanjó Sto. Tomás hace mucho tiempo pero su solución más o menos ya estaba en la tradición de la Iglesia.

Hemos visto también el enjambre de opositores a esas tesis, o sea la resistencia de la razón humana ensoberbecida a cautivarse a Dios. Ahora pasamos al fin de esa Encarnación, que es la Redención, un misterio más grande si cabe. "Una religión sin misterios, no puede ser una religión verdadera", dijo Pascal.

Lo que pide la fe es que se cautive el entendimiento del hombre, es decir, que en algunos casos renuncie a él y eso le cuesta mucho a la razón humana, sobre todo cuando es soberbia. Es obvio que tiene que ser así pues si la inventa el hombre sabe poco de Dios, si la revelación se limita a lo que el hombre puede saber de Dios. Quedamos en que el hombre no puede saber nada de Dios y nos ocurriría lo que le pasó al deísmo inglés, que quería amoldarse a la consigna de Kant: "La religión dentro de los confines de la razón pura".

Así salió el deísmo que es una religión apagada, que no sabe nada, que en el fondo acaba en el ateísmo, porque un Dios que cabe en la cabeza del hombre no es Dios.

El misterio no es ni contradicción ni oscuridad: es no entender. La contradicción es absurda; el trabajo de los teólogos ha sido liberar del absurdo a los misterios de la fe. Tampoco es oscuridad solamente porque no son oscuros los términos de los misterios que creemos, son enteramente obvios o vulgares; no hay oscuridad, lo que ocurre es que no entendemos, no podemos entender. Por ejemplo, con respecto a mí, el binomio de Newton. Entiendo los términos (a + b)2 = a2 + 2 a b + b2, pero no entiendo la demostración del mismo hasta que alguien me la enseñe.

Pero en la Revelación creemos a Dios y no a otros hombres. Pero pasa como en "La Prensa" diario del 29875, donde creen o quieren creamos a un inglés Lovell que con un telescopio electrónico pudo captar la explosión que dio origen al Universo —dice él—. Una cosa pasadísima, una gran masa que explotó y dio origen nada menos que al Universo.

En la Redención podemos notar tres misterios

1° el Pecado Original por el cual se hizo —

2° la inmensidad de los dolores de la Pasión de Cristo —

3° por qué ha de seguir siendo castigado en nosotros el Pecado Original, después de haber sido redimidos y bautizados.

La respuesta a estas tres objeciones es una sola: la inmensidad del pecado que es "en alguna manera infinito", porque es una relación en uno de cuyos extremos está el hombre, en el otro la infinitud de Dios. Sto. Tomás dijo que todas las cosas que tienen algún contacto con Dios son en alguna manera infinitas. Pone como ejemplo justamente al pecado. También pone el ejemplo de la humanidad de Cristo, la persona de la Sma. Virgen, el Infierno, el Cielo. Dice que son cosas en cierta manera infinitas porque se relacionan con Dios.

Adversarios: los principales de la Redención uno por carta de más y otro por carta de

menos son: Lutero y su hijo Freud, y Pelagio y su hijo Ruso (o Roseau).

Lutero (y otros muchos) consideró la Redención como ineficaz porque el pecado corrompe de manera irremediable la natura humana, de modo que para que Dios Padre nos acepte. Cristo echa sobre nosotros como un manto sus méritos, lo mismo que Jacob se puso guantes velludos de cabrito para hacerse pasar por hermano de Esaú. El Padre Celestial nos hace entrar en el Cielo con suciedad y engañado con el capote de los propios méritos de Cristo. Estaría, según Lutero, más ciego que Isaac cuando fue engañado por Jacob.

Es curioso que esta idea de los luteranos de la perversión absoluta e irremediable de la natura humana haya rebotado en nuestros días en la Cosmovisión o "WeltAnschaung" del ateo Freud.

Para Freud nuestra natura está afectada irremediablemente por la "concupiscencia" (en sentido más restringido que San Agustín) y de eso no la redime ni Mongo. La concupiscencia, hoy día, se refiere a la lujuria, a lo sexual, pero no era así en los Santos Padres. San Agustín dijo que por el Pecado Original se soltó la concupiscencia, pero él entiende por concupiscencia a todos los deseos malos contra cualquiera de los siete pecados capitales: la soberbia, la lujuria, etc.

Para Freud, la concupiscencia es la líbido que llama él (o libido como dicen aquí). Por supuesto que Freud no dice ni Pecado original ni Redención, sino que habla de los tres estratos que hay en el hombre el Ello, el Yo y el SuperYo.

El ello o sea el inconsciente es una especie de animal fiero e inmundo cuyos atributos son: escondido, insaciable, sexual, indomable e incorregible.

En el otro extremo está la sempiterna herejía de Pelagio Angélico que niega el Pecado Original y por tanto la necesidad de la Redención: el hombre se salva o se condena por su libre albedrío. La gracia de Dios y la Pasión de Cristo que la mereció sirven pero no "ad esse" sino solo "ad bene esse" (no para ser sino para ser bien) es decir son como añadiduras muy útiles pero no necesarias, porque la gracia para Pelagio no era nada más que el espléndido don que Dios hizo a la naturaleza humana dándole el libre albedrío.

Pelagio fue un monje inglés cuando los Anglos eran la raza más recia y hermosa del mundo (non Angli sed Angueli). El Papa Gregorio I el Grande, que mandó misioneros a Inglaterra, los mandó porque le trajeron dos prisioneros ingleses jóvenes y él se quedó espantado de la belleza de los dos ingleses y entonces dijo aquella frase: "No anglos sino ángeles".

Entonces mandó a San Agustín de Cantorbery a misionar a Inglaterra. El mismo quiso ser misionero e ir a la Ultima Thule, como le decían a Inglaterra. Esto ocurrió antes de que fuera Papa.

Pelagio no era sacerdote, sino lo que llamaban entonces "asceta" o "cenobita". Una especie de monje laico o doctor laico. Era elocuentísimo, muy diserto, con gran don de gentes y muy austero; más aún, rigorista.

Fue a Roma e hizo muchos prosélitos, el principal el Obispo Juliano de Enclasum y otros 17 Obispos (no todos de golpe sino durante el curso de su predicación). La herejía que él predicaba era en el fondo nada más que naturalismo. Naturalismo que ha rebotado hasta hoy, que dice el historiador de las herejías, el Canónigo Cristiani que es la última de las herejías porque después de ella no puede haber nada más malo. Pero se equivoca porque hay todavía un paso que dar en la línea de la maldad, que lo va a dar el Anticristo. El paso es hacer adorar al hombre como si fuera Dios.

También tuvo como discípulo al Papa Zózimo y hasta al mismo San Agustín cuando

se encontró con él en Cartago como refugiado de la gran catástrofe de los visigodos y Alarico, que saquearon a Roma.

Allí lo "engatusó" a San Agustín. Quedó muy entusiasmado con Pelagio porque su vida era enteramente correcta y edificante. Luego viajó a Efeso y se hizo ordenar sacerdote. Algunos creen que predicaba de buena fe que la gracia no era más que el espléndido don divino del libre albedrío. Pero cuando San Agustín se dio cuenta que los pelagianos predicaban en realidad la inutilidad de Cristo, reaccionó con violencia, quizá demasiada, y escribió 4 libros “De natura et gracia" el principal— e hizo condenar a Pelagio en el Concilio de Cartago, en el año 411.

Pelagio había nacido en el año 354, el mismo que su acérrimo enemigo San Agustín.

Cuando fue condenado tenía 57 años. El pelagianismo se propagó mucho y repentinamente, pero también se acabó pronto al golpe de varios concilios locales. Sin embargo dejó su huella: el semipelagianismo, al cual se adscribió el gran Padre de la Iglesia o escritor eclesiástico Casiano. Este famosísimo Abad Casiano de Marsella, autor de las "Collatíones" (en el que relataba la vida de los padres del desierto o eremitas) fue llamado la atención varias veces, pero no hacía caso. Defendió tan sólo que "el inicio de la fe parte de nosotros, lo mismo que la perseverancia final".

Los teólogos ortodoxos dicen que el comienzo de la fe es de Dios. Dios manda una moción para que tengamos la fe y la perseverancia final, es decir, perseverar toda la vida hasta la hora de la muerte es un don de Dios que hay que pedir.

Pelagio, a los 14 siglos, tuvo un hijo no parecido a su padre en hermosura y austeridad, sino feo, inmoral y demente: Juan Jacobo Ruso o Roseau, que sabía escribir en francés (es lo único bueno que tenía) y con sus obras propagó como quemazón, en la corrompida aristocracia francesa del siglo XVIII, el "naturalismo", que es pelagismo agravado y que ha llegado hasta nuestros días, cuya peor variedad es el modernismo, que en el fondo es naturalismo.

LA PRUEBA

Escogeremos a Jesús mismo, a la Carta a los Hebreos y al Sacrificio de la Misa. Se puede decir, además, que todos los Santos Padres enseñan concordantemente la tesis de la redención por Cristo.

Jesús, en la Consagración del Cáliz dijo: "Hic est calix sanguinis meí. . .". Este es el Cáliz de mi Sangre, Sangre de la Alianza nueva y eterna que será derramada en remisión de los pecados". Esta fórmula está compuesta con la de Lucas XXII y 1 Corintios XI y el Concilio de Trento le agregó "misterio de la fe".

Cristo indicó que Su Sangre era una especie de precio por los pecados de todos los hombres. Hay una palabra cambiada en la traducción castellana que dice "que por vosotros y por todos" y Cristo dijo: "Que por vosotros y por muchos".

No se anula con esto la validez de la fórmula, pero no es muy agradable que cambien la fórmula del Sacramento. Es decir que Cristo dijo o dio a entender que no todos se iban a aprovechar de Su Sangre para la remisión de los pecados. Pero su intención en cuanto a El tocaba era que todos se salvaran.

San Pablo, en la Epístola a los Hebreos, poco leída, escrita por un secretario en hebreo, con estilo mucho más hebraico que todas las otras por lo que es difícil de leer, con muchísimos textos de la Escritura y con una manera de escribir que no es la empleada por San Pablo en las otras cartas, que las hizo el mismo en griego. Por lo tanto, es admitido hoy día que esa carta la escribió un secretario. Recuerda a los judíos convertidos lo siguiente;

La Encamación o sea la Divinidad de Cristo.

2° El Sacerdocio de Cristo "según el orden de Melquisedec".

3° El Sumo Pontificado de Cristo.

4° El Sacrificio en la Cruz, Sacerdote y víctima a la vez.

5° El resultado: la Redención.

6° La necesidad de la fe.

La Nueva Alianza. Digamos "el Nuevo Plan de Dios".

LAS DIFICULTADES

1° — "El Pecado Original es oscuro pero suprimido él se vuelve todo lo demás oscuro" (Pascal)

¿Por qué tengo que pagar yo el delito de un lejanísimo tatarabuelísimo mío? Es injusto, se objeta, y es una dificultad realmente.

Respóndase: Dios no fue injusto con Adán pues le había puesto un precepto con la promesa del castigo si no lo cumplían. El castigo fue quitarles los dones gratuítos que les había otorgado, a saber: la Justicia Original, la Integridad Corporal y la Comunicación íntima con El.

En una palabra: "la Elevación Sobrenatural". Elevó a la naturaleza humana a un plano que no le tocaba de suyo, como un don gratuito. Ahora se nos devuelve uno de los dones: la gracia. Pero no la Integridad Corporal. Quedaron las enfermedades, quedó la muerte, quedaron los demás males. Ya veremos por qué.

La natura humana puede hallarse en 5 estadios diferentes:

1° Natural,

2° Elevada y no caída,

3° Elevada y caída,

4° Caída y no redimida y

5° Caída y redimida.

Dios podría habernos creado en estado natural. Con naturaleza elevada y no caída estuvieron nuestros primeros padres en el Paraíso no sabemos por cuánto tiempo. Elevada y caída es nuestra condición actual. Hay dos estados en los cuales el hombre nunca ha existido que son irreales: el natural y con su naturaleza caída y no redimida. Los otros tres son reales. Dios, en el mismo momento de castigar a Adán y Eva les prometió la Redención y la esperanza en esa Redención se mantuvo en el pueblo judío; la fidelidad a Dios, la fidelidad a la Ley de Moisés, toda la vida espiritual que se acabó por arruinar al final pero no del todo, cuando vino Cristo.

2° El abuelo Adán me transmite a mí a través de millones de intermediarios la natura humana tal como la tiene: averiada, porque nadie da lo que no tiene. "En él todos pecamos". No pecamos con la voluntad pero pecamos con la naturaleza. Dios hizo otro nuevo plan. Le falló el plan de salvar al hombre por medio de delicias y favores en el Paraíso; pero cuando en realidad le fallaron los hombres hizo otro plan que es salvarlos por el rigor.

Primero de todo por el rigor con Cristo. El misterio de por qué el Padre Celestial hizo sufrir tanto a Cristo es simplemente para mostrar el rigor de la justicia divina que merecíamos todos. Mostró en alguien que era hombre al mismo tiempo que Dios lo enorme e infinito que es el pecado. Lo que padeció Cristo es lo máximo que puede padecer un hombre, dicen los Santos Padres. Que no hubo nadie que haya padecido lo que padeció Cristo.

3° En el dicho teológico que el pecado de Adán dejó la natura humana "spoliata gratuitis vulnerata naturalibus", "lastimada en lo natural" se ha de entender "lastimada en el hecho de tener que existir ahora en tierra que da abrojos y espinas" como le dijo Dios a Adán y no en un Jardín de Delicias, o sea el Paraíso.

Según Billot la naturaleza nuestra actual no es diferente de lo que habría sido si Dios nos hubiera dejado en el estado natural. Que no lastimó más de lo que la naturaleza trae de consigo. Lo que pasa es que ha perdido su residencia gratuita, es decir, el Paraíso. Dice que por ejemplo el enfermarse y el morir le hubiere pasado en su estado natural como a todos los animales les pasa.

La naturaleza animal del hombre no hubiese tenido privilegio alguno sobre los puramente animales. De manera que los grandes pecados actuales del mundo aumentan las calamidades del mundo y, en segundo lugar, la residencia natural y gratuita que el hombre había recibido de Dios ya no la tiene, lo que hace que nos sea más pesado nuestro vivir.

Alguien me decía que Dios se equivocó en la creación. Que la hizo mal. Lo que pasa es que los que la echamos a perder somos nosotros porque si no hubiese pecados actuales, si Adán y Eva hubieran perseverado en la gracia, sus hijos hubieran tenido también sus dones pero no se hubiesen librado de la tentación de ofender a Dios y entonces podían pecar y condenarse, pero cada uno en particular y no a sus descendientes.

No pasó así. Adán fue echado del Paraíso, perdió sus privilegios y los que le seguimos tenemos su misma condición porque no podría ser de otra manera. Dios no puede hacer un milagro para libramos de la condición que nos dan nuestros padres que descienden de Adán y no nos pueden dar una naturaleza sana y santa. Así que Billot, en su teoría del Pecado Original, nos da esta comparación: Supongamos que hay un Rey que es destronado con toda su familia y su hijo mayor, el príncipe heredero, tiene que trabajar como obrero. No lo han lastimado en nada. Pero la vida que a los otros obreros es como si nada, en él es como una lastimadura porque no lo habían criado para eso. Eso nos pasa a nosotros que estamos hechos para el Paraíso.

La teoría de Billot fue contradecida fuertemente por Arintero y Marín Sola (dos teólogos españoles) que lo hallaron casi pelagiano.

4° No olvidemos que los males que soportamos no todos vienen del Pecado Original sino además de muchísimos pecados actuales que le han sucedido en el mundo. Simplemente el primer pecado abrió la puerta a las siete concupiscencias. Al salir del Paraíso ya Caín mata a Abel y es castigado por Dios.

5° A Dios le fracasó el primer plan que hizo para el hombre y formó un segundo plan que no le va a fracasar. En el primer plan quería salvar al hombre y llevarlo al cielo por medio de delicias. En el segundo lo lleva por el rigor. Pero antes de aplicar el rigor de la justicia al hombre se la aplicó a Sí mismo haciéndose hombre. "Tanto amó Dios al mundo que le dio su Hijo Unigénito no para juzgar al mundo sino para salvar al mundo", dice San Juan Evangelista.

6° El segundo plan es mejor que el primero, digan lo que digan. . . "Oh feliz culpa que mereció tener tal y tan grade Redentor" como se canta en Pascua—. Allí repite dos o tres veces que el pecado de Adán ha redituado un mayor bien para nosotros. Parece que no pero así es.

7° Los que hoy se van al Infierno por su voluntad se hubieran ido lo mismo si Adán no hubiera pecado. Se hubieran ido si hubieran desobedecido a Dios como desobedeció Adán. Los teólogos piensan que en definitiva Adán y Eva se salvaron y están en el Cielo y la Iglesia oriental los venera como santos. Ni siquiera los chicos que mueren sin Bautismo se van al Infierno. Ni tampoco aquellos que no se han bautizado sino a un lugar delicioso, donde según los teólogos antiguos, el Dante por ejemplo, están todos los paganos que fueron íntegros pero que no adoraron a Dios. Como Virgilio que lo acompaña a Dante y lo lleva a una especie de limbo, donde se encuentran con todos los paganos antiguos famosos. Como Aristóteles, Platón, Séneca, que no llegaron a hacer un acto de fe sobrenatural. Lo cual está al alcance de todo hombre.

Entonces no se salvaron, no se regeneraron. Ahora, quien no ha tenido conocimiento de Cristo ¿puede haber un acto de fe sobrenatural con sus propias facultades? Sí. Esto viene a ser el Bautismo de deseo según los teólogos, por el cual irían al Cielo, pero de ésos no sé si hay muchos.

Billot tiene un libro precioso que no se ha vuelto a editar y que se llama "La Providencia de Dios y el gran número de hombres fuera del camino de la salvación". Lo publicó la revista francesa "Estudios". No lo quiso imprimir en libro por la gritería que se levantó en contra.

Allí dice que no sólo los salvajes no tienen conocimiento de Dios sino que entre la plebe de las grandes ciudades hay muchos que son como salvajes, que no han llegado a conocer a Dios y sí no han cometido pecados graves no se condenan y tiene que haber un limbo para ellos.

Billot anduvo investigando en todos los etnógrafos, lingüistas y exploradores y comprobó que existen salvajes que no tienen conocimiento alguno de Dios. Los antiguos decían que no, que todo hombre cuando llega al uso de la razón puede tener conocimiento de Dios y cometer pecados mortales. Hay muchísimos que quedan en el estado de niños. Dice él que si falla la educación, en el misino estado de esos salvajes tiene que estar muchísima gente de las grandes ciudades. El novelista Jean Luis Philipe escribió uha novela que se llama "Bubú de Montparnasse", la cual parece hecha a propósito para confirmar la teoría de Billot, en la cual aparecen varios personajes (de mala vida incluso) que no tienen la menor idea de la existencia de Dios.

Sin embargo, entran a veces a la Iglesia, se arrodillan, pero no tienen la menor idea de la existencia "justa" de Dios. Adorarán a Hitler o a Mussolini o a quien sea, pero no tienen idea alguna del Dios verdadero.

Para las dificultades segunda y tercera quedan patentes las respuestas:

Para la 2a.: Cristo padeció más que hombre alguno en el mundo (Billot) ¿Para qué? Baudelaire ha hecho un poema blasfemo sobre eso:

"Ah, Jesús, souviens tu du Jardins des Olives!

Dans ta simplicité tu priais á genoux

Celui qui dans son ciel riait au bruit des clous

Que d'ignobles bourreaux plantarent dans tes chairs vives

Y termina diciendo

Saint Pierre a renie Jésus. ..Ha bien fait.

Ah. Jesús, del Jardín Oliveto acuérdate

en tu simplicidad rezabas de rodillas

al que reía en su cielo al ruido de los clavos

que verdugos infames plantaban en tus carnes

San Pedro ha renegado a Jesús. . . ha hecho bien.

Es una de las piezas condenadas de Baudelaire que era católico pero escribió una especie de parodia de las blasfemias que los tribunales franceses le obligaron a quitar. Pero él mismo dijo que eso era una ironía de lo que dicen los impíos.

Una sola oración del HombreDios hubiera bastado para redimir al humano, porque tenía un valor infinito por la persona divina de Cristo. Pero el Padre quería que desencadenara la Justicia Divina, como si Cristo fuese Adán. A Adán lo perdonó por los méritos infinitos de la Pasión, pero a Cristo no le perdonó. Leemos en la oración del Huerto que le pidió al Padre que si era posible no lo hiciera padecer a El. Así tuvo que decir "Hágase Tu Voluntad y no la mía".

Así que la Pasión de Cristo fue por la Voluntad del Padre. Esto pertenece al segundo plan. Lo otro hubiera sido una gracia. Dios tenía que enseñamos, en cuanto es posible, el trascendente mal del pecado y el amor suyo. Sto. Tomás dice que Dios nos podría haber salvado por gracia, pero que nos salvó por justicia, que cayó sobre Cristo.

¿Por qué tenemos que llevar nosotros, ya bautizados, el peso del castigo de Adán?

Porque parecería que si el Bautismo nos vuelve a la gracia de Dios tendrían que desaparecer todas las consecuencias del Pecado Original y, sin embargo, no desaparecen. Lo mismo para aprender por las malas la cuasi infinitud del pecado. Ver por ejemplo la "Meditación sobre los Tres Pecados" de San Ignacio.

Este, al comienzo de los Ejercicios Espirituales, pone una cosa que no es meditación sino consideración —dice él— que es el último fin del hombre. El hombre ha sido creado para alabar, hacer reverencia y servir a Dios Nuestro Señor.

Una vez que el ejercitante se ha preparado con esa consideración que es puramente filosófica y no teológica, hace la meditación de los tres pecados para hacemos ver la importancia del pecado. Hace considerar primeramente el pecado de los ángeles, que los hizo demonios y las consecuencias de ese pecado.

Pondera mucho cómo eran seres purísimos, bellísimos y amados por Dios y por un pecado se convirtieron en horrores, en los diablos.

En segundo lugar trata del pecado de nuestros primeros padres que atrajeron sobre la humanidad una cantidad enorme de males. Un solo pecado trajo consecuencias tan malas y por esas consecuencias podemos conocer nosotros la íntima maldad del pecado, por ser desobediencia al Ser infinito.

En tercer lugar, considera el pecado de cualquier hombre en particular que con un solo pecado esté en el Infierno ahora. Esto no lo sabemos seguro, pero bien puede ser, pues entre tantos hombres que pecan bien puede ser que alguno muera después del primer pecado y esté en el Infierno. Es una cosa tremenda pensar que un hombre se haya perdido para siempre por un solo pecado mortal.

El segundo plan es mejor que el primero porque por él Dios mismo se incorporó a la Humanidad y fuimos hechos hermanos del Verbo en carne y hueso, en cuerpo y alma.

Ave, verum Corpus natum Ex Maria Virgine Vere passum, inmolatum In Cruce pro homines Cujus latus perforatum Fluxit unda et sanguine Esto nobis proegustatum Mortis in discrimine

Ave, vero cuerpo nacido

de María Santísima

Veramente deshecho y tundido

En la Cruz por los hombres

Cuyo lado perforado

Manó agua con sangre

Sé para mí pregustado

De la muerte en el discrimen

(Se atribuye a Sto. Tomás y está en el mismo metro que los dos himnos al Santísimo Sacramento de Sto, Tomás sin duda.

La rima había entrado en la poesía latina; y los versos esdrújulos que se conservan en la poesía italiana actual). En suma, el mundo cristiano ha creído esos tres increíbles:

1° que ha caído sobre él un "pecado hereditario" lo cual parece contradictorio.

2° que un ser humano que era Dios al mismo tiempo ha sufrido lo que no hay idea

3° que con todas nuestras miserias nosotros estamos mejor que Adán y Eva.

CRISTO FUNDO UN REINO VISIBLE

Hay dos tesis que son gemelas: Cristo fundó bien deliberadamente una Sociedad Visible; y esa Sociedad ha llegado hasta nosotros con el nombre de Iglesia Católica y con las notas esenciales de la fundada por Cristo.

A inicios del siglo XVI aconteció en esta sociedad una catástrofe que quiso llamarse "la Reforma" y quedó con el nombre de Protestantismo. Esta Reforma o Protesta inventó la "Iglesia Invisible", de la cual durante 1615 años nadie supo nada. Grosso modo, pueden distinguirse en ella tres matices:

􀂾 Lutero y Calvino: ninguna sociedad

􀂾 Restantes sectas en general: sociedad invisible

􀂾 Anglicanos "Hight Church": reciente: una sociedad con tres ramas, por tanto bastante indeterminada: Anglocatólicos, Romancatólicos y Rusocatólicos.

Los adversarios de estas dos tesis, que comenzaron por la segunda son todas las "iglesias protestantes" en general, que ahora las llaman "denominaciones" y cuyo nombre verdadero es "sectas". ¿Cuántas son? Nadie lo sabe. Hace unos 30 años se hizo un catálogo de "Iglesias" en Yanquilandia que dio la existencia de 263 sectas de las cuales 10 con más de un millón de adictos pero divididas dentro de sí en 5, 10 y hasta 20 sectas; y después una verdadera nube de sectitas, hasta llegár a la "Iglesia de Dios vivo" que contaba 120 miembros, divididos en 6 "asambleas" que dicen ellos. Este es el resultado del "Libro Examen" que fue predicho por Bossuet en 1688, 171 años despues de la catástrofe protestante, como inevitable, en su libro "Historia de las Variaciones de las Iglesias protestantes".

Esta no fue una herejía como las otras, sino una verdadera revolución religiosa que se convirtió en poco tiempo en una verdadera catástrofe; de la cual Lutero no fue la causa sino la chispa. Por diversas causas el terreno religioso estaba cargado de pólvora, y no la única ni mucho menos fue la "corrupción" de la Iglesia Romana (o el Papismo) como pretenden ellos.

La cuestión es que se propagó como un incendio por toda Europa menos España, la cual gracias a la Santa Inquisición se salvó de las tremendas guerras de religión que asolaron el resto; de las cuales la última duró 30 años y dejó diezmadas a las Germanias, acabando en la Paz de Westfalia (1648) a más de un siglo de matanzas, que no fue paz sino un empate por cansancio. Esta guerra fue de Austria o sea el Sacro Romano Imperio Germánico contra diversas coaliciones de Príncipes Protestantes ayudados por el ciego Cardenal Richelieu.

Los resultados fueron, como dije, catastróficos: la mitad de Europa separada de la Iglesia Católica con un odio inextinguible; la formación de una cultura disidente, en donde nació el capitalismo, el liberalismo y al fin la Revolución Permanente y el Comunismo; la extinción total del catolicismo en varias naciones, Inglaterra, Escandinavia, Dinamarca y Suiza por ejemplo; la guerra intermitente de esas naciones con las católicas, la salvación parcial de Francia por medio de las armas y la violencia, y el estado actual de nuestro mundo lleno de guerras y rumores de guerras; en medio de las cuales el Papa coreado por todos nosotros gritamos: "paz, paz" y no hay paz.

LA PRUEBA

Es tan evidente que Cristo quiso fundar y fundó un "Reino" visible, que casi es superfluo probarlo: desde ser concebido en la anunciación del Ángel: "y le dará Dios el trono de David su padre, y su Reino no tendrá fin"; hasta antes de morir, en que aprueba la petición del Buen Ladrón: "Acuérdate de mí cuando estés en tu Reino". La primera palabra de su prédica es la misma de su Anunciador el Bautista: "Convertíos, porque está cerca el Reino".

Convertíos, es decir, cambiad de mente.

Metanóete es el cambio de mente hacia arriba. Cambio de mente o sea la conversión; no se trata de cualquier penitencia, sino de la penitencia que consiste en cambiar la mente del estado deficiente o deteriorado en que está y entrar en un estado nuevo o mayor, más alto. Todos los Profetas que al llamarlo "Mesías" lo llamaban Rey porque eso significa "Mesías"; Daniel, que contrapone su Reino a las Cuatro Bestias o sea los cuatro imperios históricos que precedieron al Cristianismo, y así sucesivamente.

Lo que dijo lo hizo: "cepit Jésus faceré et docere": empezó Cristo "a hacer y a predicar" dice el Evangelio.

O sea,

1° reunió multitud,

2° formuló una legislación,

3° estableció autoridad.

Los tres elementos que forman una sociedad.

1° Mt. IV 17. "Desde entonces (o sea después de su bautismo) comenzó Jesús a predicar y decir: "Convertíos (metanóete) porque está cerca el Reino de los cielos".

Mt 28 18. "Id y enseñad a todas las naciones, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, haciéndolas observar todas las cosas que Yo os he mandado...

2° Una nueva Ley. no contraria a la de Moisés, pero por encima de ella; es decir, todas las cosas que Yo os he mandado. Habéis oído que se dijo a vuestros padres. . . Yo empero os digo... Mt 28 18. Interiorizó la ley de Moisés y la perfeccionó y El declaró expresamente: "Yo no he venido a quitar la Ley sino a cumplirla".

3° Autoridad: "Y a ti te daré las llaves del Reino; y todo lo que atares sobre la tierra. . ." —Jo 20 21— "Como mi Padre me envió así os envío. . ." —Jo 21 15— "Apacienta mis corderos, apacienta mis ovejas. . ."—. Dos veces lo nombra jefe a San Pedro que ya naturalmente era tenido como jefe por los Apóstoles que instintivamente lo seguían y hacían lo que él decía.

Todo esto lo confirman ocho Parábolas en Mateo: el Sembrador (XIII 3) el grano de Mostaza (XIII 34) la Cizaña (XIII 24) la red (XIII 47) la viña (XXI 33) las vírgenes (XXV 1), etc. Todas tratan del Reino de Cristo.

LAS OBJECIONES

Parece increíble que una cosa que "revienta los ojos" (eréve les yeux) sea negada por millares y millanares de gentes, algunos muy doctos, que son los que siguen al inventor de la "iglesia invisible" y rehúsan admitir que Cristo fundó una sociedad como las otras.

Los tres hombres que han odiado más la religión después de Voltaire, a saber, el pagano Celso, el ateo Gibbons E. y el hipócrita Renán E, han admitido tranquilamente la Iglesia Visible.

E. Renán

Pero la razón de los protestantes es lógica pura; Cristo no vino a fundarlos a ellos en 1517; luego no fundó a nadie. El haber comenzado 16 siglos después de Cristo, si realmente Cristo fundó realmente una sociedad visible, y pretender que ellos representan a Cristo, los revienta inevitablemente. ¿Dónde está la fundación de Cristo dicha por ellos y que comenzó por ellos?

La alternativa es pretender que Jesucristo fue un gran filósofo, corno Platón, un gran moralista como Marco Aurelio, o un gran poeta como Virgilio; y no un Mesías, o sea un rey.

Sobre ese filo de cuchillo tienen que bailar y hacer equilibrios. Pero no solamente bailan sino que vienen a Sud América, con dólares en el bolsillo a enseñarnos a bailar. Oigan por Radio "La voz de la Profecía", "Los vistazos sobre nuestro siglo" y las "Meditaciones cristianas" de Sanguinetti, la "Cruzada" de Luis Palau, Cas. Correo 4949, o vean uno de los sesenta templos metodistas que hay en nuestro país —según dicen—; aunque aquí se llaman "evangélicos".

Cuando vienen a evangelizar a Sudamérica disimulan la división de sectas y a veces la enemistad de unas sectas con otras y todos se ponen el nombre de "evangélicos". Por ejemplo al lado de mi casa hay una Iglesia que, según mi sobrino arquitecto, es muy fea, pero según lo que ven los ojos es muy lujosa y tiene el título de "Iglesia Nueva Apostólica de Sudamérica" y son Christian Science. Se llama Christian Science a una secta que hay en Norteamérica, que cura las enfermedades con oraciones, porque dicen que todas las enfermedades son pecados, entonces hay que arrepentirse y hacer oración. La cuestión es que a veces curan porque algunas enfermedades se curan por sugestión. La Christian Science es una de las sectas más ricas de N.América. La fundó Mary Baker, una curandera, y son propietarios del diario más grande que existe allí. Aquí se han puesto el nombre de Iglesia Nueva Apostólica de Sudamérica. Pero si es nueva no es apostólica y si es apostólica no es nueva. Los Apóstoles no son nada nuevo.

Pero a esa fundación de un Reino Visible de hace 19 siglos, hay un hecho que la hace patente en este siglo, y disipa esa fantasmagoría de la "Iglesia Invisible"; y es la dinastía de Monarcas seguidos que llamamos Pontífices Romanos.

Es una cadena asombrosa que no se había roto cuando los Protestadores decidían arrancarse della el siglo XVI; ni tampoco en los 3 siglos hasta nosotros, ni parece que haya de romperse nunca. Esa dinastía de Obispos de Roma investidos del poder supremo viene desde San Pedro ¿qué digo? desde Cristo mismo (que solemnemente proclamó a Pedro dos veces) hasta nosotros en 260 Pontífices; nunca se rompió: hubo alguna vez dos Papas (Papa y Antipapa) y hasta tres en una ocasión, pero vacío nunca; y Roma pasó dos saqueos y una destrucción y los Papas pasaron destierros muchas veces; y ni por esas. Los diez primeros fueron mártires.

Lord Tomás B. Macaulay, gran crítico y pensador, una de las devociones de Menéndez Pelayo, escribió dos o tres páginas maravillosas sobre la dinastía de Roma, la más perdurable del mundo, más larga que otra cualquiera del mundo, adjudicándole una comparación poética, que es asombrosa por ser él protestante. La traduciré para la clase próxima.

LA IGLESIA ES ESE REINO

El reino fundado por Cristo ha durado hasta nosotros y su nombre es la Una Santa Católica y Apostólica Iglesia Romana, o sea el Papismo.

Aunque el alabarse a sí mismo sea poco elegante, gracias a la gran fantasma protestante de la Iglesia Invisible tenemos que probar ahora que el Reino Visible de Cristo somos nosotros ni más ni menos, o sea la Una Santa Católica y Apostólica Iglesia que nombramos en el Credo de Nicea, que según los Santos Padres, antes de Nicea y después de Nicea son las cuatro "notas" (o propiedades "distintivas") de la verdadera Iglesia.

Esas cuatro notas las incluyeron los Padres Nicenos en su Credo que rezamos ahora; fueron usadas por San Agustín contra Donatistas y Montañistas y explicadas por el Cardenal Bellarmino y después de él por muchos, Billot el principal. En lengua moderna podemos decir que la Iglesia es intolerante, heroica, comprehensiva y jerárquica. Ver Isaías II 2.

Sucederá en días futuros Que el monte de la casa de Yaveh Será asentado en la cima de los montes

Y se alzará por encima de las colinas. Confluirán a él todas las naciones

Y acudirán numerosos pueblos

Dirán: Venid, subamos al monte de Yaveh

A la casa del Dios de Jacob

Para que él nos enseñe sus caminos

Y nosotros sigamos sus senderos

Pues de Dios saldrá la Ley

De Jerusalén la palabra de Yaveh.

Esta profecía se cumplió manifiestamente, porque no se puede ocultar una ciudad puesta sobre un monte, dió Jesucristo aludiendo a esta profecía. Y así la Iglesia no se ha podido ocultar nunca en el mundo sino que ha ido creciendo por todas partes, hasta ahora. Ahora no sé qué va a pasar, porque ha parado el acrecentamiento continuo. Pero probar que nosotros somos unos, santos, católicos y apostólicos es embrollado, porque eso es un hecho y necesita historia; o bien llamar de testigo a Mistress Elizabeth Ann Seton, la santa yanqui que han canonizado estos días; o los santos Nobbe y Contardo Ferrini del año pasado; o bien llamar a declarar a los tres santos argentinos, Mamerto Esquiú, Gabriel Brochero y Ceferino Namuncurá; los cuales no son ni serán nimca canonizados, porque no tienen plata y una canonización pide plata; por lo cual los que tienen chance de canonizarse son los fundadores o fundadoras de Ordenes Femeninas; y el P. Bustamante, fundador de las Esclavas Argentinas tiene más chance de llegar a lo que llaman "el honor de los altares" que el indiecito Namuncurá.

Una. Jo XVII 20 — "Pero no ruego solamente por estos sino también por todos los que han de creer en Mí por medio de ellos". De nianeía que Cristo ya preveía el crecimiento de la Iglesia y la unidad de la Iglesia detrás de la doctrina apostólica.

Santa. "Observad todo lo que Yo os he mandado. Sed perfectos como mi Padre del cielo es perfecto. La voluntad de Dios es vuestra santificación."

Católica. Jo XXVIII "Instruid a todas las gentes, bautizándolas, . . y enseñándoles a obseivar todo lo que Yo os he mandado. . ."

Apostólica. ROM. X 18 Han oído: "Cierto, su voz ha resonado por toda la tiena y hemos oído su palabra hasta los extremos del mundo." Esto dice San Pablo hablando a los romanos. Ya en tiempos de él en todas partes del mundo, es decir, del Imperio Romano que era el mundo conocido y civilizado, había llegado la noticia de la doctrina apostólica.

De estas cuatro notas, que San Agustín manejaba ferozmente contra Donatistas y Montañistas, la más fácil es la Apostolicidad y la más difícil la Santidad. Para la Apostolicidad basta tomar el "Dictionary of the Popes" de Donald Arwater con las vidas de los 260 Papas hasta Paulo VI; o mirar los medallones de los Papas (algunos conjeturales por supuesto) en la cornisa de la Iglesia de San Pablo Extramuros. (Entre paréntesis, los romanos dicen que en Roma hay solamente una catedral, una iglesia y un altar, a saber, San Pablo, la iglesia de San Ignacio en Via del Seminario, y el altar de San Ignacio en el Gesú de Piazza Gesú, porque San Pedro dicen es un circo, no una catedral.

Un gran crítico italiano, Silvio D'Amico, dijo que la iglesia de San Pedro no le ha dado ninguna devoción porque era una especie de una gran sala de espectáculos y no propiamente una catedral).

La Santidad. Yo no soy muy santo y en toda mi vida no he topado un solo santo verdadero e indudable. Cierto, he encontrado gente que tenía fama de santa pero santos indudables para mí no he encontrado. He encontrado muchísima gente buena, por supuesto, o gente que estaba en el camino de la santidad o casi en la santidad, pero propiamente en la santidad no he encontrado. Pero no quiere decir nada. Que la Iglesia Papista o Romana es una pura corrupción es el argumentó apologético de los "Hermanos Separados" desde Lutero hasta nuestros días.

Si entran en la Tate Gallery o Pinacoteca Moderna de Londres hallarán este único argumento protestante puesto en pintura en tres, cuadros, (uno de ellos de John Sargent nada menos) que representan a frailes españoles o italianos en plena juerga y en mala compañía; y lo mismo pintó con palabras el gran Kipling, el mayor cuentista del mundo después de Selma Lagerlof, en una colección que ahora no encuentro. Pero los italianos y españoles se han contentado con hacer chistes sobre los curas concubinarios o simoníacos. Por ejemplo aquel chiste de "a duro, el perdón para un alma del purgatorio": dicen en España que había en una aldea un cura párroco que puso una mesita fuera de la Iglesia y se sentó al lado con un gran letrero que decía: "A duro el perdón para un alma del purgatorio", y abajo decía; "Duro entrado, alma salida".

Entonces apareció un baturro y le dijo: Pá mi padre —y pone un duro—. ¿Salió mi

padre? Sí, claro —dice el cura ya salió. Entonces el baturro agarró el duro y le dijo —Bueno, si ya salió que no sea tan estúpido que vuelva a entrar.

Justifican lo que dijo Chesterton del Protestantismo, que sus dos raíces son el "nacionalismo" (o sea el patrioterismo) y el anticlericalismo (o sea el odio al sacerdocio). Sin embargo algunos dellos pretendían tener su sacerdocio propio —presbiteriano y anglicano—; hasta que León XIII hizo hacer una investigación sobre la "validez de las ordenaciones anglicanas"; y con los resultados proclamó solemnemente que a los protestantes no les queda ya un solo sacerdote válido.

No hemos de gastar como en Cardenal Billot 200 páginas para acabar de probar que las cuatro notas que Cristo mismo asignó a la Iglesia por El fundada pertenecen a la Iglesia Romana; porque no hay lugar y él ya lo ha hecho. Baste decir que en la página 184 de su Tractatus De Ecclesia dice que de sus propios principios esa Iglesia fluye honradez; y que los héroes de virtud que ostensiblemente existen ella los vindica como hijos suyos a la faz del mundo, (tesis V) y que los malos hijos que también existen, pertenecen a la Cizaña que anunció Jesucristo, que no anulan al Trigo; y que si algún día la Cizaña crece tanto que tape y haga desaparecer casi al Trigo, ese será el día que marque el fin esperado de la Iglesia Militante y el surgimiento eterno de la Iglesia Triunfante. Como saben la Iglesia tiene como tres estratos; uno el terreno que es la Iglesia Militante, otro el del Purgatorio que es la Iglesia Purgante y el tercero que es la Iglesia Triunfante, que es la Iglesia del cielo, a la cual están destinadas estas dos.

O sea, que los que dentro de la Iglesia han sido malos y aún malísimos, no lo han sido por seguir a la Iglesia sino por no seguirla. Y encima hay que saber que algunos de los malísimos, no era para tanto como cuentan los historiadores. Alejandro VI por ejemplo (o sea Rodrigo Borja, español viudo) después de elegido Papa fue un excelente gobernante, aunque demasiado guerrero; pero hay que ver si la culpa no la tuvo Carlos VIII de Francia, que era más guerrero que él. Sobre él existen horripilantes novelas, como sobre su hija natural Lucrecia (tuvo cuatro hijos naturales antes, no adulterinos y un hijo malísimo César). Y es posible que haya subido a Papa con coimas —es decir, simonía.

Pero la Lucrecia la Envenenadora, que fue su secretaria, lo único criminoso que tuvo fue casarse 3 veces por política, muerto el otro marido; pero después del tercer matrimonio con el Duque de Ferrara fue una mujer recogida y muy respetable y respetada, menos por los enemigos de su padre y su familia, los Róvere, quienes han escrito biografías venenosas de Lucrecia y Alejandro Borgia porque fueron siempre vencidos por estos dos. Por lo menos Alejandro Borgia los venció siempre. Eran una facción o un Partido Peronista Auténtico que había en Roma. Hoy día esas críticas no tienen valor histórico alguno. Al contrario, la biografía que tengo yo que es de hace unos veinticinco años; después de esa biografía de At Water han progresado muchísimo los estudios sobre la familia Borgia y ellos han sido más justificados todavía, hasta que un diplomático centroamericano escribió un libro sobre los Borgia que casi, casi, los hace santos; los limpia tanto que casi los deja sin ninguna acusación.

Las otras dos notas de unidad y catolicidad no dan mucha dificultad. Que la Iglesia Romana es una y no se ha desmigajado en sectas como todas las otras Pseudos que han existido, es obvio.

Que ella es Católica y está esparcida por todo el mundo; y San Agustín en una carta a un donatista le dice simplemente que cuando un extranjero llega preguntando por la Iglesia Católica, todos le señalan hacia la Iglesia de Roma y ninguno hacia las "partes Donati" o sea la fracción de Obispo de Numidia Donato, que enseñó que solo eran válidos los sacramentos hechos por un justo; y dio mucho que hacer tanto al Estado Romano (pues al fin se dedicaron al bandolerismo) como a San Agustín, pues cayó en él el gran Tertuliano,eminentísimo escritor cristiano, y le obligó a escribir innúmeros folletos, "Contra Petilianum Donatistam", "Contra Cresconium Donatistam", etc.; y entre ellos, uno muy curioso en verso con rimas, para que lo aprendieran de memoria los chicos del Catecismo "Psaimus contra partes Donati".

Para terminar, copiaré lo que dice el diario de hoy (sábado 20) acerca de Paulo VI, un Papa que se lo merienda cada día el Abate Jorge de Nantes y del cual Lutero hubiera hecho un banquete, porque es un Papa que tiene la esperanza de llegar a ser un Papa malo si gobiernan los diarios; la historia se hace a base de diarios y los diarios dicen lo que quieren. Si llegan a hacer la biografía de Paulo VI sobre todo si se guían por Jorge de Nantes lo van a hacer un Papa malo. Dice así el "Clarín":

"El Papa ha explicado a altos dignatarios de su amistad que no acepta rendirse a las enfermedades. Tengo una misión que cumplir y la cumpliré ha dicho—. Lo está haciendo en una de las épocas más turbulentas que ha vivido la Iglesia en sus veinte siglos de existencia, por el vértigo de cambios que afecta al mundo". (20975)

LA IGLESIA TERMINA EN EL PARAÍSO:

Es muy notable que en una sociedad tan admirable como la Iglesia, según hemos visto, cuando llega el momento de la salvación desaparece y se convierte en un instrumento. Porque la Iglesia no tiene misión fuera de la tierra. Las almas se salvan individualmente, una tras otra y la vieja institución permanece como instrumento de la salvación.

Estas dos tesis son las dos fases de una misma cosa, el "ULTIMO FIN" del hombre, o adquirido o perdido; de modo que es lo mismo pero al revés, como dijo Perogrullo. Pero la Sagrada Escritura trata diferente las dos cosas: el Paraíso en forma indirecta y apagada, el Infierno en forma abrupta y muy explícita. Jesucristo en su predicación explica poco del Paraíso; en cambio habló del Infierno explícitamente y cuando lo hizo, lo hizo fieramente.

Quizá la razón sea la que observó el gran teólogo belga Leonardo Lesio: "Cuatro misterios hay dificilísimos para nuestra mente: Trinidad de Dios Eucaristía Encarnación Infierno. Por eso, innumero de herejías existen acerca de ellos. Por eso también Dios se cuidó de confirmarlos tan fuertemente. Por eso trataré ambos seguidos pero separadamente, en esta clase uno y en la siguiente el restante.

EL PARAISO:

Jesucristo habló de él con alusiones, no de propósito, aunque está siempre presente en su predicación con el nombre de "Reino de los Cielos" que expresa que su Reino Terrenal ("Y le dará Dios el Trono de David, su padre") no es un final sino un principio, y que su Reino completo está después ("Y su reino no tendrá fin").

Por eso decimos que hay dos Iglesias —la Militante y la Triunfante— y que respecto de la segunda la primera es sólo un comienzo, menos aún, un instrumento. Es decir que la salvación de un alma individual es más importante que esa creación admirable que es la Iglesia Militante, ya que para eso se hizo. Si no hubiera más que una sola alma que salvar, hubiera hecho lo mismo.

Lo que hoy sabemos y enseñamos acerca de "la Gloria" (ver el tremendo discurso de Fray Luís de Granada en "La Guía de Pecadores", muy retórico pero muy completo) es una serie de fragmentos ensamblados. Para hacer ese ensamble el teólogo debe recurrir a la Filosofía Antigua, a la Filosofía Medieval, a los Cuatro Evangelios, a San Pablo, a San Juan y a todos los Santos Padres, o sea los Intérpretes, De ahí sacó Fray Luis de Granada su largo estudio sobre la gloria.

1° Pitágoras, Platón y Aristóteles sostenían que el alma es inmortal. La fiiosofía griega llegó a esta conclusión. Platón expuso esta tesis en el diálogo Fedón que narra la muerte de Sócrates, en la última conversación de éste con sus discípulos.

2° El hombre tiene un último Fin, un Bien Supremo, que es amado por sí y no por otro. Esto es de Aristóteles.

3° El Ultimo Fin del hombre, subjetivo, es la felicidad; objetivo, es Dios. Esto es de Sto. Tomás.

4° La felicidad la da la contemplación: que es el conocimiento de Dios intuitivo o cuasi intuitivo, o sea el conocimiento mejor, del objeto mejor, de la manera mejor. Ese es el fin del hombre y lo que da la felicidad, según Aristóteles. Pero él no sabía muchas cosas acerca de la contemplación, que trajo la Revelación de Cristo.

Porque la contemplación que Aristóteles propone como último fin del hombre es muy pobre y crea muchísimas dificultades. Porque uno se dice "Bueno —¿y ésta va a ser la contemplación mía?. Prefiero ir a China antes que hacer esa contemplación". Pero Aristóteles creía que poquísimos eran capaces de la contemplación en esta vida; pero en la otra vida, no sabía nada.

La Iglesia, hablando de la gracia de Dios que es un Don de Dios especial y de la contemplación sobrenatural, que es la contemplación de Cristo a la luz de la fe, amplió enormemente el círculo de la gente que es capaz de contemplación. Incluso Aristóteles niega terminantemente que los esclavos sean capaces de la contemplación porque él estaba pensando en la contemplación que tenia él, es decir, en la contemplación filosófica, contemplaba a Dios con los dones que le daba la filosofía y nada más.

5° — Por lo dicho más arriba sostenía Aristóteles que no todos los hombre eran capaces de contemplación.

6° — Tremenda aporía en Aristóteles (aporía significa dificultad, obstáculo que no se puede salvar). Esta aporía era pensar que aquello para lo cual fue creado el hombre no puede ser conseguido por todos los hombres. Esto es una especie de contradicción.

Entra Sto. Tomás — Primero recibe y confirma todos los aportes de la Filosofía Antigua, en el principio de la Segunda Parte de la Summa Teológica (la Summa tiene dos partes: segunda primera y segunda) a saber:

1° De si es propio del hombre obrar por un fin.

2° De si esto es propio de toda natura racional.

3° De si todos los actos del hombre reciben su especie del fin.

4° De si hay algún último fin de toda la vida humana. A todas estas cuestiones responde que sí y las razona.

5° De si puede haber varios últimos fines de un solo hombre. Lo niega.

6° De si el hombre lo ordena todo al último fin. Esto lo afirma.

7° De si hay un solo Ultimo Fin de todos los hombres. Dice que sí.

8° De si a este solo Ultimo Fin convengan todas las criaturas. También lo afirma.

Esto lo saca de la Filosofía Antigua. Luego él añade:

1° Sólo Dios puede ser el Ultimo Fin del hombre; y todos deben poder alcanzarlo (la. Has.).

2° Eliminación de todos los falsos fines últimos. Se pone a eliminar todo lo que los hombres tienen como bien supremo, todo lo que los hombres siguen aquí en la vida, equivocadamente muchas veces. P. ej.:

a No son las riquezas

b No son los honores

c No es la fama o renombre

d No es el poder

e No es la salud o algún bien del cuerpo

f No es el deleite

g No es algún bien del alma (como la ciencia por ejemplo).

h No es ningún bien creado

Termina allí la cuestión segunda antes de entrar al fin verdadero en particular, que es Dios alcanzado imperfectamente en esta vida y perfectamente en la otra.

Después se pregunta en qué consiste la felicidad (Ultimo Fin subjetivo). Si le preguntan a un hombre por qué hace todo lo que hace, diré que para ser feliz. Este es el último fin subjetivo pues hay una tendencia invencible en el hombre a la felicidad.

El niño, dice Aristóteles, hace todo en vistas al placer, a la mayor felicidad posible. Llega Sto. Tomás a la conclusión rigurosa de que debe haber una operación. 1° — no puede ser un hábito sino un acto. 2° — del intelecto. 3° — especulativo, no práctico. No de todas las ciencias, ni de alguna ciencia y tampoco de los ángeles (contemplar los. ángeles como decían los mahometanos. Algunos filósofos musulmanes habían dicho que la contemplación de un ángel era el último fin del hombre).

Debe ser la visión de Dios por esencia. Hasta aquí dice "Conforme" el filósofo.

Después dice lo que se requiere para la felicidad en esta vida, que son ocho cosas. Se requiere el deleite, el cuerpo, algunos bienes exteriores, la sociedad de amigos, etc. Está pensando en la felicidad comenzada en esta vida, porque sostiene que en ella existe una felicidad imperfecta o incoada. Esta felicidad hay que definirla y estudiarla. No tiene el pesimismo de muchísimos modernos que piensan que no puede haber felicidad en esta vida.

Continúa el Angélico poniendo con su análisis meticuloso, sólido y completo las bases psicológicas y metafísicas de su maravillosa Moral. Después que tiene definido el Ultimo Fin, empieza a ocuparse de los medios por los que se llega al Ultimo Fin y así llega a su Moral, de la cual vive hasta hoy el mundo occidental, incluso algunos que se creen o dicen antitomistas. Pero nosotros, debemos saltar a la ''Contra Gentiles", libro III, Cap. 48, donde dice: "Que la última felicidad del hombre no es en esta vida. . ." donde el hombre no puede ver la esencia divina. Pero el hombre está elevado a un estado sobrenatural por la gracia, la cual trae o suscita al morir los agraciados o salvados, el "lumen gloris" que los habilita a ver a Dios cara a cara, a todos, incluso a los esclavos —a los cuales el Filósofo (Aristóteles) negaba capacidad para la contemplación, o sea la Felicidad. Porque no vemos a Dios en esta vida sino por medio de conceptos. Como dice San Pablo: lo vemos como por espejos y adivinanzas. Porque los conceptos no pueden dar la visión directa de Dios. Cuando en la muerte el alma queda libre de sus ligaduras y se enfrenta con Dios tiene la visión directa de EL

Cae entonces la tesis de Aristóteles de que no todos los hombres pueden alcanzar la contemplación y por ende la felicidad, porque todos los hombres son capaces, con la ayuda de la gracia, del "lumen gloriae", que según dicen los teólogos es una especie de añadidura o luz especial que necesitamos para ver a Dios cara a cara, lo cual es una cosa sobreañadida a la naturaleza humana. Esta por sí sola no podría hacerlo, entonces la gracia suscita un auxilio especial que llama la luz de la gloria. ¡Caput la aporía de Aristóteles!

La visión beatífica no puede tenerse en esta vida si no es por una fugaz e imperfecta participación en algunos santos. Es una discusión larguísima entre los teólogos saber si

algunos santos pueden tener en esta vida la visión beatífica. Algunos santos hablan como si la hubiesen tenido. Muy pocos. Sta. Teresa en la "Séptima Morada" y en las "Bodas Espirituales". Santa Catalina de Siena en la "Muerte Mística". La visión beatífica llena por ella misma todo deseo posible del hombre, no se puede perder y tiene diversos grados. Hasta aquí Sto. Tomás.

ENTRA JESUCRISTO

Solamente hace escasas alusiones: "Tendrá un tesoro en el cielo", al muchacho que quiere convertir. "El ciento por uno en esta vida y después la vida eterna", a los Apóstoles. "Hoy mismo estarás conmigo en el Paraíso", al Buen Ladrón. "Venid benditos de mi Padre al Reino que os tiene preparado", en la Parábola del Juicio Final. "Mejor te es entrar manco en el Reino de los Cielos..."

Después vienen las alusiones al cielo en varias Parábolas, bajo la metáfora de un convite de bodas, como en día de los Invitados, y en la de las Vírgenes Prudentes... Finalmente, la continua referencia en la denominación del "Reino de los Cielos" y la Vida Eterna —sobre todo en las Bienaventuranzas—. Multitud de menciones también de la Resurrección. "Entonces serán como ángeles del cielo". Cuando hablaba de la Resurrección, hablaba de la propia y de la nuestra. Solamente en San Juan hay 15 alusiones al Paraíso:

III 5 — "Para que no perezca sino que tenga vida eterna".

III 36 — "El que cree en el Hijo tiene la vida eterna".

IV 14 — "Se hará en él una fuente de agua viva que salta hasta la vida eterna".

IV 36 "Y junta fruto de vida"

V 24 — "El que cree en el que me mandó tiene vida eterna"

V 40 — "Si queréis venir a Mí para tener la vida eterna".

VI 27 33 40 — "Buscad no tanto el manjar que se consume sino el que dura hasta la vida eterna". . . (y repite dos veces más en el recitado de la Eucaristía en Cafamaún)

VI 54 — "Si no coméis Mi cuerpo no tendréis vida en vosotros",

X 10 — "Vine para que tengan vida y vida más abundante"

X 28 — "Y Yo les doy la vida eterna y no perecerán".

XVII — "Y la vida eterna consiste en conocerte a Ti, Dios solo verdadero y a quien enviaste".

XX 37 "Para que creyendo tengáis la vida en su nombre. . ."

Ninguna alusión al amor humano ni cita vez alguna al Cantar de los Cantares, que es un epitalamio bien atrevido, que según los intérpretes significa de la manera más eficaz y aproximada posible la unión de Dios y el alma. El Cantar de los Cantares los hebreos lo prohibían a los jóvenes, para los menores de 30 años y también las profecías de Daniel hasta esa edad estaba vedado leer; yo no sé bien ésta por qué. Quizá porque habla del Anticristo de una manera muy fuerte que podía traer desesperación si la leyeran los jóvenes.

ENTRA SAN PABLO

"Ni el ojo vio, ni el oído oyó, ni mente humana pudo saber lo que Dios tiene preparado para los que le sirven".

II Corintios XII, 4 — "Si elegimos gloriamos (aunque no conviene) vendré a las visiones y revelaciones del Señor. Conozco en Cristo a un hombre, (se refiere a él mismo) que hace menos 14 años (si estaba en su cuerpo no sé, si fuera de él no lo sé. Dios lo sabe) que fue arrebatado hasta el tercer cielo. Y sé que tal hombre (si en el cuerpo o fuera de él no lo sé, Dios lo sabe) que fue arrebatado hasta el Paraíso, oyó allí palabras arcanas, que no es permitido decir al hombre. . .". También Sta. Teresa, refiriéndose a la séptima morada, afirma que no se puede describir, que es inefable.

En el mismo San Pablo es frecuentadísima la mención de la Resurrección de Cristo "en quien todos hemos resucitado". Es el centro de la Revelación de Cristo y provoca en el apóstol un entusiasmo delirante (si me es lícito decirlo así). En nuestro bautismo, según él, hemos sido sumergidos en la muerte y en la Resurrección del Salvador, que hace a nuestro cuerpo superior no sólo al mineral, a la planta y al animal, sino también a los cuerpos no bautizados; es una semilla de la Resurrección que el Apóstol no vacila en llamar "cuerpo celestial".

Veintidós veces nombra San Pablo la Resurrección en sus Epístolas, conectando la nuestra con la de Cristo y la de Cristo con la Parusía o "resurrección de la carne", la cual el Apóstol no llama como nosotros "segunda venida" o Retorno de Cristo.

Un teólogo actual, un filósofo más bien, Adolfo Muñoz Alonso, en un libro que escribió sobre el Infierno que se llama "La cloaca de la Historia", toma de San Agustín esa idea; dice que no debemos decir "retorno de Cristo" porque Cristo no retorna; somos nosotros los que subimos a Cristo. Cristo no baja a la tierra por segunda vez. Somos arrebatados hacia El.

Copiaré uno de los textos principales (I Cor. XV 35). Todo el final de la I Epístola a los Corintios cap. XV— trata de la Resurrección; desde el versículo 35 dice acerca del MODO: "Dirá alguien ¿cómo resurgen los muertos y con qué cuerpo vendrán? "Ignorante, lo que tú siembras no revive sin morir pri mero. Y lo que siembras no es el cuerpo que vendrá sino un desnudo grano, como de trigo o de otros cereales. Dios le da a ello un cuerpo como le place, y a cada semilla su propio cuerpo.

"No toda carne es igual; una de los hombres, otra de los animales, otra de las aves, otra de los peces. Y cuerpos celestes y cuerpos terrestres, y una es la gloria de los celestes, otra de los terrestres. Pues una es la claridad del sol, otra de la luna y otra la de las estrellas; pues de una estrella a otra difiere la claridad; así en la resurrección de los cuerpos".

"Se siembran en corrupción (griego Fthora, podre) resurgirán en incorrupción. Se siembran en ignominia, resurgen en nobleza. Se siembran en debilidad, resurgen en virtud. Se siembra cuerpo animal, resurgirá cuerpo espiritual".

"Si hay cuerpo animal hay también espiritual, como está escrito: "Y fue hecho Adán .en psiquis viviente, mas el nuevo Adán en espíritu vivifica. Pero no primero lo que es espiritual, sino lo animal y después lo espiritual. El primer hombre de la tierra, terrestre; el segundo hombre, del cielo, celeste. Así pues, como hemos llevado la imagen del terrenal, llevemos también la imagen del celestial..." y sigue el arrebato y la gloriosa transformación de los resucitados.

Hay un pasaje difícil acá que no es necesario tomar literalmente o como una manera de decir de San Pablo. Dice que al venir Cristo resucitarán los muertos, no todos juntos, sino que los primeros que resucitarán será una tanda de muertos que son los martirizados por el Anticristo y que han sido constantes en la persecución al mismo tiempo, dice San Pablo, los que vivimos, los que estemos en la tierra, saldremos al encuentro de Cristo Glorificado en el aire. Ahora qué quiere decir eso, no lo sabemos. San Pablo creía que la Parusía estaba cerca, como lo creían todos los primitivos cristianos. Entonces creía que iba a vivir cuando se produjese la venida de Jesucristo. Entonces dice que resucitaremos después de morir un instante, porq;ue nadie se escapa de la muerte. Para resucitar es necesario morir primero. Y saldremos al encuentro de Cristo por los aires. Algunos dicen que eso es una manera de decir, en tanto otros sostienen que es literal.

La filosofía griega, desde Pitágoras hasta Plotino, había deducido la inmortalidad del alma, de que ella era inmaterial y simple, como ella se manifestaba a la conciencia. Analizando el acto intelectual del hombre veían que era simple e inmaterial, que no estaba sujeto al espacio y que no estaba compuesto de partes. Por lo que decían que el alma que lo produce no podía descomponerse porque para descomponerse hay que tener partes. Pero los hebreos no hablaban nunca del alma; siempre hablaban del hombre entero, hablaban de la resurrección de la carne, como decimos nosotros. No creían que el cuerpo, solo, materialmente, iba a resucitar. Naturalmente, el hombre solo no podía hacerlo. Por eso Jesucristo les dijo a los saduceos cuando vinieron y le pusieron una dificultad referente a quién pertenecía la mujer viuda que había casado con varios hermanos sucesivamente: "Insensatos, erráis porque ignoráis la Escritura y el Poder de Dios..." La secta de los saduceos negaba la resurrección como los incrédulos actuales que son ambos los adversarios deste dogma, el final y la cúspide del Credo.

Después de San Pablo remata nuestra tesis la Epístola I de San Juan (III 2)

"Carísimos, nosotros somos ya ahora

Hijos de Dios;

Pero lo que seremos algún día

No aparece todavía

Sabemos sí que cuando se manifieste

Seremos semejantes a El

Porque lo veremos como El es..."

Por la visión beatífica seremos unidos al Ser de Dios y seremos como dioses, es decir semejantes a El. Esta es la promesa falsa que hizo el diablo a Eva. No se puede decir cosa mayor que esa. Seremos unidos íntimamente porque los espíritus se unen por el intelecto y el nuestro, confortado con una ayuda especial llamada el "lumen gloriae" o luz de la gloria, se fusionará con el Creador con una fusión espiritual que no solamente no hemos visto nunca, sino que no podemos imaginar siquiera, como dice San Pablo. San Pablo dice que no se puede contar lo que le pasó cuando estuvo en el tercer cielo. Sta. Teresa habla de seis o siete maneras de oración extraordinaria. Hubo muchos místicos que no supieron explicar el grado de oración extraordinaria, pero Sta. Teresa lo explicó magníficamente. Primero de recogimiento, después de quietud, tercero de unión (que tiene tres o cuatro grados, el arrobamiento, el desposorio espiritual, el matrimonio espiritual). La sétima morada renuncia a explicarla como imposible, pero tiene una comparación: que hay tres maneras de unión con Dios, como por ejemplo dos velas que se pueden unir por las llamas, después hay otra unión más nítida que es juntando las dos velas y la tercera es la más subida, es decir, fundiendo las dos velas sin que desaparezcan las dos llamitas, sin que la personalidad humana sea aniquilada o deshecha por la personalidad de Dios, sino que las dos personas permanecen cada una ella misma, pero lo que se siente y lo que se ve se funde en Dios de tal manera que no se puede separar.

¿Pero, me ha dado Dios vestigios o ejemplos de ese sublime y divino estado a que estamos destinados? Sí, en el mismo San Pablo, cuando fue arrebatado al tercer cielo. Una antiquísima tradición o doctrina teológica enseña que Moisés (como está escrito en el Antiguo Testamento) y San Pablo, (como este mismo dice) vieron a Dios cara a cara, o sea en su propio ser y no por espejos o enigmas como nosotros. A esto se oponía lo que dijo el mismo Dios: "Nadie puede ver a Dios en esta vida y seguir viviendo". Se abrió una discusión interminable sobre este punto, desde San Agustín, cuya opinión varía desde la juvenil a la de la madurez. Habían aparecido dos nuevos candidatos a la visión de Dios en esta vida, San Benito y ¡abajo los sombreros! la Santísima Virgen María. Sto. Tomás instituye un análisis profundo y minucioso en varias obras, sobre todo las dos Summas, cuyas conclusiones últimas parecen ser:

1 —Milagrosamente. Dios puede conceder un cachito de la visión beatífica en esta: vida, como sin duda concedió a San Pablo.

2 — Esta visión es fugaz como un relámpago, imperfecta y rarísima.

3 — Solamente puede darse en un rapto, o sea medio fuera de la vida ("si estaba en mi cuerpo no lo sé, si fuera de mi cuerpo no lo sé, Dios lo sabe"). De María Santísima no dijo nada Sto. Tomás, no quiso meterla en cuestiones a la Reina de Cielos y Tierra, pero antes había dicho en la Summa (III qu, 27, a, 5) que Ella recibió toda la plenitud de gracias que pueden caber en una criatura, lo cual ya había indicado el Ángel ("llena de gracia").

Pero después surgieron otros candidatos: Adán, los fundadores de las órdenes religiosas como San Ignacio (que dicen tuvo en Manresa un rapto de siete días) es dudoso esto; un rapto debe haber tenido, pero de siete días ya es mucho decir. Y como no tenemos más testimonios que los de los vecinos de Manresa que lo dieron por muerto, no es tan seguro como el testimonio de Sta. Catalina de Siena, que estuvo tres días como muerta, de tal manera que la iban a enterrar y cuando despertó se encontró con que le habían puesto ya la cera en los ojos para enterrarla.

Dijo que había tenido un rapto y dictó —porque no sabía escribir— su obra principal que se llama "El diálogo". Este rapto sí lo creo. También tuvieron raptos San Juan de la Cruz y la postrera pero no la última (last but not least) Sta. Teresa de Ávila, la que también habla de un rapto y dice que incluso el cuerpo pierde calor y queda como muerto.

Dios hizo para nosotros un milagro que debe faltar poco para no ser igual a la creación del mundo. Una santa que era a la vez una gran escritora, capaz de analizar su interior mejor que Sto. Tomás, la cual hizo el análisis de la "oración extraordinaria", como ya he dicho, hasta llegar a la Séptima Morada o Cumbre de Contemplación (o Muerte Mística para Sta. Catalina de Siena).

Y desta cumiare Sta. Teresa dice lo mismo que San Pablo, que no es posible decirla ni describirla, ni explicarla, ni entenderla, y que ella cree que es descubrir en un relámpago fugitivo alguito de lo que ha de ser nuestro destino eternal. En cuanto a la excelencia deste favor extraordinario y momentáneo no tiene palabras para ponderarlo, ni yo tengo palabras para recordar lo que han dicho de él algunos demoníacos contemporáneos, como Pierre Janet, Leuba y los argentinos Ingenieros y el Dr. Ombra Bella, que desprecian todos los fenómenos místicos de los santos y lo atribuyen a cualquier cosa, como Freud a la sexualidad.

Sin embaído, por grande y pasmosa que sea esta rarísima y excepcional experiencia que se da solamente "per modus actus, no per modus habitus", es decir que se da en un acto momentáneo y no queda luego como hábito, es mayor lo que dice San Juan que seremos "semejantes a Dios" y fundidos y asimilados a El como si fuésemos El mismo.

Y llegamos por fin al Apokalypsis, que al fin y al cabo tiene por asunto la resurrección de los muertos y todo lo que la precede. Y todo lo que nos describe del cielo son los cuatro animales, los veinticuatro ancianos y millares de ángeles que están rodeando el trono de Dios con cítaras canta que te canta; que nos hacen acordar lo que dijo el chico a la madre que le explicaba la gloria del cielo; "mamá, y si nos portamos bien toda la semana; ¿el domingo podemos ir al infierno a divertirnos un poco?".

En efecto, cuando llega el momento de mostrarnos el mundo de los resucitados, el Vidente no describe gran cosa, describe una gran casa o palacio que baja del cielo y asienta en el Monte Sión, edificada "ex vivis et electis lapídibus" que dijo San Pedro, de electos y vivientes sillares. Cada una de las almas en su lugar, componiendo una armonía perfecta. Pero la ve como una casa o palacio, que no dice nada. Si va a bajar realmente del cielo una ciudad de 16.000 millas cuadradas, de medidas inverosímiles, 12.000 estadios de anchura, longura y altura —o sea en forma de cubo— no lo sé ni me importa mucho. En realidad es un símbolo que a algunos no les gusta mucho por ser "una ciudad mineral, una ciudad fría y metálica", como dijo el Canónigo Viñas; un símbolo del mundo nuevo de los resucitados, pues dice la Voz Magna —Velay la morada— De Dios con los hombres — y ellos serán su pueblo — Y El con ellos su Dios. Y los ladrillos desa casa son todos piedras preciosas y oro.

Las basas, que son doce, son de jaspe, zafiro, jalcedón, esmeralda, cornalina, sardón, crisólito, berilo, topacio, crisópaso, jacinto, amatista. Y las 12 puertas ¡cada una perla! Menos mal que hay también un río de Aguas de vida, y del río aquende y allende el Árbol de la Vida que da doce frutos, cada mes un fruto y las hijas del árbol medicina para las gentes.

Pero lo que a mí más me contenta es que "no entrará nada manchado en ella" —en la Nueva Jerusalén— ni los que hacen asquerosidad y mentira y lo que es más, en esta "morada de Dios con los hombres" no habrá más enfermedades, "pues la muerte ya no será". Y secará Dios las lágrimas de sus ojos. Ni el grito ni el luto ni la pena, ya no serán. Porque lo de antes pasó. Con esto, aunque sea negativo, a mí me basta. Si hay más ya lo veremos.

El gaucho uruguayo Salaberry —mi maestro de filosofía de quinto año— decía que lo que más le contentaba era el dote de agilidad.

La agilidad es la posibilidad de moverse instantáneamente de un lado a otro. También los resucitados tendremos las cuatro dotes que mostró Cristo Resucitado a saber: impasibilidad (no poder sufrir, ni enfermarse, ni morir) agilidad, que ya lo dije, sutileza, poder pasar por los cuerpos sólidos como pasaba Cristo en el Cenáculo, y claridad o belleza. Con el don de agilidad podremos viajar por todos los astros desta galaxia y las demás y comprar un lotecito, digamos en Júpiter, con una casita para recibir visitas de compinches; pues en todo el Universo sí que habrá espacio para los miles de millonadas de salvados.

Mark Twain hace una sátira bastante estúpida de la Resurrección, diciendo que no cabrán todos los resucitados en esta tierra. Pero quién le dice a él que vamos a estar todos en esta tierra. Podremos estar en todas partes, donde queramos. Este escritor, con ese cuento que se llama "La Visión del Capitán Ringless" o algo así, cree postrar a la Iglesia diciendo estupideces. Lo cierto es que en la Nueva Jerusalén del Apolaketa, simplemente no cabe ni la millonésima parte de los resucitados, dicho con todo respeto. La Resurrección es más verdadera que el triste, hecho que todos habernos de morir. De modo que podemos morir tranquilos.

LA SANTIFICACIÓN

El Espíritu Santo es Vero Dios.

En Dios hay tres Personas.

El Espíritu Santo Santifica.

EL espíritu santo ES VERO DIOS.

El Espíritu Santo es Dios:

Hay que probarlo, pues ha sido un desconocido durante mucho tiempo. Recién al final de su vida Cristo comenzó a afirmar que el Espíritu Santo era Dios, y que provenía de El y del Padre, lo cual trajo después un tremendo cisma, el cisma griego, que no quería saber nada con que el Espíritu Santo procediera también del Hijo: tenía que proceder solamente del Padre.

Que Jesucristo es Dios ("el Hijo de Dios") lo hemos probado en la primera tesis. Que el Padre es Dios nadie lo duda, ni los judíos con su estrictísimo monoteísmo, ni Jesús que lo llama Dios de continuo, ni hereje ninguno, sino sólo los ateos.

Los adversarios de esta tesis son Macedonia (año 360) que fue un arzobispo usurpador de Constantinopla, puesto fraudulentamente por el Emperador arriano Constancio, hijo de Constantino, el último de los hijos que sobrevivió. Fue precedido por Arrio y seguido por muchos arríanos y semiarrianos a quienes San Atanasio llamó "Pneumatómajos" que significa los que matan el espíritu. Arrio había dicho que el Espíritu Santo había sido creado de la nada por el Hijo, siendo así que Dios no puede delegar el poder de creación en nadie. Dios no puede comunicar a una criatura el poder de crear y el Hijo, según Arrio, era una criatura del Padre.

Por supuesto, todos los que niegan la Trinidad niegan el Espíritu Santo. Estos son: 1°) los monarquianos (que dicen que hay una sola persona); los racionahstas (que también niegan la Trinidad) y los sabellianos (Salebio dijo que las tres personas eran tres modos de Dios, como tres nombres y eso lo dijo entre nosotros Leopoldo Lugones mucho tiempo; casi hasta el fin de su vida afirmaba que en Dios había tres cualidades que eran Verdad, Bondad y Beldad.

Yo lo visité mucho al hermano mayor Santiago Lugones antes de morir, porque la señora me llamaba y al final terminé por confesarlo dificultosamente y después la familia hizo venir el viático. Había hecho una poesía en que decía que Dios era, como he dicho. Verdad, Bondad y Beldad. Pese al error la poesía era hermosa). 2°) Los que niegan la divinidad del Espíritu Santo (Pneumatómajos) y 3°) Los que niegan la unidad (los triteistas que creen que hay como tres dioses).

Y en nuestra imaginación todos los somos un poco, pues en nuestra imaginación los representamos no sólo como tres personas distintas sino también como tres sustancias diferentes. Y no podemos hacerlo de otro modo, es imposible para nosotros imaginamos una sustancia o naturaleza con tres personas. No podemos ni siquiera tragarlo eso. Más aún los que nos hemos formado en la filosofía griega. Se enumera al Gran Rosmini Serbate, como uno de los adversarios del Espíritu Santo, pero es una calumnia.

El misterio de la Unidad y Trinidad de Dios ha sido objeto de una especulación complicadísima, mayor que ningún otro. Hay que leer los libros que he conservado yo de mis estudios, para ver lo" difícil que son, aún hoy, después de haberlos estudiado y releído. Toda esta complicación se debe 1°) Al enjambre de herejías de los cinco primeros siglos; 2°) Al cisma griego del siglo IX; 3°) Al racionalismo y al modernismo actual. Yo, si me preguntan cuál es el esquema o quisicosa diría: En Dios hay UNA natura, DOS procesiones, TRES personas, CUATRO relaciones y CINCO nociones y podría explicarlas mal que bien, pero si me preguntan qué es la "Circumincesión" o la "perijosis" no lo sé; y nunca lo he sabido, salvo dos horas antes del examen.

LAS CINCO NOCIONES SON:

1°) la inmacibilidad que es propia del Padre,

2°) la paternidad,

3°) la filiación, que son propias del Padre y del Hijo respectivamente,

4°) la expiración común, que es la relación del Padre y el Hijo con el Espíritu Santo y

5°) La procesión que es la aparición del Espíritu Santo, su nacimiento o como quieran llamarlo, aunque propiamente no es eso pero lo conciben como una expiración, como si fuere soplado.

La prueba de que el Espíritu Santo es Dios, es que, después de aparecerse dos veces visiblemente, en el Bautismo de Cristo y en Pentecostés, (lo cual no probaría que es Dios) Cristo habla del Espíritu del Padre y suyo como una persona distinta a la que atribuye atributos divinos. Los Apóstoles lo llaman Dios explícitamente. Cristo le atribuye al Espíritu Santo, poco a poco, especialmente en sus últimos sermones, en la Ultima Cena, atributos divinos: que inspiró a los profetas, que inspiró también a los libros sagrados; el Ángel le atribuyó el nacimiento del Hijo de Dios. Hablaremos más tarde de una cosa curiosa que es la apropiación. Todos dicen que las obras de Dios "ad extra", hacia el exterior, es decir hacia nosotros, proceden de las tres divinas personas a la vez, sin embarco se ha hecho la costumbre en la Iglesia, de apropiar una obra al Padre que es la Creación, otra obra al Hijo, que es la Redención y otra el Espíritu Santo qué es la justificación, siendo así que todas las obras proceden de las tres personas a la vez, de un solo Dios.

San Juan XV —26— "Cuando viniere el Paráclito Consolador —dice Jesús— que yo os mandaré desde mi Padre, el Espíritu de Verdad, que procede del Padre, El prestará testimonio de mi..." Aquí Jesús indica de paso que el Consolador procede del Padre y del Hijo, como creemos nosotros y negaban los cismáticos griegos (“Filioque").

"Id y enseñad a todas las gentes, bautizándolas en nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. . ." El "nombre" está en singular y los tres apelativos son un plural; y no dice "en los nombres". San Agustín dice: "Fíjate en el "nombre" y fíjate en el "somos'. "Estos dos textos principales bastan para probar la divinidad del Espíritu Santo".

"Et in Spiritum Sanctum dominum et vivificantem, qui ex Patre Filióque procedit. . ."(Y en el Espíritu Santo, señor y vivificador, “que procede del Padre y del Hijo" —Credo de Nicea). Esta palabra "y el Hijo" (Filioque) sirvió para separar de la Iglesia millones y millones de fieles. El "que" es una preposición copulativa, que se pone detrás de las palabras en lugar de ponerlas entremedio de ellas.

Primero Focio, obispo usurpador de Constantinopla, noble y erudito, pero ambicioso, pérfido y cruel; y después de su muerte Miguel Cerulario, separaron de Roma toda la Iglesia de Oriente inventando una iglesia independiente que se llamó "la religión ortodoxa". Digo que se llamó porque ya no existe, los bolcheviques la han disuelto. El pretexto fue que Roma había caído en herejía, diciendo que el Papa enseñaba que el Espíritu Santo procedía del Padre y del Hijo y no del Padre solo; y la prueba era que en España habían añadido el "Filioque" (y del Hijo) que no estaba antes. Por esa palabrita negaban la obediencia a la Santa Sede. Pero eso es un pretexto. No sabemos nada de la realidad de Dios; repetimos lo que hemos leído en los Evangelios.

La verdadera causa no era esa palabrita o pedacito de palabra, la verdadera razón era la rivalidad mortal que existía entre Roma y Constantinopla, las dos capitales del Imperio. Roma había sido la Capital y estaba arruinada por los bárbaros, pero seguía siendo la capital de la religión.

Entraron otras herejías y también aberraciones morales en la Iglesia griega, después rusa. Hubo un gran escritor español, que ha estudiado el estado del cisma griego hasta

hace unos diez años, señalando que se corrompió de una manera extraña, terrible. Esas aberraciones se pueden encontrar por ejemplo en Dostoiewsky. El sacerdocio —los popes— echaron a perder la iglesia griega y el pueblo siguiéndolos se corrompió también. Se hicieron dos grandes tentativas para reunir a las dos grandes Iglesias; una por parte de San Buenaventura, compañero de Santo Tomás, estuvo a punto de tener éxito, en el siglo XIII en el Concilio de Lyon y la otra en el siglo XV en el Concilio Florentino, pero fracasaron ambas. El "Filioque" se había perdido ya de vista.

En realidad, como ya dije, el "Filioque" fue un pretexto que tapaba los profundos motivos de política y ambición; de la rivalidad profunda entre la Capital del Imperio, la suntuosa Constantinopla y la mísera y arruinada Roma, Capital de la religión: De manera que cuando el Emperador Miguel II el Beodo escribió al Papa Nicolás I protestando contra algunas decisiones enérgicas que tomó en el larguísimo pleito con Oriente, dice:

1) Que los Emperadores habían usado siempre con el Papa la palabra "mandamos".

2) Que la lengua latina era una lengua bárbara.

3) Que la Nueva Roma (así llamaban a Constantinopla) no era inferior a la sede de los Papas, sino superior si acaso.

4) Que el Patriarca Ignacio había sido depuesto con todo derecho por Focio, Lo había depuesto de mala manera para ponerse él. El Patriarca Ignacio fue un gran sacerdote que soportó la deposición y el destierro todo el tiempo que pudo pero Focio le quitó la sede.

La cama donde se echó Focio, que tuvo dos triunfos y fue Patriarca dos veces, porque vino un emperador bizantino que lo echó en un momento dado y volvió a poner a San Ignacio y después volvió a triunfar Focio y se metió de Patriarca y se portaba como si fuera un Papa; era una corte corrompida, un gobierno acostumbrado a meterse en el gobierno eclesiástico y un clero presuntuoso envidioso y al final también corrupto. El Papa envió dos legados para tratar de arreglar las cosas y tratar con esa gente tan difícil, pero eran embaucados o corrompidos, a veces los engañaban y a veces los corrompían con dinero. Cuatro Papas lucharon contra esta situación enredadísima, Nicolás I el Grande, Adriano II, Juan VIII y Formoso I.

El cisma cesó provisoriamente para fijarse definitivamente en el siglo siguiente con Miguel Cerulario.

Focio fue un hombre gigantesco, como Lutero, aunque fuera para mal. Murió olvidado y encerrado por León VI, hijo adulterino de Miguel III el Beodo y la mujer del Basileus Basilio (Mejor es llamar al Emperador Basileus y a Constantinopla Bizancio, aunque se pierde aquello de

"Al Arzobispo de Constantinopolis

Lo quieren desarzobisconstantinopolizar,. .")

Siguió un período de poca amistad entre Roma y Bizancio, con Basileus ejerciendo el cesaropapismo; o sea, metiéndose en el gobierno eclesiástico y con excomuniones (cada Iglesia se la pasaba excomulgando a la otra), con los árabes por un lado y los visigodos por otro invadiendo las fronteras, hasta que llegó el Patriarca Miguel Cerulario en 1402, el responsable de la ruptura definitiva.

Era muy diferente de Focio; era iletrado, violento y ferozmente antilatino. Para qué contar la serie de choques y rencillas con el Papa. Baste decir que al fin amotinó al pueblo contra los legados del Papa que tuvieron que huir y reunió un "sínodo" que excomulgó al Papa y a su Iglesia, acusándola de no venerar a San Basilio ya San Juan Crisóstomo, de afeitarse la barba, guardar el celibato y no casarse como sus sacerdotes, tomar leche los miércoles y comer huevos los viernes en vez de ayunar; y sobre otras cosas así, la tremenda herejía del Filioque, que nadie sabía lo que era pero todos le tenían horror.

Le habían infundido al pueblo horror a esta palabra aunque no sabían qué quería significar, ni lo supieron, ni les importaba nada que procediese el Espíritu Santo del Padre y del Hijo. Solamente la Iglesia de la Nueva Roma mantenía la fe, según este sínodo, la cual se convirtió en la Religión autodenominada "ortodoxa" o sea "que piensa bien". Ortodoxia significa opinar rectamente. Murió en 1058, dejando una religión nueva que duró 10 siglos y pronto se llenó de basura y perros muertos; hasta que la hicieron trizas los bolcheviques. Los bolcheviques no nacieron de Carlos Marx sino de esa pésima situación de la Iglesia Rusa. No les importaba nada Carlos Marx, lo que les importaba era mandar, gobernar, tiranizar e independizarse.

¿Qué hay de verdad en el "Filioque"?

Un Concilio, el ecuménico II de Constantinopla, no nombró al Hijo por un casual, pero desde siglos antes los Padres Orientales, lo mismo que los occidentales, enseñaban en los concilios y en sus textos que el Espíritu Santo procedía del Padre y del Hijo, con esta fórmula: "procede del Padre por el Hijo" y esa forma han querido renovarla varias veces, por ejemplo algunos rusos como Soloviev, que quiso juntar la Iglesia Rusa con la Romana: un gran filósofo, el único filósofo que han tenido los rusos, muy devoto, un santito, que toda la vida luchó para unir las dos iglesias diciendo que la de Roma era la verdadera, que ellos estaban mal.

Soloviev

Luchó muchísimo y lo único que consiguió fue que sus compatriotas lo persiguieran; de todas maneras no pudo parar en Rusia ni pudo editar un solo libro suyo en ese país, debió editarlos en Francia.

En Roma tampoco le hicieron caso. Resulta que el Cardenal Merry Del Val lo desdeñó.

Murió en 1900 justo y entró en la Iglesia Católica antes de morir, haciéndose dar los sacramentos por un sacerdote católico aunque él creía que los sacerdotes rusos también consagraban válidamente, lo cual es muy probable.

En fin, al pueblo no le importaba esta disputa, de si el Espíritu Santo procede del Padre por el Hijo, etc., porque "al fin y al cabo nosotros no tenemos que darles de comer".

Los españoles, siempre vehementes, ya desde el año 380 en el "De fide Dámaso” decían "del Padre y del Hijo", lo cual se dijo en todas partes menos en Roma, donde Carlomagno lo prohibió, por no indisponerse con los orientales; pero después León III, Papa, lo hizo grabar por todas partes en latín y en griego; hasta que Focio en el año 867 reunió un Concilio en Santa Sofía y excomulgó al Papa. El Papa a su vez reaccionó, juntando a los

Obispos de Germania que le levantaron la excomunión y aprobó el Filioque y ahí está todavía en nuestro Credo "Qui ex Patre Filioque procedit".

¿Cómo se prueba el Filioque?

En la Escritura tenemos que es "el Espíritu del Hijo", el cual lo "envía", lo "recibe" y lo "oye".

Primera Epístola de San Pedro, Primer Capítulo: "De la cual salud han exultado los profetas, que significaba en ellos en aquel tiempo el espíritu de Cristo".

San Juan, Capítulo 16: "Cuando viniere el Espíritu de Verdad no hablará de suyo sino que lo que oye lo hablará de Mi. El me calificará, porque recibirá de Mí y os anunciará a vosotros. Yo lo que oí a mi Padre eso lo anuncio en el mundo". De manera que aquí aparece como el Espíritu del Padre.

Y si en vez de proceder del Padre y del Hijo procediera tan sólo del Padre ¿Qué pasa? A mí nada. A Focio tampoco. Lo que le interesaba era ser Patriarca, como a Miguel II el Beodo, mandar en su tierra más que el Papa.

Tremenda es la justicia de Dios porque esta gente que hizo el gran crimen de separar millones de personas de la Iglesia Romana y con eso romper a una gran nación, acabó en lo que hemos visto, ahora es una morada de Satanás.

Para terminar recordemos los nombres espléndidos que la Iglesia prodiga al Espíritu Santo en los dos hermosos himnos latinos que se cantan en su Misa:

􀂾 Padre de los pobres

􀂾 Dador de dones

􀂾 Luz del corazón

􀂾 Consolador Optimo

􀂾 Dulce huésped del alma

􀂾 Dulce refrigerio

􀂾 Descanso en el trabajo

􀂾 Templanza en los ardores

􀂾 Consuelo en el llanto...

􀂾 Tu llamado el Paráclito

􀂾 Don del Dios Altísimo

􀂾 Fuente viva, fuego amor.

􀂾 Unción Espiritual.

􀂾 Dedo de da diestra del Padre.

􀂾 Y su promesa segura.

EN DIOS HAY TRES PERSONAS

El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo no son una sola persona, son una sola sustancia o hipóstasis.

Hemos encontrado tres personas divinas, que son Dios en el más estricto sentido de la palabra y ahora nos dicen que las tres son una sola cosa. Nos abocamos al misterio, un misterio inmenso. En cierto modo es más difícil que el misterio de la eternidad de Dios, porque al fin y al cabo esta idea los griegos la profesaban, pero la unidad de Dios en tres personas no fue concebida por nadie. Si Santo Tomás siguió a Aristóteles, fue separándose de él en la noción de hipóstasis y persona.

Aristóteles, llamado "El Filósofo" por antonomasia, había enseñado en Grecia primero, después en Europa por medio de los árabes y de los grandes italianos medievales la teoría de la "personalidá", como dice el uruguayo; y he aquí que viene la religión cristiana a chocarlo:

¿Puede haber tres personas que poseen una misma natura?

—No —dice el Filósofo— Persona es una sustancia individua de natura racional. Donde quiera haya una natura racional completa allí hay una persona y viceversa.

Esta sería la respuesta de Aristóteles si uno le hablara.

—¿Y si yo te dijera que hay tres personas en una sola natura?

—No es posible.

—¿Y si yo te dijera que estoy seguro de eso?

En la tierra nunca se ha visto —diría Aristóteles.

— Yo no digo en la tierra. ¿Es enteramente idéntico, en la cosa y en el concepto, la natura y la persona?

—No. La persona añade algo sobre la natura.

—¿No podría haber tres hipóstasis o supuestos participantes de una sola naturaleza común?

—No lo sé, diría Aristóteles. No puedo creerlo. Y no lo puede saber. Porque es cosa de Revelación.

Este es el atolladero con que nos encontramos hace 20 siglos, más los filósofos que el vulgo. Al vulgo no le importa mucho. Generalmente procede como si fuesen tres dioses y nada más.

LOS FILÓSOFOS ADVERSARIOS DEL MISTERIO DE LA TRINIDAD SON PRINCIPALMENTE:

1°) Los que niegan las personas, convirtiéndolas en "modos" o aspectos de la Divinidad: son los "modalistas" o "sabelianos" de los que ya hablamos.

2°) Los que niegan la unidad, poniendo tres dioses, que son los Triteistas, que existieron también.

3°) Algunos más curiosos, los que niegan el misterio, creen que eso puede entenderse con humanas entendederas, por lo menos después de haberlo revelado Dios. Creen que se puede probar con la razón una vez que lo sabemos. Aquí hallamos dos hombres muy excelsos, casi santos: el mallorquín Raimún Lull, (beato Raimundo Lulio) en el siglo XIII y en nuestros tiempos el Venerable Antonio de Rosmini Serbati; marqués, fundador de órdenes y muy gran filósofo.

Otro sabio como ellos pero no santo ni de lejos es citado junto a ellos por la historia de la Filosofía, el famoso Pedro Abelardo, del Siglo XII, espíritu agudo, aventuroso y travieso, pero en sus obras mayores, que tengo, es del todo correcto acerca del misterio trinitario. Debe haber sido una de tantas escapadas o corbetas, nacidas de su manía por la dialéctica; era un maravilloso dialéctico, es decir disputador, con la cual empero inventó la solución del famoso "problema de los universales", que más tarde recibiera Santo Tomás.

El problema de los universales ocupó muchísimo a los medievales, problema que había sido resuelto por Aristóteles en forma oscura y somera. Consiste en cómo se forman los conceptos universales, siendo así que nosotros no vemos más que cosas singulares, no vemos ningún universal. Y el que vio un universal y muchos universales, que fue Platón, era recusado por Aristóteles y por todos los medievales.

Negaban las ideas puras de Platón, que eran universales pero que subsistían como sustancias. La vida de Pedro Abelardo fue un torbellino, no solamente la castigó con ferocidad el canónigo tío de Eloísa, sino que ha tenido un castigo póstumo en la Argentina, Arturo Capdevila le escribió una biografía de cachivache con el nombre "Del infinito amor". No sabía nada, ni de Abelardo, ni de lo que escribió Abelardo, ni de la filosofía, ni de nada. Escribió algo así como un reguero de miel o de agua con azúcar.

Los "modalistas" afirman que esos tres nombres son eso solo, "nombres" o aspectos de un solo Dios. Tuvimos entre nosotros, como ya dije, al pobre Lugones, Leopoldo, y mucho más acérrimo a su hermano mayor Santiago, para quien la Trinidad era la Bondad, la Verdad y la Beldad o Belleza. "La Belleza es el resplandor de Dios en la armonía de lo creado", repetía el poeta. Y su hermano mayor escribió un poema breve y muy hermoso sobre esta idea. Claro que es más fácil

Los "modalistas" antiguos o sabelianos o negaban la distinción de personas (Sabelio, los patripasianos) o negaban la divinidad de dos personas (Arrio) o la de una (Macedonio).

Los trieteistas, tres dioses, eliminaron también el misterio suprimiendo la unidad de Dios como los antiguos paganos; los principales fueron Philopón, Roscellín el adversario de Abelardo, el Abad Joaquín de Floris en la Edad Media y Gunther en nuestros días.

El concepto de la unidad está inserto en el Credo Niceno y en todos los credos.

PRUEBA:

El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son nombrados por Jesucristo y después interminablemente por los Apóstoles y toda la Tradición, son:

1) Personas, porque viven, entienden, quieren y obran.

2) Diversas, porque se oponen entre sí por la procedencia; el Hijo procede del Padre, el Espíritu procede del Padre y del Hijo, "es el amor del Padre y del Hijo" decimos.

3) Son un Dios, porque así son explícitamente llamadas y decoradas de atributos divinos.

4) Son uno porque Dios infinito es uno solo, como profesaba el férreo monoteísmo judío que Cristo afirmó y no negó; y porque parecía negarlo al afirmarse como Dios, fue llamado blasfemo y condenado a muerte. "Ego et Pater unum sumus" "oye el Unum y oye el sumus, y huirás de Scilla y Caribdis", dice Agustín. Es decir, que aunque a Pilatos le dijeran otra cosa, en el Tribunal del Sanedrín lo condenaron por blasfemo.

San Mateo. "Bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo".

Efesios, III, 14, "Dobla la rodilla al Padre y a nuestro Señor Jesucristo en el cual toda la paternidad en el Cielo y en la tierra es nombrada".

Juan V. "Ut simus in vero Filio ejus".

LA RAZÓN TEOLÓGICA

1°) Es imposible que Dios no conozca y no ame.

2°) Conociendo y amando es imposible no se conozca y ame a sí mismo.

3°) Su conocer y su amor son sustancia, son personas, no pueden ser accidentes o meras potencias, como en nosotros. Son su misma naturaleza y sin embargo son entre sí distintos, como en nosotros, esas dos potencias (o sea accidentes) el intelecto y la voluntad que son distintos entre sí, no son sustancias, son accidentes, son potencias, facultades.

4°) La mejor imagen análoga que podemos hacemos de la Trinidad es nuestra alma. El Yo se siente ser y así es nuestro verbo o auto conocimiento (La Conciencia de los psicólogos). El yo ama a ese Verbo o retrato propio, y ese es nuestro Querer Vital del que dependen todos nuestros quereres (o sea la Tendencia de los psicólogos).

Esta es la famosa comparación de San Agustín. Este advertía que no es más que una analogía pero se parece mucho al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.

Objeciones: Hay muchísimas porque es un misterio, de manera que pueden inventarse objeciones hasta cansarse.

Por ejemplo ésta que ha tenido mucho éxito, porque lo ha acobardado al gran filósofo Francisco Suárez. "Dos cosas iguales a una tercera son iguales entre sí. Más el Padre y el Hijo son iguales al Espíritu Santo. Luego son iguales entre sí. . .".

Los tres son iguales hay que decir. Aquí dio un tropezón Suárez: dijo que ese axioma vale en lo natural pero no vale en lo sobrenatural.

Pero un axioma metafísico tiene que valer siempre y en todo lugar, no puede tener excepciones. Un axioma metafísico es enteramente ínexceptuable. No puede dejar de valer en este mundo ni en el otro. Los axiomas metafísicos, como por ejemplo todo lo que procede es de otro", porque no hay efecto sin causa, como decimos, no puede tener excepción ninguna. Estos axiomas metafísicos son la base de la filosofía y también de muchas otras ciencias como las matemáticas, se perciben inmediatamente con la sola lectura de sus términos, no tienen demostración, no necesitan demostración, basta que a uno le anuncien bien los términos de un axioma metafísico para que uno vea que eso tiene que ser así.

Mejor es decir: pero yo digo que los tres son iguales, no solamente el Padre y el Hijo son iguales, los dos son iguales en cuanto a la naturaleza pero difieren en cuanto a las personas. Para igualar dos cosas a una tercera hay que igualarlas en el mismo plano o concepto. Si Usted me dice: "El Padre y el Hijo son iguales al Espíritu en cuanto personas..." niego.

Son personas diferentes, en cuanto concepto.

— ¿Y en qué se diferencian?

—En la relación. Las personas en Dios constan de relaciones.

Esta es la parte más, sólida de la teología de la Trinidad. El mismo Jesús la indicó al llamarse con respecto a su Padre el Hijo, lo cual es una relación. Ser hijo es una relación. Las relaciones se basan en un hecho o en una cosa, pero ellas en sí mismas no son sustancia. Por ejemplo el orden de una biblioteca es una relación. Todos los órdenes que existen son relaciones. Una vez que está hecho el orden, existe, pero no hay sustancia. Es una categoría relación.

— ¿Y de dónde sacan que el Padre y el Hijo y el Espíritu Santo están constituidos por una relación sustancial y no accidental?

—Diré buscando lo más sencillo: de las diez categorías de Aristóteles, una, la Sustancia y abajo de ella nueve Accidentes, la única que no repugna a Dios es la categoría "Relación"; todas las demás no pueden existir en Dios (los nueve accidentes son:

1. Calidad,

2. Cantidad,

3. Acción,

4. Pasión,

5. Relación,

6. Tiempo,

7. Movimiento,

8. Situación y

9. Hábito).

Ninguna puede convenir a Dios, porque son todos accidentes puros, pero la relación es un accidente que tiene referencia a otros, y eso puede ser sustancia en Dios.

La relación es ESSEAD, ser hacia, o sea algo que existe por referencia a otro; como por ejemplo la Paternidad y Filiación, el orden de una biblioteca, de un regimiento o cualquier orden.

Así en Dios existen las cuatro relaciones de Paternidad, Filiación y la doble de la procesión del Espíritu Santo (procesión significa procedencia, viene del verbo proceder en latín). La procesión no tiene nombre propio y le dicen espiración activa y pasiva. La espiración pasiva, que proviene de la doble espiración activa del Padre y del Hijo, es el Espíritu Santo.

Aquí comienzan a disputar los teólogos: Gregorio de Rimini por un lado, Duns Escoto por otro, Alejandro Hales, San Buenaventura, etc., se presentan cada uno con una sutileza. Basta que notemos a Santo Tomás: las tres divinas hipóstasis se distinguen por las relaciones que las originan.

En el Seminario en mi tiempo había un profesor muy sencillote, que enseñaba todo lo que le pusieran por delante. No sabía casi nada, ya ha muerto el pobre. Le dieron a enseñar el Tratado "De Deo Trino", y el primer día de clase nos dijo: "Miren, esto que vamos a aprender no sirve para nada; pero sirve para aguzar la inteligencia...". Servía para fatigar la inteligencia.

EL ESPÍRITU SANTO SANTIFICA

LA GRACIA

Se atribuye al Espíritu Santo la Santificación y eso el mismo Cristo lo dijo. Los teólogos tienen como axioma esto: ''Todo lo que Dios obra "ad extra" (al exterior de El mismo) lo obran las tres divinas personas conjuntamente, porque resulta que las operaciones son de la naturaleza, decía Aristóteles, y en Dios hay una sola naturaleza.

De manera que las operaciones de Dios proceden de la naturaleza divina pero se atribuyen a algunas de las tres divinas personas a causa de razones históricas.

Sin embargo existe la "apropiación" o "atribución" por la cual atribuimos a una Persona en especial una actividad: al Padre la Creación, al Hijo la Redención, al Espíritu Santo la Santificación. Cristo mismo nos dio el ejemplo; y el Ángel de la Anunciación dijo a Nuestra Señora: "El Espíritu Santo vendrá sobre tí..." y así la Iglesia atribuye al Espíritu Santo la justificación o perdón de los pecados, las obras meritorias y en general todo lo que pertenece a la gracia. La "gracia" es el principio de la santificación.

La palabra "gracia" significa cuatro cosas por lo menos, o sea belleza, agrado, bien, don gratuito y don santificador producido en nosotros por la presencia en nosotros de las personas divinas; por ejemplo: "falaz es la gracia y vana la hermosura, la mujer que teme a Dios, ésa será alabada" (Libro de los Proverbios).

San Lucas dice: "María, has encontrado gracia delante del Señor", como rezamos todos los días. Don gratuito, dice San Pablo: “por él recibimos la "gracia y el apostolado" en este caso es un don gratuito porque significa la "gracia del apostolado". Y por último la palabra "gracia" propiamente, tal como la usamos, significa el medio de la santificación, o sea una cualidad adherida al alma (de la categoría del hábito, o sea cualidad permanente).

Han discurrido los teólogos que pertenecen a la categoría de Aristóteles que se llama el hábito, que tiene cuatro partes y una de ellas es la cualidad. La gracia es una cualidad del alma, no extrínseca sino intrínseca, procedente de la inhabitación de Dios en noso

tros. De esta cualidad habla San Pablo veinte veces lo menos —el cual es el Apóstol, de la Gracia, así como San Agustín es el teórico de la Gracia—.

Ella es invisible, benéfica y permanente (como decía mi amigo César Pico: "creo en la gracia porque no la veo" y tenía razón porque se cree lo que no se ve). Si es que la recibimos libremente y no la perdemos libremente, porque supone la aceptación por parte del alma y después la conservación de la gracia, es decir no hacer nada que la haga perder. Los Sacramentos son sus canales y la luz de la gloria es su efecto final. Para llegar a la visión beatífica, a la visión de Dios cara a cara la naturaleza humana es insuficiente, porque el entendimiento humano no está hecho para la visión intuitiva de Dios sino que está hecho para la visión de las cosas sensibles, de las cuales saca los conceptos, que no son intuitivos. La intuición de Dios necesita una ayuda especial, que le llaman "lumen gloriae" "la luz de la gloria" y que produce la gracia; la terminación de la gracia en el hombre es "la luz de la gloria".

Todo lo que hay de bueno en nosotros viene de la gracia, excepto la naturaleza, la cual tampoco es del todo buena, porque nacemos con la naturaleza deteriorada. "Gratia Dei sum id quod sum", dice San Pablo: "Por la gracia de Dios soy lo que soy".

Sabemos que nacemos con el pecado original, cometido por nuestros primeros padres, que habían sido creados en gracia elevante y en integridad natural por puro privilegio.

Por, eso hay una teoría sobre el pecado original, que es la más mansa de todas, digamos, que es la de Billot, que dice que Dios al castigar a Adán, no le quitó nada que le debiera, de manera que no hizo ninguna injusticia ni a él ni a nosotros, porque nosotros heredamos la naturaleza tal como la tienen nuestros padres. Si nuestro primer padre no tiene la naturaleza elevada no puede transmitirla elevada; Dios no la eleva tampoco; una vez que pecó Adán, a los descendientes no los elevó a un estado privilegiado como el de Adán que tenía la "justicia original" o sea el "estado de gracia" y la "integridad natural", es decir la no muerte, la no sujeción a la muerte y a las cosas que la muerte trae que son las enfermedades.

Billot defiende esa teoría: que el hombre si naciese naturalmente tendría lo mismo que tuvieron nuestros primeros padres. Ahora, ¿por qué el hombre está en una situación que nos parece miserable y nuestros primeros padres estaban en una situación muy elegida, muy hermosa, muy benigna? Porque estaban en el Paraíso. Ya les conté la comparación que hace Billot de que por qué ahora a nosotros nos es pesada la situación actual siendo así que es la situación que tendríamos naturalmente si Dios no nos hubiera ni castigado ni favorecido nada, sino creados en nuestra naturaleza.

Lo explica haciendo la comparación con un rey que pierde su trono y después el hijo del rey, el heredero, le parece que está enfermo porque tiene que trabajar como obrero, en cambio a los obreros no les hace nada trabajar como obreros porque es la situación natural de ellos, pero el otro había sido creado para otra cosa y por haber sido educado para otra cosa le resulta como una enfermedad estar sujeto a los trabajos de esta vida. Es muy combatida esta teoría de Billot, aunque a mí me gusta; lo tratan de pelagiano o semipelagiano, que equipara la gracia a la naturaleza.

Se dice que el ser humano puede hallarse en cuatro estados diferentes, de los cuales dos son históricos, los otros solo posibles y teóricos. A saber:

1. estado de natura pura (es solamente teórico porque nunca ha estado el hombre en estado de natura pura. Apenas lo creó Dios lo elevó).

2. estado de elevación sobrenatural (eso existió)

3. estado de natura caída no reparada (eso no ha existido nunca)

4. estado de natura caída y reparada (esto es histórico, después de la venida de Cristo N.S.)

De natura caída y no reparada no existió. Después que cayeron y Dios los castigó a Adán y Eva, en el mismo momento en que los castigó, les prometió la venida del Redentor, de manera que los reparó en promesa y todos los Santos del Antiguo Testamento fueron reparados por la esperanza en Cristo.

Pero el primer don de Dios o sea gracia es la verdad de las cosas: "omne ens est verum". Las cosas son verdaderas en sí mismas, antes de serlo para nuestro intelecto. Lo conocido está entre dos intelectos, el de Dios que lo causa y el del hombre que lo percibe.

El primer malpaso de la filosofía llamada moderna, que comienza con Descartes y se precipita con Spinoza es haber negado la verdad que es el ser de las cosas y depende del espíritu de Dios: y haberla aprisionado en el espíritu del hombre.

De allí lógicamente había que derivar al panteísmo, como derivó el judío impío Spinoza, y los "tres grandes sofistas", Fichte, Schelling y Hegel.

Fichte Hegel Schelling

La verdad de las cosas ("omne ens est unum, omne ens et verum, omne ens est bonum") es uno de los axiomas fundamentales de la filosofía aristotélica. Por supuesto que Aristóteles lo heredó de Platón y después lo legó a la teología de Sto. Tomás, modelando ambos la antigua y trascendental herencia de la filosofía griega.

La elevación a la Sobrenatura y la Reparación de la caída se efectúa por la gracia llamada "elevante". Pero Dios no renovó la gracia de la integridad de la naturaleza, sino solamente la gracia de la adopción del hombre como hijo de Dios para el cielo, para la gloria, pero nos dejó todos los castigos que tenemos ahora que son bastantes; nos dejó encima porque le fue mal la primera vez que puso a los hombres en un paraíso de delicias; y entonces dice, bueno, que aprendan...

Cristo nunca nombró la Gracia (con ese nombre) pero habló de ella varias veces; por ejemplo.

"Yo soy la vid, vosotros los sarmientos. . ."

"Sin mí no podéis nada".

Jo.XIV,23 "Si quis diligit me, sermonem meum servahit, et Pater meus díliget eum, et ad eum venemus et mansionem apud eum faciemus". "El que me ama, cumplirá mis mandamientos; y mi Padre lo amará y vendremos a él y haremos nuestra morada en él..." La morada de Dios en nosotros es esa cualidad invisible, intrínseca, que es la gracia. También le dijo a Nicodemus que había que nacer de nuevo para entrar en el Reino de los Cielos.

La Escritura habla de la Gracia con variadísimos nombres: es un Don, una Vestidura, un Injerto, un Nacer, un Renovarse, una Fuente de agua viva, una Adopción, un Consorcio, un Sagrario, una Alianza, una Amistad, un Matrimonio.

Los teólogos y los herejes se han puesto a explicar y discutir la Gracia y han tramado un verdadero laberinto. Filtraré las cosas más principales y claras:

Hubo dos famosas discusiones sobre la Gracia, en la Historia de la teología.

Una la discusión llamada "de auxilius" entre los dominicos y los jesuitas en el siglo XVI en que el dominico Bañez, que era el jefe de la discusión los acusaba a los jesuitas de ser pelagianos porque no creían en la Gracia sino en el libre albedrío y el Jesuita Molina, autor de un tomo enorme sobre "De Auxilius Graciae".

El acusaba a los dominicos de calvinistas o sea exageradores de la Gracia. Discutieron casi con ferocidad mucho tiempo y hubo tres intervenciones de la Santa Sede que no logró apaciguarlos y al fin la Santa Sede mandó que no hablasen más de eso. Se acabó la discusión. No se podría acabar nunca la discusión porque, como Billot anotó después, estaban discutiendo sobre una cosa que es un misterio, sobre la presciencia divina, es decir cómo Dios sabe lo que nos va a pasar a nosotros siempre, incluso después de la muerte, sin suprimir nuestra libertad. Dios sabe si vamos a salvarnos o condenarnos, eso es la presciencia divina, aunque sabe que si nos salvamos nos salvaremos por su Gracia y si nos condenamos será por nuestro capricho. Los dominicos decían que Dios sabía eso por la predeterminación física, o sea que todo acto bueno nuestro era predeterminado físicamente por Dios, de tal manera que no se podía hacer otra cosa más que lo que Dios había predeterminado.

De modo que negaban el libre albedrío aunque hacían una cantidad de sutilezas para probar que no. Y los jesuitas con Molina a la cabeza, habían inventado la "ciencia media" que decían, también muy complicada, que era una ciencia por la cual Dios conocía todos los "futuribles", es decir las cosas que podían ser futuras, y entonces Dios elegía de esas cosas que podían ser futuras para el hombre una que El sabía que le iba a resultar bien, la gracia eficaz y entonces se la daba al hombre.

De cualquier manera no resolvían el enigma terrible de la "presciencia divina", cómo Dios sabe todo lo que va a ser de nosotros y sin embargo nosotros somos libres. No podían saberlo. Es un misterio tan grande, aunque es obvio que Dios sabe todo y sabe también lo futuro, que Cicerón dijo que Dios no conocía lo futuro, pero los cristianos dice que Dios sabe el futuro. Y ese misterio no se puede resolver con razones; no se puede escudriñar en el ser divino, qué es lo que hace que el ser divino sepa lo que va a pasar y sin embargo nos deje enteramente libres en manos de nuestro albedrío.

No se puede resolver, dice el Cardenal Billot y aduce a Santo Tomás que dijo "Al llegar aquí llegamos a un misterio". Es un misterio. Y se acabó. No podemos ir más adelante.

Adversarios de la Gracia: Nombremos a Pelagio, Lutero, y Jansenio.

Pelagio ya lo conocemos: atenuó y casi volatilizó la gracia de Dios: "No es mala cosa pero no es necesaria a no ser que ella sea el libre albedrío", decía—como "no es necesario el Bautismo ni la Penitencia", "ni Jesucristo en definitiva", dijeron sus alumnos; el cual en vida no fue tenido por hereje, pero después exageraron su doctrina y prácticamente anularon la Gracia los discípulos.

Cuando San Agustín vio eso, que Cristo ya no era necesario se puso tremendo y escribió tres ó cuatro opúsculos "De Natura et Gratia", "De la naturaleza y de la Gracia", contra los pelagianos. Después los hizo condenar en el Concilio de Cartago y después los condenaron en muchísimos otros concilios. No existe el pecado original, como lo entiende el Africano Agustino, decían éstos.

Lutero y Calvino negaron la gracia, de diferentes modos. Calvino: la gracia a quien Dios la ha dado no la puede perder y no se puede perder él tampoco: es un predestinado. A quien no la da, no se puede no perder.

Es decir, inventó una predestinación peor que la que achacaban a los dominicos los jesuitas.

Lutero cree a la natura corrompida de un modo insanable. Nos salvamos con los méritos de Cristo, el cual nos los atribuye si tenemos la Fe: la fe luterana, que es como una confianza desenfrenada. La gracia viene a ser como una vestidura externa consistente en los méritos de Cristo. Y entonces, el hombre necesariamente hace obras buenas.

Lutero dice: Yo no niego las obras buenas para entrar en el cielo pero yo se que son enteramente seguras cuando hay Fe y la Fe para Lutero, es una fe muy especial, no es la fe nuestra, la fe de los misterios, sino que es una especie de confianza en Cristo desenfrenada, ciega, que no puede doblegarse. A eso le llama Fe Lutero.

Los jansenistas, al revés, (Francia, siglo XVII), tenían una Ley muy rigurosa por un lado, es decir eran muy austeros pero no con ellos mismos sino, con los demás, eran hipócritas en el fondo. Inventaron la gracia suficiente y la gracia eficaz, la cual nos salva; la gracia suficiente sola de hecho nunca nos salva. "Entonces no es suficiente" decían los jesuitas o "molinistas", que fueron los grandes adversarios de los Jansenistas.

Pasaron todo el tiempo peleando ferozmente contra los jesuitas a quienes acusaban de laxos en moral, o sea "Casuistas". Casuistas significa los que se dedican a una ciencia que se inventó entonces: poner casos para ver si hay pecado o no hay pecado en cualquier caso. Los jesuitas adoptaron esa ciencia que San Alfonso M. de Ligorio autorizó, y que es para los confesores, para saber resolver los casos y la casuística se aplica en muchas otras ciencias, por ejemplo, la medicina.

La casuística es una cosa natural. Los jansenistas la reprobaron diciendo que era una cosa inventada por los jesuitas para aflojar la moral de la aristocracia francesa, para permitirle cualquier cosa. Y en parte pasó eso. No solamente los jesuitas sino todos los casuistas empezaron a aflojar, a resolver los casos por el lado benigno, por el lado laxo. Hicieron tres escuelas diciendo que había que resolver lo seguro, lo muy seguro y lo común: laxismo, tutismo y tuciorismo (tucior, lo más seguro). Ya no se usa eso. Se resuelven los casos conforme a lo que piensan tres buenos doctores o por lo menos un doctor eminente. San Alfonso María de Ligorio hizo prevalecer el "tutismo".

De hecho, algunos casuistas, jesuitas o no, tuvieron doctrina laxa, y fueron condenados por el Papa siguiente, Inocencio XI, 1679; como por ejemplo: el duelo, la mohatra (venta con engaño), matar a un ladrón por una sola moneda de plata... y otras 65 proposiciones.

El más maltratado de los casuistas fue el español Escobar, quien escribió un Tratado de Matrimonio. No era tanto como dijeron los jansenistas. Hoy día en la lengua francesa existe la palabra "escobarderíe" que significa "autorizar con manga ancha"; Boileau, dedicó a Escobar este epigrama:

"Si Bourdaloue vous dit severe:

"Craignez, craignez la volupté"

"Escobar vous dirá: "Ma chére:

"Je vous la permet pour la santé..."

Si Bourdaloue (el gran orador jesuita), os dice, severo, "temed, temed la voluptuosidad", Escobar os dirá: "Querida, yo te la permito por la salud".

Esa fue una tremenda discusión en la cual al final intervino el Rey y empezó a dar sablazos a diestra y siniestra y acabó con todos, incluso con la madre Angélica que era una de las jefas del Jansenismo. Abadesa de la Abadía de Port Royal, de la cual se decía que "era pura como un ángel y soberbia como Satanás".

Enrolaron a un gran matemático, Blas Pascal, muy devoto y muy ingenuo, el cual resultó un gran escritor y aplastó a los jesuitas con sus 18 "Cartas Provincianas" que fueron una de las causas de la expulsión en el Reinado siguiente. Son un movimiento clásico de la lengua francesa, aunque sean un movimiento tremendamente calumnioso y mentiroso pero la prosa de Pascal resultó estupenda. Dicen que es el creador de la prosa coloquial francesa. Las tres primeras cartas tratan de la disputada "gracia suficiente", o sea que los jesuitas decían que la "gracia suficiente" era suficiente y los jansenistas decían que la "gracia suficiente" no era suficiente, la eficaz tenía que ser una nueva gracia. La gracia suficiente de la cual Pascal no sabía nada.

Desde la cuarta carta se resuelve contra los "molinistas" y los deshace a burlas, sátiras y calumnias. Es notable que en la decimoquinta acusa a los jesuitas de haber borrado la calumnia del Decálogo y él los calumnió tremendamente; y en la decimosexta habla de "las calumnias horribles de los jesuitas contra los curas y las religiosas".

El material de todas estas cartas se lo aprestaba un jefe jansenista llamado Arnaldo, o sea "Arnauld". Pascal antes de morir se arrepintió, pues se dio cuenta que estaba haciendo un mal camino empujado por otros, y la decimonovena no la publicó; y la veinte quedó reducida a notas, en las cuales se metía hasta con el Papa. Voltaire mismo censuró las cartas tratándolas de mentirosas ("Lesiéde de Luis XIV"). Los fragmentos que tenemos de la carta veinte son enteramente contumeliosos, injuriosos y pretensiosos. Por ejemplo: "Yo estoy solo contra 30.000 personas" (Lo contrario era la verdad). "Atienden: ustedes son la impostura, yo la verdad; es toda mi fuerza; si la pierdo estoy perdido. Pero yo tengo la verdad, veremos quién gana".

Bueno, murió bien. Al menos se confesó. Hizo un gran mal a la Compañía de Jesús, pero también le hizo un bien, si se quiere, porque a causa de eso el general de los jesuitas Luís Martín, reprimió fuertemente la tendencia al laxismo que había entrado en la Compañía. Condenó el laxismo e impuso a los jesuitas la escuela más rigurosa de interpretar los casos que es el "tuciorismo", interpretar siempre lo más seguro.

Prueba La gracia nos hace:

1°) renacer (a Nicodemus) Jo. III

2°) hijos de Dios adoptivos Jo. IV 14.

3°) partícipes de su naturaleza Jo. XVI

"Yo soy la vida, vosotros los sarmientos"

Además, San Pablo dice: "participantes de la naturaleza divina".

4°) merecedores del cielo (por la adopción) Rom. VI, 23.

5°) unos con Dios en la vida eterna Jo. III 2

Y hay otros 35 textos de San Pablo en estos sentidos que he dicho. De manera que hay prueba de sobra de la existencia de la Gracia y de sus efectos.

Sin la Gracia el hombre no puede:

1° ) ni llegar a la fe (la gracia nos previene)

2°) ni prepararse a la gracia 3°) ni hacer ningún acto meritorio 4°) ni evitar largo tiempo el pecado grave 5°) ni perseverar. Es una gracia especial la perseverancia hasta el fin, que hay que pedir.

Con la Gracia el hombre puede:

1°) Evitar todos los pecados graves, aunque no todos los veniales.

2°) Orar pro auxilio contra toda tentación.

3°) Pedir la buena muerte, o sea la perseverancia.

Dios es la causa de la Gracia; y Dios no niega a nadie la gracia suficiente, que junto con nuestro albedrío, hace la gracia eficaz.

LOS COROLARIOS

Hay Infierno.

Hay Purgatorio.

Habrá un Fin del Siglo.

Habrá una Parusía Habrá un Juicio Final.

HAY INFIERNO

Este es el Cuarto Misterio, acaso el más difícil de todos, que dice Leonardo Lesio, acaso a causa de nuestra sentimentalidad que nos hace repugnante él concepto y en realidad muchas veces no podemos entenderlo, esa es la verdad.

Con decir que nuestro último fin es Dios y que con nuestro libre albedrío podemos perderlo, está dicho que hay infierno; ese es precisamente el Infierno, perder el hombre su Ultimo Fin que como vimos en la clase anterior, no tiene otro Ultimo Fin. De manera que todos los últimos fines que nos ponemos en nuestra vida —salvo el verdadero— al morir se disipan todos, se hacen nada. Si no amamos a Dios en el tiempo que nos ha sido dado no hemos cumplido con nuestro Ultimo Fin, y cuando morimos, se acabó. Pese a lo que muchísimos saduceos que niegan que lo haya, incluso algunos cristianos que a semejanza de los que dicen "Yo creo en Dios pero no en los curas", dicen éstos "Yo creo en Dios pero no creo en el Infierno", que es una forma de no creer en Dios. E incluso se dejan decir con nuestro Borges "El que crea en el Infierno, no tiene religión" —cuando la verdad es exactamente lo contrario, empezando por él.

La causa de que muchos más de los que niegan el cielo sean los que dicen "eso del Infierno yo no lo trago", es el sentimentalismo. Algo típico es el caso del poeta Charles Peguy que no quería confesar ni comulgar porque decía no creer en el infierno (esto después de convertirse, porque antes había sido socialista) porque eso no se compadecía con la bondad de Dios, aunque la Iglesia enseña que eso se compadece con la Justicia, la Bondad y la Santidad de Dios.

Esto no lo creyó, hasta que la Gran Guerra del 14 lo persuadió que sí existía ese infierno terrestre que eran los "boches", es decir los alemanes, bien pudiera ser que hubiese un infierno, pero ultraterrestre. Apenas se hubo hecho bautizar y dar la Comunión, cayo muerto de un balazo en la cabeza en la batalla de Villeroy, la primera de la Gran Guerra, y sus últimas palabras fueron: " ¡Tiren, caracho!" ("Tirez, nom de Dieu").

Había sido ya católico de deseo muchos años. Había escrito la poesía religiosa más grande de Francia, a saber, la cadena de sonetos de Nuestra Señora de Chartres, las "Tapicerías" de Sta. Juana de Arco, de los Santos Inocentes y de Sta. Eva. Creía los dogmas de la Fe con toda el alma, pero el sentimiento le hacía no creer en el infierno, o creer que no creía.

Lo que hace que muchísima gente que cree en el cielo y no cree en el infierno, siendo así que son la misma cosa, pero al revés, es el sentimiento vuelto sensiblería, y lo difícil de concebir es la eternidad, de la cual no podemos tener una idea simple y directa sino solo ficticia; a lo más creemos que el "aionion" griego significa eterno, y no significa eterno, sino "sin fin", incluso algunos dicen que significa "muy largo, de mucho tiempo", de manera que la eternidad no la conocemos, la eternidad de Dios es incomprensible para nosotros. Y aún eso de que no termine nunca una cosa que ha empezado, como somos nosotros, no podemos comprenderlo. De manera que cuando algunos teólogos nos ponen el ejemplo de un pajarito que viniese y picase una piedra durante miles y miles de años y cuando recién había empezado a horadar la piedra, recién empezaba el infierno, es decir que no acababa nunca, eso no lo podemos concebir nosotros.

El sentimiento es enteramente necesario para nuestra vida pero está descompuesto y tiende a correrse sobre la razón volviéndose sensiblería, de la eternidad no tenemos experiencia ni podemos tener.

La única manera de poner en pretina el sentimiento deteriorado es el ejercicio vio

lento de la razón empujada por la Fe, o sea "la cautividad de nuestra razón en obsequio de Dios", que eso es la Fe, como dice San Pablo. Es decir, que hay que someter el entendimiento simplemente, como hay que hacerlo también con muchísimas cosas naturales que no podemos entender; por ejemplo es un hecho tal cosa porque el físico nos dice que lo es y yo someto mi entendimiento a lo que me dice el físico, a su mejor parecer.

Los adversarios de la tesis fuera de la Iglesia fueron los neoplatónicos y los albigenses, además de los saduceos que, como hemos visto negaban la resurrección de los cuerpos. Dentro de la Iglesia, San Agustín enumera seis clases de gente que él ha encontrado (De Civitate Dei — penúltimo libro — XXI) y son:

Primera Orígenes — (La Iglesia ha condenado muchas de sus proposiciones, pero ahora los estudiosos han encontrado que lo condenado no está en Orígenes, sino que pertenece a sus seguidores, los origenistas). Hay varias proposiciones condenadas, como p. ej. la de que un día Dios va a perdonar a todos los condenados, incluso al Diablo. (Los discípulos de Orígenes enseñaban la "anakefaleosis" o reducción de todo a su punto de partida, en latín "recapitulatio"). En nuestros días Giovanni Papini adoptó esa opinión como probable en "El Diablo". No hay que recordar al gran macanero de Víctor Hugo ni a Lamartine, sensiblero. Aquel escribió dos libros acerca de Satán, en los cuales al final lo liberta y lo hace un habitante del cielo, no sé cómo. En Orígenes se encuentran algunas proposiciones aventuradas o dudosas, pero ninguna heterodoxa, lo cual también es demostrado porque el oriente nunca lo condenó; pasaron unos 12 concilios ecuménicos, de los cuales unos 6 admiten los orientales y no hay ninguna condenación de Orígenes. Fue condenado en el Concilio de Trento, aunque en rigor no fue condenada ninguna proposición que se encontrara realmente en él.

Segunda — De los primeros cristianos que negaban el Infierno, según los encontrara San Agustín; decían que en el Juicio Universal triunfará la misericordia y Dios cambiará de opinión como con Nínive, que había prometido castigarla y después la perdonó; los condenados ya habrán hecho penitencia y hasta de sobra.

Tercera — Dios perdonará el Infierno a todos los bautizados.

Cuarta — A todos los católicos.

Quinta ~ A todos los fieles a la Fe, aunque hubieren tenido "vida rota".

Sexta — A todos los limosneros, porque Cristo dijo que en el Juicio Final exclamaría "Venid conmigo, benditos de mi Padre, porque tuve hambre y me disteis de comer... etc.".

Como estos cristianos traían textos de la Escritura mal escogidos y peor entendidos el Santo se pone a refutarlos largamente a través del penúltimo libro — XXI — del "Civitate Dei", acribillándolos con otros textos y sobre todo con la razón contundente que corre a lo largo de todo el libro: "Se trata de una revelación de Dios debidamente comprobada; no podemos entrometer allí nuestras pobres preferencias y ocurrencias, más debemos adorarla de rodillas, pues es un gran beneficio de Dios a nuestro intelecto".

En particular responde con dieciséis siglos de anticipación a la ocurrencia de Borges en su libro Discusión de que es injusto un castigo eterno por un delito que se comete en diez minutos. Ni la justicia humana da castigos en proporción a la duración de la pena, a veces da una condena perpetua por ejemplo un homicidio cometido en cinco minutos. La duración no tiene nada que ver con este asunto.

San Agustín responde a todos los adversarios que quieren (dice) ser más buenos que Dios mismo y que el que niegue la eternidad del Infierno verá pronto que está engañado,

porque se irá al Infierno, puesto que negar un dogma debidamente revelado es pecado grave, y que el amontonar razones contra él como contra otro cualquier misterio, solo muestra la debilidad y presunción de nuestro entendimiento. De si ha sido conveniente que Dios nos revelara misterios, pregunta Sto. Tomás en la Summa, responde que sí, que ha sido conveniente para nosotros; es un bien cargoso, pero es un bien.

Dicho esto, veamos la prueba: catorce veces menciona Cristo el fuego eterno en el Evangelio — dejando aparte por superfluo el resto del Nuevo testamento (muchas veces los mencionan San Pablo, San Pedro y San Juan) y el Antiguo, ya que antes de Cristo también creían en el Infierno. Las tres menciones más importantes son la parábola del rico Epulón, la sentencia de los dañados: "Id de aquí, malditos, al fuego eterno" en la parábola del Juicio Final y la tremenda exhortación a cortarse un miembro del cuerpo antes de cometer un pecado grave.

"Si tu mano te escandaliza, córtala y échala de ti, pues vale más entrar manco en el Reino de los cielos que con las dos manos ser echado en la Gehenna del fuego" (Mc IX 42), donde el gusano dellos no muere; y el fuego nunca se apaga" y repite dos veces más, haciendo alusión "al pie" y "a un ojo" nombrando por tanto al infierno nueve veces.

La "Gehenna", nombre griego del Infierno tomado del hebreo, era un valle cerca de Jerusalén donde los israelitas habían quemado sus hijos en holocausto al ídolo Maloch y después echaban la basura prendiéndole fuego. Después de esa apostasía al dios asirio, que pedía sacrificios humanos y nada menos que niños y al que cayeron los israelitas en su idolatría (como cayeron tantas otras veces) el lugar quedó como maldito. Los que se arrepintieron temían a ese valle sobremanera y le echaban la basura incendiándola, de manera que estaba el lugar continuamente humeando.

Seis veces habla San Pablo del Infierno, el cual pone la "sentencia eterna" entre los fundamentos del Cristianismo en la Epístola a los Hebreos, VI 2 cuantas veces se encuentra.

En las palabras de Cristo se menciona lo irremisible (en la parábola del rico Epulón "ni una gota de agua") y "el fuego".

En el Apokalypsis, quién sabe No sabemos, nadie sabe, qué es ese fuego. Ciertamente no es nuestro fuego terrestre, que no quemaría al diablo. Tampoco es solamente la separación de Dios para siempre, que le llaman "pena de daño", contraponiéndola a la "pena de sentido" que es el fuego. Estas penas también se dan en el Purgatorio, como veremos más adelante. Es alguna cosa creada, que Cristo no halló nada mejor para denominar a que "el fuego", que viene a ser en realidad una metáfora. Sto. Tomás cree que pudiera ser "el orden de la creación pesando sobre el condenado que se ha puesto fuera de ese orden"

Pero ¿el orden puede atormentar? ¡Canastos! Pongan un loco o un borracho en un escuadrón marchando en orden, e imaginen la lluvia de puñetazos, patadas, empujones y gritos que cosechará al salirse del orden.

Esto lo expone Sertillanges en su libro "El Catecismo de los incrédulos". Yo no lo he encontrado en Sto. Tomás. Más aceptable me parece la opinión de que es el remordimiento, como el del Purgatorio sería el del arrepentimiento, porque esas dos cosas en las almas separadas, tienen que tener una fuerza muchísimo mayor que en nosotros; deben ser una especie de fuego. Esta es la tesis de Frank Dukesme, un exegeta judío, mejor dicho, su padre fue un rabino judío convertido y su hijo es uno de los mayores exégetas que hay hoy en día. Lástima que sea un poco oscuro, un poco nimio, un poco demasiado detallista.

En un libro muy importante que tiene, que se llama "Lo que te espera después de tu muerte", editado por Lohlé.

Lo sacó del Libro de Esdras, tomo IV, que es un apócrifo. Los libros primero y segundo de Esdras son legítimos, pero el Concilio de Trento sacó los otros dos libros diciendo que no estaban en el Canon, pero los recomendó muchísimo y mandó que se imprimiesen detrás del Apokalypsis, es decir, detrás de toda la Escritura. Hasta ahora se hacía así, pero últimamente ya no se editan al final de las Escrituras los dos últimos libros de Esdras. Son dos libros apocalípticos, exagerados, me parecen a mí, en cuanto a los detalles.

Así que el fuego representa un castigo adicional a la pena de daño (y proveniente della) como hay un gozo accidental a la visión de Dios, que va en aumento, hasta donde no sé, como la compañía de familiares o amigos o cuando sucede en la tierra la canonización. Hasta un punto irán creciendo los goces, hasta el Juicio Final.

ADVERSARIOS:

Fuera de todos los que niegan la otra vida, están los saduceos y los origenistas, no Orígenes. De los argumentos que aducen contra el Infierno he dicho lo necesario, pues nacen de la sensiblería, y entonces querer refutarlos es peor que querer disputar con una mujer caprichosa. La sensiblería es un vicio o defecto mental de la voluntad, y la otra raíz es que de la eternidad no tenemos experiencia y la del infierno nos causa terror, como decía San Agustín: "Hermanos míos, yo os aterro porque estoy aterrado".

Algunos, como el Cardenal Newman y el teólogo español Getino han supuesto una remisión o atenuación de la pena de los condenados. La razón es que está fuera de la capacidad de la natura humana padecer un dolor años y siglos sin interrupción, de donde suponen que hay períodos de mitigación, como de sueño o inconsciencia. Esta opinión no ha causado mucho entusiasmo en la Iglesia, que no la ha condenado pero ha sido seguida casi por nadie. Porque qué importa que haya una mitigación si no hay nunca fin.

EI Catecismo que me enseñaron a mí de chico (creo que era el de Astete) decía: ¿Qué se goza en el Cielo? En el Cielo se goza de todo bien sin mezcla de mal alguno. ¿Qué se padece en el Infierno? En el Infierno se padece la ausencia de Dios y todo mal sin mezcla de bien alguno. Eso de "sin mezcla de bien " no puede ser.

El Bien y el Ser son correlativos, recíprocos.

El Ser es Bien y el Bien es Ser. Entonces los condenados no existirían porque no tendrían ser y los sufrimientos no tendrían donde radicarse, serían como el mal. El mal es una privación pero no puede existir sin sujeto, no puede andar por el aire el mal. Es una privación de algo en alguien. Así también el bien no puede estar enteramente ausente de un ser cualquiera.

Quizás dirán: el bien está presente en los condenados por la existencia, pero es poco eso, porque si existe para sufrir solamente no es bien, el mal más bien. El mal no es una cosa positiva, sino que consiste en privación. Lo que sufren los condenados del Infierno es la privación de lo que tenían que tener por su Ultimo Fin. Cualquier mal que padecemos en la tierra no es una sustancia, como decían los maniqueos y le costó tanto trabajo refutar a Sto. Tomás. El mal es la falta de la cosa en quien la cosa es debida. Por ejemplo: la ceguera no es una cosa que anda por ahí sola y flotando, se da en un individuo que tenía que tener vista.

Dios no creó ni el Pecado ni el Infierno. Tenemos que corregir a un venerable y admirable poeta, que atribuye la creación del Infierno al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.

Per me si va nella citta dolente

Per me si va nel eterno dolore

Per me si va tra la perduta gente

Giustizia mosse il mio alto Fattore

Fécemi la divina Potestate

La somma Sapienza el Primo Amore

Dianzo a me non fur cosa create

Se non eterne, at io eterno duro . . .

Lasciate ogni speranza voi che'ntrate ...

En entrada del Infierno según el Dante.

Dice crearon el Infierno la Suma Potestad (es decir el Padre), la Summa Sapienza (o sea el Hijo) y el Divino Amore (el Espíritu Santo), pero no es así.

Tampoco es verdad que antes del infierno no hubiera ninguna cosa creada sino cosas eternas, porque antes del Infierno estuvieron los ángeles buenos creados antes de que se rebelaran y creasen el Infierno. Luzbel creó el Infierno, creatura excelentísima y libre, sin poder para crear, pero sí para destruir.

En el instante de poner su acto de desobediencia y quizás de odio a Dios estalló una inmensa llama brotada de su propio ser, que fue el Infierno —"preparada para el diablo y sus ángeles" dijo Cristo, que significa "proporcionada al diablo y sus ángeles", es decir, preparado no significa que existiera antes, sino adaptada a la naturaleza del Diablo y sus ángeles. "Antes de mí no existieron cosas creadas sino eternas", prosigue el Dante. Tampoco es exacto; antes del Infierno existieron los ángeles que, pecando, crearon de sí mismos el Infierno que es una destrucción, no una creación.

El mandato principal de Dios creador nuestro es amarlo sobre todas las cosas y al prójimo como a sí mismo y no huir del Infierno, lo cual es una resultante de lo primero. La cloaca del Universo llama San Agustín al Infierno y "La cloaca de la Historia" es el título de un libro hecho por encargo, no muy excelente pero sí pasable, de Muñoz Alonso, un filósofo español, que fue muy amigo mío, que murió hace poco tiempo; tiene libros muy buenos y estuvo en la Argentina varias veces.

El Infierno está hecho para espoleamos a cumplir con su Ley, para arrastramos a mantenemos con Dios, ése es el fin para nosotros, porque para los condenados ya se acabó. Como hizo San Ignacio en los Ejercicios Espirituales: no pone primero el Infierno, sino tres meditaciones sobre el pecado (el pecado de los ángeles, el pecado de nuestros primeros padres y por último el pecado mortal único de un alma que se condenó por ese solo pecado, de lo cual no tenemos seguridad, pero probablemente alguno existirá. Lo cual muestra lo espantoso que es el pecado).

Después, San Ignacio hace una meditación de seis puntos en que se considera la maldad del pecado en sí mismo. Después suele hacer una meditación sobre el Hijo Pródigo. No hace primero la meditación del Infierno porque sea lo primero sino "para que si del amor del Señor Eterno me entibiare por mis faltas, a lo menos el temor de la pena me retraiga de caer en el pecado", o sea como una especie de "guarda locos" como dicen los franceses a esa especie de barandilla que se pone en los pisos altos para que ni un loco se pueda caer. Ese debe ser el papel que debe representar la creencia del Infierno para nosotros. No para aterramos sino para que sirva de espolín en nuestra vida espiritual.

HAY PURGATORIO

Ya que estamos en la Ultratumba, seguiré con el Purgatorio, antes de entrar al tema de la Santísima Trinidad.

El Purgatorio es una cárcel que se diferencia del infierno en que es transitorio, pero no en la pena, que es la misma según San Juan de la Cruz; dice que el mismo fuego es el del Infierno, pero eso no es más que una opinión, otros no lo creen así, por ejemplo Franck Dukesnes, un muy docto y gran exegeta de raza judía, que vivió mucho tiempo en Bélgica y creo que vive aún hoy en Francia. Luego aprendió todas las lenguas muertas y cuatro o cinco lenguas vivas, de manera que es muy erudito en lingüística. El dice que en el Purgatorio es el arrepentimiento lo que hace sufrir a las ánimas y en el Infierno el remordimiento, San Juan nos dice que es lo mismo que La Noche Oscura del Espíritu, que es el preámbulo de la oración extraordinaria de los Grandes Místicos. Hay una descripción pavorosa de las dos noches oscuras que pasó: La Noche Oscura del Sentido y la Noche Oscura del Espíritu. Escribió un libro entero sobre ello.

También aquí la Iglesia habla del fuego, pero aquí es purificador de los que son ya santos; de modo que rogamos por ellos y les pedimos rueguen por nosotros. De modo que pueden saber lo que pasa en este mundo por comunicación de Dios, pues de suyo las almas separadas no pueden saber lo que nos pasa si no es por comunicación divina, porque no tienen memoria ni imaginación, ya que son facultades corporales, pero sin duda ninguna Dios les comunica lo que les interesa acerca de sus parientes y de sus amigos y especialmente a los Santos, que son a quienes mas nos encomendamos, de manera que tienen que saber que nosotros les rogamos. Hoy parecería que Dios no comunica a los Santos lo que nos pasa en la Argentina; si no es que lo saben pero no quieren remediarlo hasta el Remediador Supremo, que no estaría lejos.

Aquí pisamos tierra firme, porque estamos en lo temporal, sin el temblor que nos produce la eternidad del infierno, que golpea nuestro entendimiento, que de ningún modo puede abarcarla. El Purgatorio vuelve humana la Revelación Divina y nos pone al alcance nuestros muertos; yo se que allí están, con gran probabilidad, mis abuelos, mis padres, mis hermanos Cachín y Muñeca y mi gran amigo el Padre Julián Saenz; y que puedo comunicarme con ellos: ayudarlos y ser ayudado.

Es artículo de fé, definida por el Concilio de Trento y continúa en la Tradición. El canon 777 condena la proposición de Lutero de que "No existe el Purgatorio porque no está en la Escritura".

Y en el canon 983 define que consta su existencia por la Sagrada Escritura, la antigua Tradición de los Santos Padres y decretos de los Concilios; expresa la conformidad con el culto común y recomienda que no se predique al pueblo cuestiones sutiles, o bien inciertas o que sepan a curiosidad o torpe lucro. Así como en otra clase les conté la anécdota del cura que pretendía que por "un duro" podía sacar un alma del Purgatorio, así había muchas supersticiones y anécdotas sobre él.

Recordaron el pretexto de Lutero: las indulgencias. Las verdaderas cusas de la rebelión del monje sajón no fueron las que puso él en las noventa y dos proposiciones que fijó en la puerta de la Iglesia de Wittemberg; de las que la octava y la decimotercera negaban el Purgatorio (Sesión XXV, 4 de Diciembre de 1563).

ADVERSARIOS:

Todos los protestantes que alegaban que el Purgatorio no está en la Escritura y es una invención de los curas para sacar dinero. Que el Purgatorio nos da dinero, aunque poco, a los curas, no se puede negar. Lo otro, lo de la invención sí.

Lutero negó el Purgatorio de dos modos:

1°) Enseñó que las ánimas no están seguras de su salvación y pueden pecar; después alargó diciendo que pecan continuamente porque desean el descanso y aborrecen el fuego.

2°) Mas adelante negó directamente la existencia diciendo que no estaba en la Escritura.

Las dos aserciones (en rigor la primera era una forma de negar el Purgatorio) fueron condenadas por León X en la bula "Exsurge Domine" del 15 de junio de 1520.

Las indulgencias habían entrado en un abuso grande, ha pesar de lo que diga la Historia de la Iglesia de la BAC, tomo III León X, había promulgado una Bula para juntar plata y acabar la Basílica de San Pedro.

Una de las cosas que dijo Lutero era que el Papa tenía muchísimo dinero y que la Basílica de San Pedro la pagara él. El Pontífice nombró comisario a Brandemburgo, Arzobispo de Maguncia y éste nombró adlátere al dominico Tetzel y no al que esperaban los agustinos.

Una de las cosas que indignó a Lutero, fué que no nombrara agustinos como comisarios de las bulas. Tetzel nombró a innúmeros "buleros", es decir gente que iba vendiendo bulas.

Era exactamente como un comercio, más aún, como un comercio medio torcido, pícaro. Hay la anécdota recogida en el Lazarillo de Tormes de un "bulero" que no le compraban las bulas e hizo fingir como endemoniado al alguacil del pueblo que había hablado contra la bula, pero luego se puso de acuerdo con él y en la misa el alguacil se puso a mover como endemoniado y el "bulero" se bajó del púlpito y le dijo "ve, esto es lo que le pasa por haber hablado contra la santa bula" y luego de hablarle, el fingido endemoniado se calmó y toda la gente comenzó a comprar en grandes cantidades la bula.

El tema se trata también en otras novelas picarescas. Puede ser que Hurtado de Mendoza exagerara un poco para hacer reír, pero lo cierto es que hubo abusos tremendos. ¡Los españoles trataban la corrupción de clérigos y frailes con la risa, hasta que vino con un hacha el cardenal Cisneros. Hasta cuando yo estuve en España, vendían la Bula de la Santa Cruzada, que le llamaban, y uno daba una cantidad de dinero y le dispensaban una cantidad de cosas. Yo no sé si seguirá ahora todavía, espero que no, pues entonces estaban por sacarla. Resulta que una vez un español que había hecho ejercicios espirituales conmigo en Manresa, me dijo: "Dígame, ¿le parece a usted que un hombre puede hacer que sea pecado mortal que se coma carne un viernes y vendiendo una bula puede quitar lo que es pecado mortal?. "No, no puede ser, le dije. Eso es superstición". "Bueno, eso es lo que hacen acá", me contestó.

Las indulgencias pecaron primero por exceso y después por corruptelas. Cuando yo era novicio jesuita me dieron un libro con centenares de oraciones indulgenciadas, con un día, tres días, siete días, siete años, siete años y siete cuarentenas, indulgencias plenarias e incluso una que se ganaba "para la hora de la muerte", es decir que se rezaba ahora y servía para cuando uno se muriera, lo cual era prácticamente como suprimir el Purgatorio.

Yo todavía la rezo, "Señor Dios mío...". Es una oración muy buena, pero no creo que por una oración de tres líneas se me vaya a perdonar el Purgatorio que merezco. Por esas millares de indulgencias, que gané entonces, tururut.

Escritura: 2° Macabeos XII, 43. Después de la batalla victoriosa contra Gorgias, Judas Macabeo reunió entre sus hombres unas 2000 dracmas "y las mandó a Jerusalén para ofrecer un sacrificio por el pecado, hermosa y noblemente, pues de no esperar que los soldados caídos resucitarían, necio y superfluo habría sido rogar por los muertos" . . . sacrificio expiatorio en favor de los muertos para que quedaran liberados del pecado, "Pues santa y saludable es la intención de rogar por los muertos para que sean absueltos de sus pecados" Esto está en la Escritura, de manera que creían Judas Macabeo y los judíos que existía el Purgatorio.

1° Corintios III, IV, "El valor de la obra de cada cual lo probará el fuego. Si la obra resiste. . . Más aquél cuya obra quede abrasada, sufrirá daño. El que no obstante quedara a Salvo, pero como a través del fuego..." Eso dice San Pablo. Es decir que nuestras obras serán probadas por el fuego. De alguno se quemará lo que hizo porque estaba edificado sobre bases endebles.

Mateo, Capítulo XII, 39, "Y el que diga palabra contra el hijo del Hombre se le perdonará; pero el que la diga contra el Espíritu Santo, no tendrá perdón ni en esta vida ni en la otra". Señal esto de que en la otra vida también habrá perdón. Eso es el Purgatorio.

Lucas XII, 57. "Procura arreglarte con tu adversario en el camino, no sea que te lleve al juez y el juez te entregue al agente y el agente te mande a la cárcel; en verdad te digo que no saldrás de ella mientras no hayas pagado hasta el último... "peso viejo".

La Escritura dice "cuadrante", que serían los pesos viejos de ahora. Por lo tanto hay una cárcel en la cual se paga y se sale. (Jesucristo está hablando de los castigos de la otra vida: el "camino" es esta vida, el "Juez" es el de vivos y muertos, Luego hay otra cárcel, además del infierno, de la cual se puede salir).

Hay otros varios textos menos claros, a saber:

􀂾 Primer Libro de los Reyes, XXXL

􀂾 Segundo Libro de los Reyes, I.

􀂾 Tobías IV, 17.

􀂾 Primera carta a los Cristianos de Corinto, XV, 29. y en todas las sinagogas de antes y de ahora los judíos rezan por sus muertos; y en las misas pro defunctis las ha practicado la Iglesia desde los primeros tiempos.

TRADICIÓN;

Desde San Pedro comienzan las misas por los difuntos, como vemos por las inscripciones de las Catacumbas. Los Santos Padres dan muchísimos testimonios, por ejemplo San Efrén Sirio, en el Siglo IV, pide a sus fieles, que "se acuerden de él al cumplir treinta días de su muerte, porque a los muertos aprovecha la oblación que los vivos hacen" y pone el ejemplo de los Macabeos que hemos visto. San Basilio, en el Siglo IV, San Gregorio Niceno, a fines del mismo siglo, donde aparece la "Oración por los difuntos" y la palabra "Purgatorio", quizá por primera vez.

San Agustín, en el Siglo V, pide a Dios lo salve aún del Purgatorio, diciendo que aquel fuego será más grave que todo lo que el hombre podrá sufrir en esta vida; comentando el texto ya visto de San Pablo en "De Génesis contra Maniqueos", dice que quien no cultivare su campo interior. . . después de esta vida tendrá o el fuego purgatorio o la pena eterna . . .".

Y así muchísimos otros, como por ejemplo San Cipriano (Epist. 10, N° 30), San Jerónimo (Mat. Ill, 12), San Basilio (1, de Sp. Sn. c. 15), San Gregorio Nacianceno (Orat. 39, N° 19), San Cirilo (Jesús Cath, 15, N° 21); San Agustín (Enarrationes VI, N° 3) (y varios otros lugares); San Gregorio Magno (Primun Ps. Penitentialem, N° 1).

Ninguna disensión hubo entre Latinos y Griegos, ni siquiera después del Cisma.

Habiéndose apartado los griegos en el siglo noveno en un cisma que duró diez siglos, hasta que los bolcheviques lo hicieron trizas. Empezaron con un cisma negarse a obedecer pero luego se plagó de herejías, e incluso en la Iglesia Rusa de aberraciones, hasta que, como dije, los bolcheviques casi la suprimieron, matando a muchos, deportando a otros y logrando que una parte se plegara a ellos, convirtiéndose en una iglesia nacional, como en Inglaterra, pero mucho más mala, porque es una Iglesia Nacional Comunista.

LAS RAZONES DE LOS PROTESTANTES, SON:

1°) "Dichosos los muertos que mueren en el Señor, pues ya dice el Espíritu que descansen de sus trabajos" (Apok. XVI, 13). Los protestantes dicen: "Ven, una vez que mueren descansan de su trabajo".

2°) "Hacia donde cae el árbol allí queda para siempre", dice el Eclesiastés XI, 31.

3°) Muchas sentencias de los Padres, que afirman que después de muertos no hay satisfacción.

4°) Entre el infierno y el cielo no hay lugar medio, dicen los Protestantes. Y hay un lugar medio. Es un error simplemente.

5°) Así como no hay paraíso temporal para los buenos, así no hay infierno temporal para los otros. Acá yerran doblemente, como veremos al final.

RAZÓN TEOLÓGICA O ARGUMENTOS DE CONGRUO O DE CONGRUENCIA:

Llaman argumento de Congruencia a los que provienen de la razón, la cuál no puede probar una cosa revelada, pero puede apoyar o hacer más aceptable una ya probada. Santo Tomás está lleno de esos argumentos, quizá demasiados, casi le da más importancia a esos que a los otros de la Escritura. Porque los argumentos de la Escritura basta con citarlos, pero los de congruencia hay que razonarlos. Santo Tomás era un gran "raggionatore" como dicen los italianos. Y todo eso sin avisar que son solamente congruencias; por ejemplo "¿Era conveniente la Encarnación del Verbo? o bien "Utrum Spíritu Sanctus procedat a Filio" (qu. XXXVI, a 2).

Yo oí exponer en la Cuaresma del 32 a Golía Véneto, el mayor orador que he escuchado después de Mussolini. El Padre Golía predicó en esa Cuaresma un sermón de una hora todos los días, más dos sermones los domingos y concitaba un auditorio inmenso en la Iglesia del "Gesú" en Roma, que es muy grande. Lo podía escuchar pocas veces, porque a la hora que predicaba tenía clase, pero podía hacerlo los jueves y domingos y me quedaba pasmado de la elocuencia de Golía. Yo pensaba, este pueblo está tan cultivado religiosamente que nunca va a perder la fe, pero ahora la ha perdido, la mitad de los italianos son comunistas. Hizo este sacerdote un sermón sobre el Purgatorio y dijo "Vamos a suponer que no existe el Purgatorio. ¿Qué pasa?" "Toda la vida de ultratumba queda reducida al cielo y al infierno y entonces los que se salvan quedan reducidos a poquísimos hombres porque por un lado es cosa segura y revelada que "nada manchado entrará en el cielo, y por otro, vemos por todos lados, siempre o casi siempre a los que mueren morir con pecados, imperfecciones, faltas o defectos de modo que todos o casi todos tendrían que ir al infierno, a menos hubiesen tenido un pariente santo canonizable. Porque nadie puede entrar en el cielo manchado y no podría entrar nadie sino tuviera la forma de purgar sus pecados.

De manera que este era el argumento de Golía: Que se irían muchísimas personas al infierno y pocas al cielo si no hubiere un lugar de purificación. Aquí el predicador hacía una entrada al sentimiento del público, haciéndoles recordar a sus padres, hermanos, hijos, esposos, amigos y preguntándoles si podrían creer que todos esos estaban en el Infierno y si ellos mismos estaban destinados acá abajo; al fin del espléndido sermón de una hora o más concluía que la proposición de Lutero era falsa, más aún, blasfemia.

Otra cosa que quiero añadir acerca del infierno, es una anécdota de Santa Catalina de Siena, debidamente atestiguada. Su padre Jacobo Benin casa, estaba por morir atendido por ella y ella rogando a Nuestro Señor se lo conservase en vida, y recibió de El respuesta (pues Santa Catalina de Siena fué una de las santas más grandes y que mas milagros hizo y que hablaba sobrenaturalmente con el Señor) que para la salvación de su padre le convenía a Jacobo no vivir más; y él advertido aceptó la muerte.

La Santa pidió a su Dueño que le pasase a ella las penas del Purgatorio que debía pasar su padre y al morir éste, sintió un dolor tremendo al costado, que no se le quitó en toda la vida. Después le tocó la hora a la madre, que se llamaba Donna Lapa, y esta tenía horror a la muerte y no quería ni siquiera recibir los sacramentos porque decía que no se iba a morir y así murió. La Santa hizo al Señor una apelación desesperada, le empezó casi a faltar el respeto, diciéndole que cómo se había portado de esa manera después de haberle asegurado que todos los de su casa se iban a salvar y la viejita revivió. Así lo testimoniaron en el proceso de Canonización de la Santa las dos vecinas, Catalina Ghetti y Andrea Vanni, o sea que resucitó; pero hoy sabemos más acerca de la muerte aparente que en aquellos tiempos. El caso es que la Donna Lapa comenzó a mejorar rápidamente, vivió hasta los 89 años y... murió confesada.

Lo serio que es el Purgatorio delante de Dios es evidente por esto, porque no le perdonó siquiera a la Santa los dolores que le correspondían al padre.

Santo Tomás en la Summa enseña que las almas no pueden conocer lo que hacemos o decimos si Dios no se los revela; que están en estado de rezar pero más de ser rezados; un prelado de la Iglesia no puede con su voluntad liberar almas; por una sola misa, aunque se diga que tiene un valor infinito, no se libra un alma, como respondió al Párroco la viuda catalana: la pena del Purgatorio no es mérito sino purificación. A una viuda catalana su marido le había dejado una inmensa fortuna y el cura del pueblo enterado de que, no le había hecho rezar una sola misa y que la gente estaba escandalizada, le preguntó el porqué de ello. La mujer le dijo: Mire Padre: Si mi marido está en el infierno de nada le valen las misas. Si está en el cielo no le hace falta. ¿Y si está en el Purgatorio? Ah, dijo la viuda, es allí donde lo quiero ver.

Los demás son corolarios.

N. B. 1. El purgatorio no permanece, ni tiene duración determinada, sino que terminará en el Ultimo Juicio en que buenos y malos irán a sus moradas definitivas (Definido en el Concilio Florentino y otros).

N. B. 2. Santo Tomás dice que "la menor pena del Purgatorio es mayor que la peor pena de esta vida". Billot lo tiene por exagerado; y San Buenaventura y —siguiéndolo— San Belarmino, dicen que no, que tanto la pena de daño como la de sentido son atenuadas por la seguridad de la visión beatífica que se va aproximando. .

La pena de daño ya saben que es la pena de ausencia de Dios y la de sentido es el fuego. Decimos el fuego; ahora qué es el fuego no sabemos.

N.B.3. ¿Existe el Juicio Particular? o sea de inmediato, después de la muerte corporal ¿se produce la sentencia de vida o muerte eterna o bien al fin del mundo, en la resurrección? Hubo una discusión larga, pues algunos Padres Antiguos juzgaron que hasta la resurrección no se producía la sentencia de cielo, infierno o purgatorio. Pero la Iglesia zanjó la discusión a favor del juicio inmediato o particular con varias definiciones ex cathedra, la principal del Concilio Florentino, en 1438, Eugenio IV, Decretum pro Armenis.

A Frank Dukesnes, que nombré al principio, no le gusta nada esa definición, piensa que hasta el día del juicio final no hay sentencia definitiva. Más debe someterse a la autoridad de la Iglesia, pero lo que hace es atenuarla mucho, como veremos.

Hubo una anécdota curiosa en el Siglo 14 que fué del Papa Aviñonense Juan XXII que no fué el peor de los Papas de la "Cautividad de Babilonia" como se les decía en broma en la Iglesia, porque estaban sometidos a la autoridad de los franceses y fueron todos franceses, pero tampoco el mejor. El cual empezó a predicar la opinión ya demudada de la suspensión de la sentencia hasta el juicio final, pero al fin de su vida, a los 85 años, se retractó, reconoció que había estado equivocado y se volcó por la opinión común, encargando a su sucesor que zanjase definitivamente esta discusión que largamente habían sostenido los teólogos, lo cual hizo Benedicto XII, también francés, por la bula "Benedictus deus" 1336, que es una definición ex cathedra.

N.B.4. Santo Tomás concedió que la felicidad de los salvados es imperfecta, porque les falta el cuerpo, y lo desean; cuanto más los del Purgatorio.. El ya nombrado exegeta judeo francés Alberto Frank Dukesnes, dice que las almas están en un estado innatural, anormal, e incluso violento, lo cual es ir más lejos. Santo Tomás no dijo tanto, sino simplemente que las almas tienen nostalgia de su cuerpo, porque sin él no está completo el hombre, no es hombre en realidad, sino que es un alma. Este exegeta no tiene muchas ganas de que entre en el cielo del todo y entonces todo a lo largo de su libro que se llama "Lo que te espera después de tu muerte", que es bueno, continuamente insiste en que las almas separadas no son el hombre y no están del todo satisfechas. Tuvo que admitir, aún a regañadientes, que las almas salvadas, ya gozan de la visión beatífica "aunque retaceada". Cómo puede ser eso de tener visión beatífica, pero no del todo, no lo sé.

Y pone que ellas pasan por siete tramos, a saber:

1) Carecerán de tentaciones.

2) Verán a las almas perversas camino del castigo por caminos laberínticos.

3) Verán al Creador dar testimonio en favor de ellas.

4) Tendrán un anticipo de la inefable paz de que gozan los que ya están en el cielo.

5) Tendrán la alegría de verse libres de la corrupción de la mortalidad.

6) Se manifiesta la claridad y belleza de sus rostros, como un sol.

7) Tendrán el regocijo del perfecto reposo, al ir apresurados a contemplar la faz de Aquel que han obedecido aquí abajo para recibir una eterna recompensa.

Copio resumiendo el decreto. "Este es el decreto para los que hayan guardado los mandamientos del Altísimo, apenas se vean libres de su envoltura corruptible..." Sin embargo, según Dukesnes comienzan a desear con ardor su "envoltura corruptible". Ha sido el cuerpo un compañero del alma, de manera que el alma lo añora, aunque de hecho le haya dado grandes disgustos. También en realidad el cuerpo las ha ayudado a salvarse y es lógico que quieran recobrar el cuerpo y no saben cuándo lo van a recobrar, porque hasta el Juicio Final no se dará la resurrección de los cuerpos.

Además, según el mismo, los invade un arrepentimiento de sus pecados veniales y mortales ya perdonados que no hay idea en esta vida: "profunda penitencia, arrepentimiento absoluto" Es decir: estando el alma libre del cuerpo sufre muchísimo de arrepentimiento por todos los pecados que ha hecho —incluso los olvidados— porque en el alma quedan marcados todos nuestros actos buenos y malos. Esta espada del arrepentimiento, como la de Anfortas, hiere y sana a la vez. Ella es el fuego del Purgatorio.

Según este exégeta, el fuego del Purgatorio no es el que nos pintan los cuadros con una gran cantidad de personas sumergidas hasta la cintura en un mar de llamas, porque las llamas no le harían nada a las almas, sino es el arrepentimiento que es tan fuerte que se podría comparar al fuego.

Esto será, según el exégeta, en el libro IV de Esdras. Yo no lo he encontrado, pero él dice que tiene un ejemplar mejor del siglo IX. Los libros III y IV del Apokalipsis de Esdras son apócrifos, es decir, están fuera del Canon, ya que los sacó el Concilio de Trento de él, de la lista que creemos que son los libros canónicos; continúan el Libro de los Reyes segundo y narran el reinado de Josías, un Rey de Israel muy bueno. Los otros dos libros son apocalípticos.

¿Cómo hizo la iglesia el Canon? En tiempos de San Agustín ya estaba hecho. Simplemente preguntaron a las Iglesias de todo el mundo cuáles eran los libros que ellas tenían por inspirados por Dios. Aquellos libros que todas las Iglesias o casi todas los tenían como inspirados por Dios, fueron puestos en una lista llamado Canon. El Concilio de Trento sacó del Canon los libros III y IV de Esdras, pero los recomendó y mandó que se imprimiesen como apéndice al fin de la Escritura canónica, o sea después del Apokalypsis de San Juan.

HABRÁ UN FIN DEL SIGLO

Vamos a ver la revelación divina del fin del mundo; o mejor dicho, del fin del siglo; porque el mundo no finirá nunca, pues Dios no destruye nada de lo que ha creado, como dijo por Sap. XI, 25. No aniquilará nada de lo que existe, aunque podría. Esta tierra en que estamos será renovada, y por cierto, por el fuego, al fin del "ciclo adámico", o sea la época de Adán. El universo será renovado, "nuevos cielos y nueva tierra" dice el Apokalypsis y también el profeta Isaías, no por el agua sino por el fuego dijo Cristo. El agua acabó con el orbe habitado o una parte de él en el diluvio, pero el próximo diluvio no será el agua. Pero no hay que alarmarse, porque ese fuego no atormentará a los elegidos.

Los físicos no saben, ni cómo empezó la humanidad, ni cómo acabará; eso lo sabe el Génesis y el Apokalypsis; sino es alguno de los seudo físicos (o sea macaneadores) como Renán, que dice que el Universo perecerá de frío o Darwin que dice que la vida empezó por evolución, lo cual creemos que es falso.

Tengo cinco o seis libros famosos de físicos famosos, Eddington, Einstein, Serrington, Laplace, Eddington otra vez, Whitehend y Galileo y ninguno se mete ni por sueños con el principio y fin del género humano. Más aún, Sherington en "El hombre y su naturaleza" (edit. Alhambra, Madrid 1947) escribe: "Así, la Ciencia Natural trata de evadirse de todo lo que es humano... Observando lo perceptible, el científico intenta sustraerse de las "Causas", de las Fuerzas, de los Tiempos Absolutos, de los Comienzos en el Caos, de la Terminación en la Nada, de la Realidad Ultima, de la Vida, de la Muerte, de la Deidad Personal... para no hablar de lo Malo, de lo Justo, de la Esperanza, de los Temores, etc. La ciencia no es buena ni mala; es falsa o verdadera".

Es decir, los físicos dicen que no tienen que ver nada con la moral que trata del hombre propiamente, de su conducta, de su fin. Hay uno de estos libros que es un monumento —o digamos sobriamente un "clásico"— que compré por recomendación del poeta Paul Claudel, y es "Man's Place in the Universe" de Alfred Russell Wallace (Chapman and Hall, 1903, Ld.). Es una larguísima y definitiva investigación sobre los mundos habitados —o mejor dicho, el mundo habitado, pues del estudio surge con evidencia que ningún otro planeta solar, y mucho menos ningún otro planeta que podría haber en las estrellas, son aptos para cobijar la vida, al menos de los vivientes superiores.

Hizo una investigación astronómica muy profunda usando todo lo que se sabía entonces en astronomía y llegó a la conclusión de que no puede haber hombres en la Luna o en Venus, ni en Marte, ni hombres o animales superiores, como vacas o caballos, ni cualquier otro animal que suplante al hombre o parecido al hombre, racional o por lo menos viviente. ¿Por qué? Porque o no hay atmósfera o no hay otras condiciones necesarias para la vida. El libro es sencillo y sumamente científico.

Lo que lo entusiasmaba a Claudel es que constituye una demostración de la existencia de Dios —indirecta— por el Orden, porque investigando los planetas uno encuentra un orden admirable de la Creación inanimada, hay una especie de artificio o de mecanismo increíblemente sabio de todo lo que da vueltas en el espacio. A mí me gusta porque confirma la revelación de que la Humanidad comenzó y la Humanidad debe terminar.

Comenzó porque en un tiempo la tierra no era apta para la vida del hombre, lo mismo que ahora los otros planetas, y con el tiempo se puso apta. Eddington dice taxativamente, en ''The nature of physical World", que eso pertenece a la religión —a la religión "mistica' dice, o sea revelada. Hay otros dos físicos que sí especulan sobre el fin del mundo: Kirwan, ''Comment peut fini Univers", donde expone la conjetura de Renán que acabará por frío "dentro de 20 ó 30 millones de años a lo más", pero prefiere la versión de San Pedro que acabará por fuego y dentro de poco, por el choque "con un cometa inmenso, como el de 1811" (¿y por qué no por una bomba atómica, digo yo?).

Otro físico más católico que este, Kaye (inglés), toma simplemente la noción de San Pedro y se atiene a ella: "Mas los cielos que ahora son, y la tierra, por la misma palabra creados, están reservados al fuego del día del juicio y la perdición de los impíos. . . Pues llegará el día del Señor como ladrón, en el cuál los cielos pasarán con ímpetu magno, los elementos se fundirán con el calor, la tierra misma y todas las obras que en ella están serán consumidas..." y después dice: "En el llegar del día del Señor por el cual los cielos ardiendo se disolverán y los elementos se desharán por el ardor del fuego... "(II Petr. ni,7, 10, 11) El día del Señor es el día del Juicio en toda la literatura de la Sagrada Escritura, en el Antiguo y Nuevo Testamento .

Pero el anuncio más reverendo del fin del tiempo, que es el llamado Discurso o Recitado Esjatológico de Nuestro Señor, nos ocupará esta clase.

Los profetas del Antiguo Testamento habían predicho reiteradamente el fin de los tiempos, con el nombre de "el día del Señor magno y terrible", o como repite San Pablo: "día de la revelación del Justo Juicio de Dios".

Desde el primer libro, el Génesis, donde Jacob llama a sus hijos (Cap. 47,1) diciendo "Venid, juntaos aquí, que os anunciaré lo que va a pasar cuando se acaben los días" hasta el último libro, donde el Apokaleta termina:

Y el Espíritu y la Novia dicen: ¡Ven!

Y el que escucha que responda ¡Ven!

Y el sediento acuda a recibir Agua de Vida gratis

Dice el que testifica esto ¡Cierto, vengo pronto! —Ya, Señor

Ven Señor Jesús!

Toda la Escritura hormiguea de alusiones al "Día del Señor", sobre todo el profeta Isaías; las cuales culminan en la solemne proclama del Fin del siglo por Nuestro Señor Jesucristo, el cap. 24 de San Mateo, llamado el "Discurso esjatológico" o con más exactitud "El Recitado esjatológico", con jota.

Es el centro de la profecía en la Escritura. Esta profecía que hizo Cristo, es el centro de toda la profecía en el Antiguo y Nuevo Testamento. Es difícil y desconcertante. Parecería que trata una parte del fin de Un Mundo, o sea Jerusalén; o de las dos partes a la vez. Y esto último es la verdad, pero hay que entenderlo. La solución del enigma del cap. 24 de San Mateo es que trata de las dos cosas a la vez, conforme a ese lenguaje profético, que siempre trata de dos cosas a la vez, que llaman el "Tipo" y el "Antitipo".

Un exégeta extravagante imaginó que Cristo trató de los dos sucesos por medio de estrofas en ese recitado diciendo por ejemplo: estos 7 versículos tratan del fin de Jerusalén, estos 12 versículos que siguen tratan del Fin del Mundo y así el resto, como si Cristo hubiese hecho una poesía en estrofas. Trata de las dos cosas, pero de las dos cosas a la vez, no dividido en estrofas. Porque la ruina de Jerusalén fue el tipo del fin del Mundo.

Todos los profetas han descrito un suceso próximo, que era como el símbolo o la figura de otro suceso remoto, que era muy difícil de entender; no lo hubiesen entendido ni creído. De manera que hacían primero la profecía de un suceso próximo, que iba a suceder dentro de 30 ó 40 años y eso iba a ser el símbolo de un suceso que iba a suceder por ejemplo dentro de 20 siglos, como va a pasar con el fin del mundo.

Otro exégeta, Maldonado, muy famoso, después de cansarse reseñando la cantidad de opiniones de los antiguos Exégetas, termina diciendo que él por su parte opina que Cristo dio una respuesta confusa a los que le hicieron una pregunta confusa; solución que adjudica a San Agustín, lo cual dudo mucho; no es digna de San Agustín y mucho menos de Jesucristo. Jesús era el Maestro y no debía responder adrede confuso; y además la pregunta de los Apóstoles no fue confusa sino errónea, que no es lo mismo.

Porque le preguntaron; "¿Cuándo será esto que has dicho?" Es decir, que del templo de Jerusalén no quedará piedra sobre piedra. "¿Y la señal de tu venida?" Creían que la destrucción del templo ocurriría al fin del Mundo. De manera que preguntaron dos cosas diferentes a la vez y Jesucristo les contestó las dos cosas a la vez, haciendo a una figura de la otra. El templo de Jerusalén estaba edificándose en tiempos de Jesucristo, lo había empezado Herodes, y siguió edificándose 40 años más. O sea, casi hasta que destruyeron a Jerusalén.

El año 63 se acabó de edificar y el año 70 un soldado romano le prendió fuego y se acabó para siempre, tanto que el General Tito, cuando vio el desastre que había ocurrido en Jerusalén, después de las matanzas que habían hecho los soldados romanos y las matanzas de los judíos peleándose entre sí, quedó tan horrorizado que dijo: "Yo no he hecho esto, esto lo ha hecho algún dios que está enojado con los judíos".

Jesús les debía haber respondido en todo caso como en otra ocasión: "Erráis, no conociendo la Escritura y el Poder de Dios".

Uno de los Apóstoles, o bien los cuatro Apóstoles principales (Pedro, Andrés, Santiago y Juan) cuando diciéndoles Cristo que "dése templo herodiano que veían construyéndose no quedará piedra sobre piedra" le habían preguntado "¿qué señales habrá de eso, de la ruina del Templo y del fin del Mundo?" les contestó a las dos cosas juntas, haciendo a la más próxima, que estaba a cerca de 40 años símbolo y figura de la remota, que estaba en la lejanía desconocida; desconocida incluso por el mismo Hijo del hombre, como dijo El misteriosamente. Como Dios lo sabía ciertamente, ahora como Hijo del hombre, el nombre que El se ponía como Mesías, no lo sabía, porque no tenía que revelar eso como Mesías ni podía entonces revelarlo, porque el fin del Mundo depende de dos libres albedríos que son: el libre albedrío de Dios y el libre albedrío del hombre.

El Cardenal Newman resolvió esta dificultad diciendo: "No es que no quisiese decir que no estaba en la Revelación preparada por El cuándo sería el fin del Mundo, sino que El, como Hijo del hombre, no sabía el fin del Mundo".

Dios sólo sabía el fin del Mundo. Porque la marcha de la humanidad es como una línea sinuosa o quebrada, que se va aproximando al fin del Mundo y después aparecen Santos o aparece una especie de conversión del Mundo y entonces se aparta la "ira de Dios", quedando más tiempo. Así tenemos que en el siglo XIII San Vicente Ferrer pronunció que el fin del mundo estaba cerca y hasta resucitó un muerto para comprobar al Arzobispo de París que era verdad lo que él decía.

Y no sucedió. Y esto produjo mucha dificultad luego cuando se quería canonizar a San Vicente Ferrer, hasta que uno de los teólogos que se ocupaban de este proceso dijo —No se equivocó, porque el fin del mundo estaba cerca, realmente. Lo que pasa es que surgieron una cantidad tan grande de Santos en Europa (algunos por la misma predicación de San Vicente Ferrer) que Dios prorrogó el tiempo de su ira. Entonces canonizaron a San Vicente y después el Cardenal Newman hizo una teoría de que la humanidad va al fin del mundo en forma de una línea quebrada por la cual está siempre rozándolo, pero cuando los hombres empiezan a portarse bien, cuando no hay la gran apostasía que dice San Pablo todavía, aunque muchas veces empezó y ahora parece que ha empezado, entonces cuando no hay eso. Dios espera porque no quiere que nadie se pierda sino que todos lleguen a penitencia.

Esa es la característica del lenguaje profético, hablar a la vez de dos cosas, una próxima llamada Tipo y otra remota, que llaman hoy Antitipo.

El que llamó la atención sobre esa peculiaridad fue el exégeta Alfredo Fenillet: no se desconocía antes, se había olvidado; recordó a los exégetas el lenguaje prof ético que siempre es doble; fue seguido de inmediato por Bainnel, Billot, Lagrange O. P. y hoy por la generalidad. El profeta Jeremías profetizó a la vez el fin del cautiverio de Babilonia y el fin del cautiverio del demonio por la Redención; el profeta Isaías predijo la vuelta del hebreo a Palestina y la segunda vuelta de Cristo. San Pablo habló de la conversión de los judíos junto con la venida del Anticristo; y Jesucristo predijo la Destrucción de Jerusalén y su Segunda Venida, que no es segunda sino repetición o conclusión de la primera.

¿Está respondido del todo con esto? No, es la mejor respuesta que hay, pero subsisten dificultades: por ejemplo cuando Cristo recomienda la presteza en huir de Jerusalén sitiada, eso no puede aplicarse literalmente al fin del mundo (vers. 1523); porque entonces no se va a poder huir o bien cuando Cristo saca toda esa fenomenología meteorológica de "el sol se obscurecerá, la luna se pondrá color de sangre, las estrellas caerán del cielo" y todo eso, que son metáforas usadas continuamente por los profetas, no se puede aplicar eso al fin del templo de Jerusalén, aunque puede ser que haya pasado algo de eso, pero de suyo se refiere al fin del mundo. De modo que hay dificultades en la interpretación esa, en los dos sentidos, aunque en general sí se puede aplicar a los dos sentidos, como veremos.

Y se puede suponer que son defectos de los cronistas, es decir de los evangelistas, porque al fin y al cabo el Evangelista que más cerca de Jesucristo habló —San Mateo— lo escribió a 30 años después de la muerte de Jesucristo. De manera que no hay que buscar en los Evangelios una perfección total que no puede ser. Tomaron los recitados que habían oído a Jesucristo y retenían de memoria e hicieron recitados con las obras de Jesucristo, estando reunidos en el Cenáculo probablemente, y los hicieron conforme a los usos de ellos y de eso constan los cuatro Evangelios.

Veamos ahora todo seguido lo que profetizó Cristo, añadiendo al capítulo largo de Mateo, lo que hay en Marcos y Lucas.

1° Guerras y rumores de guerras, terremotos, pestilencias y hambre: esto se realizó antes del año 70, según las historias de Josefo y Tácito, que describen un tiempo calamitoso. Pero esto, dice Cristo, es sólo el comienzo de los dolores.

2° Una encarnizada persecución religiosa a los Apóstoles y los cristianos en general; pero de cualquier modo se predicará el Evangelio en todo el orbe. También se verificó. En tiempo de San Pablo se había predicado en todo el mundo conocido.

3° La desolación abominable o la desolación, la palabra de Daniel ya aplicada a la tiranía de Antíoco varios siglos antes. También se verificó ahora, el año 70, aunque es dudoso cuál fue. Ahora en el fin de los tiempos sabemos por San Pablo que el Anticristo profanará el Templo de Dios, entronizándose en él como Dios; y eso es realmente una horrible profanación.

4° Habrá una tribulación tal como no se ha visto desde el Diluvio acá. Esa tribulación se cumplió según la historia de Josefo ("De bello judaico") que después reprodujo Bossuet. Realmente describen algo horroroso. No quedó piedra sobre piedra. El General Tito se asustó de las matanzas; madres que comían a sus hijos acosadas por el hambre y cosas así. Tito dijo: "Yo no he hecho esto. Esto lo ha hecho algún dios que está enojado con los judíos". Y acertó. Porque él no quería que pasara todo eso. Y pasó.

5° Caerán al filo de espada y serán llevados cautivos a todas las naciones; también se cumplió. Eso no se verificará a la letra en el fin del mundo.

6° Prevención a los Apóstoles otra vez contra los falsos Cristos y falsos Profetas: abundaron antes de la caída de Jerusalén; y abundarán más antes de la del mundo. Digamos que abundan yá ahora.

7° Perturbaciones del sol, la luna y las estrellas: un lugar común de los Profetas, con significado metafórico; se secarán los hombres de miedo y angustia, "las fuerzas uránicas se desquiciarán". La Vulgata Latina dice: "las Virtudes de los cielos se conmoverán", pero el texto griego dice: "las virtudes uránicas se desquiciarán". "Uránicas" significa del cielo, pero significa también un metal con el cual se fabrica la bomba atómica: uranio.

8° Fin: verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes, y los ángeles con trompetas; y congregarán los elegidos desde los cuatro vientos. Juicio Finad y la Resurrección.

La herejía de los "esjatólogos". La secta protestante (o más bien impía) más fuerte deste tiempo es la llamada "esjatóloga" fundada por Wilhem Wrede, alemán, seguida por Wellhausen (Joannes) y sellada por "el Suizo Schweitzer que acabó de liquidar a Jesucristo en su "The Guest of historical Jesus" (publicada en alemán en 1906, traducida al inglés en 1926 y del inglés al español en Buenos Aires, no hace mucho).

Es un libro impiísimo acerca de Jesucristo; la búsqueda del Jesucristo histórico, se llama. La llamada "Escuela Esjatológica" ha ido progresando (o despaturrándose) hasta llegar a dudar de la existencia de Jesucristo en esta forma:

Wrede dijo que el único Evangelio histórico era el de Marcos; pero eso no quería decir que se aceptaran los milagros y todo lo sobrenatural: suprimir todo eso; añadiendo una teoría de la personalidad, medio chiflada, de Jesucristo.

Wellhausen dio un paso más allá, negando que Marcos fuese un libro, siendo una serie de trocitos añadidos y escritos por los primeros cristianos: Marcos fue su coleccionador. En realidad Marcos se guió por los recuerdos de San Pedro. Jesús había creado una nueva idea del Mesías, el cual iba a triunfar después de una catástrofe, al fin del siglo, que lo iba a entronizar a El mismo como Mesías. Esto es lo que enseñaban estos señorea.

Alberto El Suizo le da el golpe de gracia al Jesucristo histórico (cree él) diciendo que ni siquiera Marcos es de fiar, y que hay que investigar de nuevo al Jesús histórico, lo cual él se propone hacer, con total fracaso, pues desemboca en una completa incertidumbre o escepticismo; y al final de su "Encuesta" termina mandando a sus antiguos feligreses luteranos (pues fue un tiempo jefe de la Iglesia Luterana de Berlín) que creen o recreen ellos a Jesucristo en sus corazones practicando la moral que dejó Cristo en el Evangelio, que es una moral provisoria, porque es una moral de tiempo de guerra o de tiempo de viaje, porque Jesucristo creía que el fin del mundo iba a ser pronto y entonces no se ocupó de hacer una moral permanente. Se olvidó por ejemplo de poner que había que tener compasión de los animales, pues ésta era una de las cosas principales, para él, de la moral.

Alberto el Suizo murió hace tiempo y no sé quién es ahora el jefe de los Esjatólogos. Pero leo en un reciente "Comentario inglés de la Sda. Escritura" que esa escuela pasó de moda (en realidad, se agotó) y fue sustituida en la moda (en la novedad) por la Formcritícism (Formgeschichte), la teoría de la estructura, de Martín Dibeluis y Martín Bultman; en Inglaterra Lightfoot, que rechaza no solamente a Marcos sino todos los Evangelios, considerándolos compuestos de una amalgama de unidades independientes, las cuales hay que investigar y escudriñar, por medio de la crítica para ver de qué fecha es cada fragmento y cuál sigue a cuál otro, como un rompecabezas.

A eso le llaman la teoría de la estructura. Es decir, hay que hacer con los Evangelios una especie de descuartizamiento y componerlos de nuevo de acuerdo con esta teoría. Y dicen que son fragmentos independientes que reflejan los pareceres de los primeros cristianos y no tienen nada que ver con la historia.

Bultmann y Dibeluis se golpean entre ellos. Parece que esta teoría es la más avanzada de todas, después de los esjatólogos. Esjatólogos significa la teoría del fin del mundo. Ahora los periodistas y los diccionarios dicen escatología, pero escatología significa pornográfico en griego, de manera que el pobre San Juan Evangelista se convierte en un escritor pornográfico. Scathos significa excremento.

El núcleo desta enseñanza de dementes es que Jesucristo erró, y por ende no fue ni profeta, ni Mesías, ni Dios, ni cosa que se le parezca, y prueban que se equivocó desta manera:

1° Dijo que no pasaría esta generación (ni Su vida) sin que sobreviniese el fin del mundo; y se equivocó.

2° Otro error de Cristo: "El Hijo del Hombre ha de venir en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces pagará a cada cual según sus obras. En verdad os digo que hay algunos aquí presentes que no probarán la muerte hasta que vean al Hijo del Hombre viniendo en Su Reino" (Mt. XVI, 28); y exactamente con las mismas palabras en Lc. IX, 27.

3° Añaden otros textos disparates como, "Haced penitencia, porque está cerca el Reino de Dios..." (Mt. IV, 17 ó Lc. X, 9). Eso lo había dicho Juan Bautista y lo dijo muchas veces Cristo, pero ellos le dan el significado de que Cristo creía que ya no más iba a venir el fin del mundo, antes de morir El.

La respuesta a estas cavorias la da por ejemplo Billot en su libro especializado "La Parousie" que no trata casi más que de esto; y más brevemente en el tratadito latino "De Novisimis" que fue mi manual en Roma, a saber:

Los "hipercríticos" no leen entero el lugar de San Mateo. En él hay una referencia clara a dos sucesos diferentes, los consabidos typo y antitypo de la profecía, a saber: "en verdad os digo que no pasará esta generación hasta que todas estas cosas se cumplan. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán. Pero de aquel otro día ahora nadie sabe, ni los ángeles del cielo sino sólo el Padre. . ." Los adjetivos esto y aquel significan diversidad y distancia. Está hablando de dos cosas: de la destrucción de Jerusalén, que no pasaría esa generación sin que la viesen y del fin del mundo que ni El mismo sabía cuando iba a ser. "Ni el Hijo del Hombre, dijo El, sabe cuándo va a ser".

De manera que primero dijo; "estas cosas, no pasará esta generación sin que se cumplan" y después dijo. . . "Pero de aquel día y aquella hora nadie sabe nada, ni los ángeles del cielo, ni el Hijo del Hombre, sino sólo Dios.”

No puede decirse más claro. De manera que éstos no quieren entender, no quieren leer bien el Evangelio.

Y para Mayor abundamiento, en San Lucas está lo que llaman "el Intersticio"; es decir, entre la ruina de Jerusalén y el fin del mundo hay un "intersticio", un período de tiempo que San Lucas lo expresa de esta manera: "caerán al filo de la espada, y serán dispersos por las gentes, y Jerusalén permanecerá desolada hasta que se cumpla el Tiempo de las Naciones" 0 sea el día del Juicio de las Naciones, como explica San Pablo ; hasta que las naciones hayan caído en la misma culpa en que cayó Jerusalén, es decir, hayan caído en la apostasía y entonces las Naciones sean juzgadas y los judíos entren en la Verdad —dice San Pablo—.

Además, por San Mateo, Cristo dice que "primero se predicará este Evangelio del Reino por todo el orbe, y después vendrá la consumación". No ha venido todavía la predicación del Evangelio por todo el orbe; hay regiones a donde no ha llegado el Evangelio y aunque algunos se esfuerzan en afirmar que el año 70 ya se había predicado el Evangelio en todo el orbe, es vano. Es cierto que San Pablo dice una cosa que suena a eso; les dice a los Romanos: "Vuestra fe es conocida en el universo mundo", Pero el universo mundo era para San Pablo el Imperio Romano, el mundo habitado y civilizado, Y esa predicación total del Evangelio "Id y predicad a todas las naciones, bautizándolas en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo" que será antes del fin del mundo. No sé si será predicado de manera que se formen Iglesias en todas partes, o bien si habrán oído hablar de Jesucristo.

Además, Jesucristo en varias parábolas supone claramente que su Reino va a crecer lentamente y por mucho tiempo, y no va a ser instantáneo o pocos menos, como dicen éstos que El creía. Por ejemplo el Trigo y la Cizaña, el Grano de Mostaza.

El otro texto que ellos aducen como error de Cristo es donde dice que "hay quienes están presentes y antes de morir verán la gloria del Hijo del Hombre". Pero ese término se refiere con toda claridad al milagro de la Transfiguración que los Evangelistas narran inmediatamente después. La Transfiguración es una ligera señal de la Gloria futura de Cristo, o sea de su Resurrección; y eso vieron Pedro, Santiago y Juan.

Billot se da el gusto de hacer trizas a los sofismas anticrísticos destos "hipercríticos"; esos textos tienen siglos de existencia y han sido leídos y manejados por letrados inteligentísimos y no vieron ni notaron lo que después de 20 siglos de repente descubrieron estos cuitadillos.

Realmente, cuando uno alcanza a leer las mismas palabras y discursos arbitrarísimos destos desaforados, se tienta de no creerlos normales.

En fin final, en religión estamos en tiempos muy malos, y por consecuencia en todo lo demás, o si se quiere, en tiempos muy buenos por otro lado, pues estar cerca de cumplirse las profecías, para un cristiano es más bien muy bueno, por mucho que haya que pagar. Eso yo no lo sé, a pesar de que las monjitas de Méjico me tratan de "profeta". En eso no les voy a dar dato, como me dijo el coya cuando le pregunté cuantos dioses había.

HABRÁ UNA PARUSíA

La Parusía es un tema sobre el cual yo hice un libro entero que se llama El Apokalypsis. La Parusía está contenida en El Apokalypsis.

Cuando empecé a traducir me di cuenta era demasiado largo y dejé.

La Parusía y sus señales hemos tocado en la clase anterior. Parusía es como sabemos la Segunda Venida, que no es como la primera, ni es la Bajada ni es Encarnación, sino compleción y culminación de la Primera Venida de Cristo.

Por eso la exégeta francés Frank Dukesne, se enoja mucho de que llamen la Segunda Venida de Cristo, dice: No hay segunda Venida, vino una vez, está presente, no se manifiesta pero se va a manifestar. Parusía significa manifestación, significa (estar al lado) y la aplicaban los griegos a un Rey que inesperadamente visitaba una ciudad grande.

La Parusía en su especie de Juicio Final está aludida y realudida en el Antiguo Testamento, con el nombre de "El día del Señor", "magno y terrible", añade Isaías. Pero fue después proclamada, por así decirlo, por el mismo protagonista, el Salvador y Juez; y esa proclamación tenemos en el Cap. 24 de San Mateo; y lo mismo abreviado en San Marcos y San Lucas.

Pero el enfoque desa proclama está en la salvación de los Apóstoles (y sus seguidores, es decir los judíos conversos). Jesucristo en el Sermón Esjatológico no se ocupa de El mismo ni un solo momento, se ocupa de los Apóstoles, de los peligros que van a correr, los previene sobre ellos: los falsos profetas, las guerras y rumores de guerra, los cataclismos que pasaron antes del año 70 y solamente al final del recitado Jesucristo se presenta. Y así vemos que la larga profecía doble comienza:

"Mirad que nadie os engañe... y la predicación de muchos falsos cristos, que seducirán a muchos. . .".

—y después "guerras" y grandes calamidades (guerras y rumores de guerras, pero todavía no es el fin, dice Jesucristo).

—más, una grandísima persecución religiosa (sucedió). Los Apóstoles tuvieron que salir todos de Jerusalén.

—más, aflojamiento de los vínculos de parentesco y convivencia; dice Jesucristo "á causa de que sobreabundará la injusticia, se perderá la convivencia, la amistad que hace que los hombres puedan vivir juntos, que en griego se llama ágape. Ágape es la caridad y todos los grados de la caridad empezando por el grado más inferior que es poder vivir juntos sin pelearse. Entonces se perderá la convivencia, se pelearán dentro de las naciones porque abundará la injusticia. Aquí en la Argentina casi no se puede vivir de tantos ladronzuelos que nos rodean, empezando por el gobierno y acabando por los comerciantes que no hacen más que aumentar los precios, a veces arbitrariamente.

—más, otra vez los pseudo profetas y la caída de muchos ("seducent multos") que quizá ya sea la segunda profecía, porque al principio dice "falsos cristos". Y realmente apareció una cantidad de falsos mesías, antes de la destrucción de Jerusalén. Y en tiempos del Anticristo aparecerán "falsos profetas" y el falso Cristo que aparecerá será el Anticristo — más el Evangelio en todo el orbe predicado y entonces vendrá el final.

Entonces pasa Cristo al punto determinado de la huida: el cerco de Jerusalén y la abominación desoladora; y la matanza y la dispersión.

Y aquí pone San Lucas el "insterticio", o sea un período de tiempo entre los dos sucesos: será pisada por los gentiles Jerusalén hasta que se cumplan los tiempos de las naciones: separación desta catástrofe parcial de aquella catástrofe total. Ella se caracteriza, "señales y prodigios capaces de engañar hasta a los elegidos" o sea el Anticristo al cual Cristo jamás nombró, hará portentos que parecerán milagros.

Hay una novela de Selma Lagerloff, que es una gran novelista sueca, que se llama "Los milagros del Anticristo" en que dice lo mismo que se le ocurrió al Cardenal Newman. El Cardenal Newman dijo: "los portentos que va a hacer el Anticristo son las maravillas de la técnica moderna que parecen milagros".

Y los dos portentos que pone San Juan en el Apokalypsis ya están inventados: uno es que el Anticristo va a poder hablar con todo el mundo y ser visto por todos, que es la T.V., que ahora ya está casi llegando a todo el mundo. Y la otra es que el Anticristo podrá hacer caer fuego del cielo y eso es la bomba atómica, que no es más que fuego.

Cristo no nombró al Anticristo quizá porque no era decente que El nombrase a ese enemigo suyo, sino por la palabra de "el otro"; quizá lo que dice de "el otro" se refiera al Anticristo; porque Cristo dijo a los judíos: "Yo he venido en nombre de mi Padre y no me habéis recibido; vendrá otro en su propio nombre y lo recibiréis".

Ese "otro" dicen los exégetas que debe ser el Anticristo; a quienes los judíos van a recibir antes de convertirse.

Yo he pergeñado una explicación completa de ese libro, "que tiene tantos enigmas como palabras" dijo San Jerónimo. Puede parecer temeridad. De hecho me han dicho que he sido temerario al ponerme a interpretar el Apokalypsis. Un salesiano, director de una revista de Rosario, escribió que era temerario y que estaba equivocado en todo.

Tengo la disculpa de que primero leí toda mi vida ese libro, comenzando a los 7 ó 9 años. Había un libro en mi casa, con figuras del Apokalypsis, y lo leí porque me parecía un cuento de hadas, era una cosa curiosísima. Después leí todos los comentarios que haber pude, incluso me fui a Montserrat, a la biblioteca de los benedictinos, a leer los comentarios del Apokalipsis que allí había y que son muchísimos. Y comentarios protestantes del Apokalipsis tengo unos ocho. Segundo que todo lo que puse allí está sólidamente afianzado en lo que han dicho los mejores escritores, los Santos Padres, los mártires, los Santos, pues desde San Jerónimo acá se ha trabajado enormemente en eso, y se ha conseguido mucho naturalmente. "Una profecía se aclara (porque todas son obscuras) cuando se aproxima su cumplimiento", dice Bossuet.

Y ahora estamos mucho más próximos de la Segunda Venida, que los primeros cristianos, naturalmente. Y pensamos mucho menos en eso. Y se han aclarado muchísimas cosas, por ejemplo lo que dije hace un momento sobre la televisión y sobre la bomba atómica.

Además en el Apokalypsis se menciona un ejército de doscientos millones de hombres y los intérpretes antiguos decían: ¡eso es imposible, es exagerado, figurado o simbólico, porque no puede haber un ejército de doscientos millones de hombres! Y hoy solamente la China puede alzar un ejército de 200 millones. De manera que se han ido cumpliendo las cosas del Apokalypsis, incluso las que parecían imposibles.

Como mi exposición está allí a disposición de quien quiera, y tenga mucha paciencia, mencionaré sólo sus rasgos principales.

1° —El Apokalypsis trata del Fin de los Tiempos y no ha sido inspirado por Dios para que no se entienda nunca; o sea, no es una monstruosidad.

2° —El cuerpo de la "Profecía" consta de tres Septenarios o sea tres series de predicciones proféticas que corren hasta la Parusía; la cual es siempre la predicción séptima: a saber, las siete Iglesias, las siete Trompetas y las siete Plagas. El Apokalypsis está escrito de una manera curiosa que ya vieron los antiguos, por ejemplo los Siete Septenarios: empieza a hablar dellos y al llegar al séptimo se para cuando llega la Parusía y vuelve atrás y empieza de nuevo con otra serie un poco más adelante. A eso le llaman "recapitulación"; es un sistema de San Juan Apokaleta.

3° —Después de la sexta Tuba, empieza a correr la mera e innegable Parusía; el mismo Bossuet que trató de hacer del Apokalypsis una profecía parcial y ya cumplida (la historia de la primitiva Iglesia y las diez Persecuciones, hasta el siglo V) reconoce que "hay otro significado más arcano" y que el final se refiere a la Persecución definitiva. Lo mismo su seguidor Billot. Pero los dos reconocen que puede haber otro significado más difícil con el cual no se quieren meter. Hay uno que no admite un significado más lejano y es Renán, quien saqueó a Bossuet, para su libro que se llama "El Anticristo"; donde relata la persecución de Nerón. Y omite lo dicho por Bossuet de otro significado. Otro que hace lo mismo es Alió, un comentador del Apokalypsis muy renombrado y muy erudito.

4° —Al sonar la Ultima Tuba aparecen las dos Fieras (o Bestias) que guerrean directamente contra Jesucristo en su Iglesia.

5° —Antes del desenlace de la guerra, o sea de la victoria de Cristo y todos los suyos, se hallan los Episodios de los Dos Testigos, la Mujer Agua, la Mujer Ramera, las 144.000 Vírgenes, las siete Plagas, la Caída de la Mujer Bermeja. . . Los ingleses que son muy finos, no dicen la Mujer Prostituta, sino la Mujer Escarlata. La Mujer Escarlata porque está sentada encima de un dragón color rojo.

6° —La Primera Fiera, la del Mar, para San Juan es un Emperador Plebeyo de todo el mundo, y Tirano Perseguidor: el Anticristo, que por síierte va a durar solamente tres años y medio, va a poder perseguir durante ese tiempo, va a ser Rey del Mundo.

7° San Pablo retrató al Anticristo, es el Anomos (El Sin Ley) el Perverso y el entregado a Satanás, el cual le presta Poder para hacer prodigios o portentos; al cual el Señor Jesús derrotará con un soplo de su boca o sea, no necesitará cruzar la espada.

8° —La segunda Fiera, la de la Tierra, está caracterizada solamente por tener cuernos como de cordero, y palabras de dragón; parece debía ser al revés. Allí hay misterio. Posiblemente puede interpretarse que es un Obispo apóstata; los cuernos son la mitra. O bien un Antipapa, Porque dice que surge de la Tierra, que representa a la religión en el Apokalypsis, (así como el Mar representa al mundo). Y de ahí surge la Fiera de la Tierra, la cual se pone a hacer propaganda del Anticristo con grandísimo éxito y ella le hace los portentos. Solovief hace que sea un obispo apóstata que al mismo tiempo es un mago y es un técnico en electrónica. Ese es el que hace los portentos.

9° —Esta Fiera ejerce una actividad eficaz en favor de la otra o "el otro"; como he explicado antes.

10° —Después del hundimiento de las dos Fieras y de Satanás, el Apokaleta describe largamente la Jerusalén Celestial o Nueva Jerusalén. Hace una descripción poética que a muchos les parece rara; a mí también, porque es una descripción demasiado simbólica de la Nueva Jerusalén que representa el Mundo de los Resucitados.

Algunas preguntas:

1° —¿Qué significa el Primer Septenario?

Según una exégesis sólida, apoyada por ejemplo en San Alberto Magno y otros y ahora en Billot y sus discípulos, significa emblemáticamente las siete épocas de la Iglesia hasta el Fin del Mundo. En las cuatro primeras etapas todos coinciden; disienten en las últimas. Algunos dicen: no, son siete billetes que mandó a Siete Iglesias de Asia Menor San Juan, que era Obispo de Efeso. Pero es raro siete billetes intrascendentes, donde da avisos a los Obispos, en un libro que se llama "La Profecía" porque El Apokalypsis significa eso en griego o "La Revelación"; no pega, se despega del libro. Ahora, si es una profecía de las siete épocas de la Iglesia entonces ya se entiende mucho mejor que lo haya puesto San Juan en su libro. Hay muchísimos grandes exégetas que creen en eso: San Alberto Magno, San Jerónimo y Billot por ejemplo y Holzhauzen, un exegeta alemán muy famoso; todos ven en esas siete Iglesias las siete épocas sucesivas de la Iglesia. Ahora, cuando llega el momento de decir en que época estamos ahora, comienza la disensión; unos dicen la época de Filadelfia, otros dicen la época de La odicea, pero todos que estamos en las últimas. 2°¿Qué significa el Segundo Septenario, las Tubas o Trompetas?

Significa según nosotros siete épocas del Mundo, encabezadas por siete grandes Herejías, a saber:

A—Granizo con sangre: Arrio.

B— Volcán lanzado al mar: Mahoma.

C— La estrella amarga que cae en los ríos: Focio.

D— Los tercios astros obscurecidos: Lutero, los protestantes.

¿Tendré razón al interpretar así?, lo que dice en forma de figuras y de imágenes coincide con los períodos históricos. También coincido yo con varios exégetas.

E— La estrella con la llave del Infierno que cae en el abismo son los Enciclopedistas franceses, que trajeron la Revolución Francesa, que están figurados en una especie de langostas monstruosas y maléficas que salen en gran número del abismo y que van a durar durante cinco meses de años (es justo desde la Revolución Francesa hasta la 1° Guerra Europea). Y en ese tiempo ha habido libertad de prensa en el mundo, pero ahora no hay. Hablan mucho de libertad de prensa porque no existe, justamente. Y esas langostas están figuradas como andando por todo el mundo volando y haciendo muchísimo ruido con las alas. Los diarios serían las alas.

F — Los Cuatro Ángeles y los 200 millones. Hay cuatro ángeles que secan el río Eufrates para que puedan pasarlos Ejércitos del Asia a Europa. Y pasa un ejército de 200 millones de hombres. Solovief dice que ese ejército va a ser el de la China y el Japón aliados que se van a apoderar de Europa, por mucho tiempo, hasta que venga el Anticristo y liberte a Europa por medio de la guerra. Ahora mismo la China sola puede juntar 200 millones de hombres y si China conquista a la India, como dice Solovief, muchísimos más.

G— La Parusía todos los Septenarios terminan en la Parusía.

3° ¿Qué significa el Tercer Septenario, las Plagas?

Son las siete redomas o "fíalas" de la ira de Dios, o sea son castigos de la infidelidad y la maldad. "Fiala" (castellano antiguo) significa un vaso panzudo y con cuello estrecho que se usaban para los remedios: diríamos "redomas". Los siete Ángeles vuelcan las siete "fíalas" sobre la tierra para castigo de la apostasía que va creciendo cada vez más y se va enseñoreando de la tierra. Son castigos de Dios. Excepto en la primera y en la sexta no encuentro apoyo en los Santos Padres. Encuentro apoyo, en cambio, en un exegeta protestante que se llama Lear, un cordobés adventista que escribió trece discursos sobre el Apokalypsis y pone lo mismo que yo en la tercera y la quinta, sin conocer mi libro probablemente, y yo sin conocer el de él.

La primera es la sífilis; segunda, el mar vuelto sangre; tercera, las vertientes vueltas sangre; cuarta, el sol exacerbado (es decir, aumenta el calor del sol); quinta, el Trono de la Fiera en Tinieblas; sexta, el río Eufrates secado, las Tres ranas diablescas y la Guerra de los Continentes (aparecen tres Ranas que son tres Demonios, dice San Juan, que sé ponen a preparar la tierra para la Guerra de los Continentes; se ponen a juntar la gente); séptima, la redoma volcada en el aire, hay un terremoto muy grande y la ruina de la Ciudad Grande y es ya la séptima "fíala", es decir, la segunda Venida de Cristo.

La primera plaga es llamada en la Vulgata “vulnus saevum et péssimum”, herida cruel y pésima." y en el griego “elkós kakós kaíponeros” “llaga mala y pésima”. Los Padres Latinos interpretan era una enfermedad en las partes genitales. La sífilis aparece en forma endémica al fin del siglo XV en el ejército francés de Carlos IV que sitiaba a Nápoles; por lo cual se llama hasta hoy "el mal francés".

La sexta plaga son tres herejías (tres diablos en figura de ranas) que charlan y charlan para preparar la Tercera Gran Guerra. Para mí son el Liberalismo, el Comunismo y el Modernismo. Estas dos plagas fijan las otras cinco.

La segunda, "el mar vuelto sangre" sería el envenenamiento de las relaciones internacionales.

La tercera, "los ríos vueltos sangre" es el envenenar de la cultura.

La cuarta, son los daños de la "civilización", es decir la desbocada técnica moderna, que le llaman "Ciencia".

La quinta, el Trono de la Fiera en tinieblas es, según Sto. Tomás, el Poder Político. Que ahora anda en tinieblas, es indudable.

La sexta, ya la dije. La séptima, es la Parusía.

La primera la encontré en los Doctores y la sexta la saqué del historiógrafo que murió hoy (22 de octubre a los 84 años, Arnold J. Toynbee). Un predicador adventista cordobés, G.N. y Lear, en su obra "Discursos sobre el Apokalypsis" interpreta la fiala tercera "el emponzoñe de la cultura" y la quinta la política en tinieblas, lo mismo que nosotros.

PREGUNTAS:

El Anticristo ¿será una persona o una comunidad?

En San Pablo aparece como una persona singular y casi todos los exegetas lo secundan, menos dos (que yo conozca) el hereje Ticonio, que escribió el primer comentario del Apokalypsis, siglo II y dijo el Anticristo es el conjunto de todos los impíos; y el Jesuita Manuel Lacunza, que dijo eran los enciclopedistas o pseudo filósofos del siglo XVIII, dirigidos por la Masonería. Eyzaguirre chileno que tradujo al latín el Lacunza {"Apokalypseos commentarium literale") consiguió su aprobación en Roma. Por desgracia introdujo ocurrencias suyas.

¿Quién fue Lacunza? Diré brevemente: es un grandísimo exégeta chileno (y argentino) que escribió un solo libro ''La Venida del Mesías en gloria y majestad'' con el pseudónimo de Josafat Ben Ezra; libro insigne según Menéndez y Pelayo; cuya primera edición en español la hizo en Londres su tocayo Manuel Belgrano, el prócer. El libro fue puesto en el Index, no por ser milenista, como pretenden ahora, sino por el pseudónimo judío y algunas alusiones oscuras, que hoy no se entienden, contra el Papa Clemente XIV, el que suprimió a los Jesuitas. Menendez Pelayo dijo en su tiempo que había que haber sacado del Index ese libro, por ser un libro de ciencia (exégetica) excelentísimo. Sobre él escribió una obra Daniel H. Dupuy con el título de "Una gran esperanza".

En Chile lo tienen a Lacunza por una gloria nacional. El se preciaba de ser argentino. Estudió en la Universidad de Tucumán y fue ordenado sacerdote por el Arzobispo cordobés Trejo y Sanabria. Yo le tengo devoción y lo he sacado en una novela. Dupuy enumera entre los "Lacunzianos" a Francisco Ramos Mejía, Sarmiento, San Martín, Bolívar, Cayetano Rodríguez, Ignacio Gorriti. No sabe cuando llegaron aquí.

Menendez Pelayo es quien mejor escribe acerca de Lacunza en "HETERODOXOS ESPAÑOLES", tomo IV, Cap. 6°, Apéndice. Solamente ignora quien hizo la primera edición del libro "La Venida del Mesías" y cree fue el marqués de Mora. Fue Manuel Belgrano, prócer argentino. (El libro de Daniel Hammerly Dupuy "LA GRAN ESPERANZA" es una propaganda cerrada pero respetuosa de los "Adventistas del Séptimo día" bien escrita y con mucha erudición.

El autor se enoja porque alguien definió a los adventistas "una pequeña secta protestante que cree muy cercano el último día y celebra el Sábado". Esta definición es exacta, son los dos ejes del Adventismo; mas en Un "Credo" final publica el autor en su último capítulo, tras de poner los dogmas católicos de la Trinidad, la inspiración de la Escritura y los Diez Mandamientos inmiscuye algunas macanas, como "la observancia del séptimo día", el abstenerse del tabaco y el whisky, el ser gobernados por pastores casados, ancianos y diáconos, el Bautismo por inmersión, el estado inconsciente de los muertos es "un Reino de Justicia, amor y gozo inefables".

Que San Martín y Bolívar fueran milenistas es dudado, aunque es verdad que fueron religiosos —no mucho).

HABRÁ UN JUICIO FINAL

LA RESURRECCIÓN

Yo preparé tres veces esta clase y volví a la primera versión, aunque es un poco odiosa porque habla mucho de mí; Los franceses dicen: "El yo es odioso".

La clase versa sobre el Reino de los Mil Años; es la cuestión más difícil que hay en el Apokalypsis (Cap. XX). Dicho capítulo dice que hay dos resurrecciones; dice "Esta es la Resurrección primera" y eso no lo quiere admitir hoy día, muchísima gente. Resurrección única y simultánea, dicen. Eso es lo que ellas quisieran, pero la Escritura no dice eso.

Si empezase a explicar las cualidades de los cuerpos resucitados eso no tiene dificultad alguna y ya lo he dicho una vez; son las cuatro cualidades que vieron los cuatro Evangelistas en el cuerpo de Cristo resucitado o sea: Inmunidad o Inmortalidad que es no poder sufrir; Agilidad que es poder trasladarse de un lugar a otro instantáneamente, como vieron en Cristo desde Emaús al Cenáculo; Sutileza que es poder pasar a través de cuerpos sólidos, también lo vieron entrar en el Cenáculo sin abrir la puerta y Claridad o Belleza que eso no está en las descripciones de las apariciones de. Cristo, pero está en la Transfiguración que fue como una especie de anticipo o señal de la Resurrección. Y ahí sí notaron los Evangelistas la Belleza y San Pedro estaba tan entusiasmado que no quería irse. Es decir, el Evangelista dice que San Pedro desvariaba de entusiasmo.

Pero la cuestión más vallatana e inexcusable acerca de la Resurrección es el Reino de los Mil Años, que ocupa el Cap.XX del Apokalypsis.

Es una de las luchas actuales de la Iglesia, aunque no es muy conocida, pero los que luchan sí la conocen. Y la cuestión en el fondo consiste en decir: hay una resurrección o hay dos Resurrecciones separadas por un largo período de tiempo. Esas son las dos opiniones.

Hay 3 milenismos (como hay que decir, porque milenarismo es incorrecto gramaticalmente). Uno es el milenismo espiritual, que consiste simplemente en interpretar literalmente lo que dice San Juan en el Apocalipsis —Nada más—.Tomar eso como cosa que va a pasar, por difícil o rara que parezca. Así entendieron ese capitulo casi todos los padres de los cuatro primeros siglos, desde el primer siglo en que todavía vivían los Apóstoles.

Creían tranquilamente que iba a haber un Reino de Mil Años; y que la Iglesia va a ser en él sumamente próspera y va a ser regida de hecho por Jesucristo, después de la Parusía o sea después de que Jesucristo haya bajado a vencer al Anticristo. San Justino Mártir, San Ireneo, Tertuliano, Lactancio, Ambrosio y San Agustín joven así lo entendieron. Yo he traducido del latín todos los testimonios a la letra y todos los autores en fila, que me facilitó el P. Florentino Alcáñiz, en el libro "La Iglesia Patrística, y la Parusía".

Todo eso hubiera seguido así sin duda, si no fuera por el tropezón del milenismo carnal. Un judío llamado Kerintos o Cerintos (siglo IV) fundó una secta herética sobre una interpretación judaica y grosera del Cap. XX que tubo mucho séquito y fue condenada por Eugenio IV en la Bula "Cántate Domino" (1441) junto con una retahíla de herejes (los Ebionitas, Arrio, Pablo de Somosata,etc.) pero no precisamente por el milenismo carnal sino por haber negado la Divinidad del Cristo, (ver Denzinger, N° 710), pero el milenismo carnal fue condenado también, no por un Papa o Concilio, sino por lo que llaman el "Magisterio Ordinario de la Iglesia". De Kerintos no nos queda una sola palabra; y lo que sabemos de él viene de los Doctores que lo combatieron, sobre todo de San Jerónimo.

Dicen que predicaba un triunfo grandísimo de los judíos los cuales iban a dominar el mundo entero y vengarse de sus enemigos y gozar de grandes francachelas y festines. Algunos añaden que, según el Kerintos este, gozarían también de abundantes placeres sexuales. Esto no es seguro, San Agustín lo omite.

Sabemos lo que se dijo por los Santos Padres que lo refutaron y nada más.

Entonces pasó algo curioso: San Jerónimo, desde Palestina, donde la nueva Herejía crecía mucho, escribió a San Agustín que era jovencito y lo veneraba, reprendiéndolo acremente porque con su sermón 259, donde San Agustín decía que él era milenista, "ayudaba a la herejía" que él denominaba "fábulas judaicas" y exhortándolo a interpretar de otro modo el Apocalipsis.

Lo asustó a San Agustín y este inventó una "interpretación alegórica" del cap. XX del Apocalipsis, que (Dios me perdone porque me cuesta decirlo), es una patochada y un tropezón del Santo Doctor tan grande como su talento. Hace llorar cuándo uno lo lee en el libro 20 del "Civitate Dei" y uno se avergüenza por San Agustín (no de).

Para decirlo breve, el cap. XX del Apocalipsis sería una poesía, pero si así es ¿qué impide que el resto del Apocalipsis y aún toda la Escritura sean alegorías, o sean poesías? Según esa interpretación el triunfo de la Iglesia es este triunfo que nosotros conocemos y que no es muy triunfante. En el Cielo es triunfante pero acá no. Los tronos de los 12 apóstoles que van a juzgar a todos los hombres son las sedes de los Obispos y así va diciendo todo el resto. . . el demonio que es retirado por un Ángel y encadenado por mil años dice que significa que ahora el demonio no tiene mucho poder y fuerza para tentar a los hombres; y eso no es cierto.

Tiene una fuerza bárbara ahora. Y así continuamente lo interpreta todo alegóricamente, deshace la profecía de la Escritura y expone a la Escritura a ser derribada toda convirtiéndola en poesía y para peor, mala poesía, como dijeron los impíos como Aldous quien observó que la Escritura era poesía un poco salvaje de los tiempos de la Edad de Piedra y atacó a la Biblia diciendo que no valía nada y que era poesía mala.

De manera que esa interpretación alegórica es una caída de San Agustín por consideración a San Jerónimo, él hizo esa interpretación nueva y dijo "Yo no digo que esta sea la interpretación única posible; hay otra, y esa otra no me atrevo a condenarla porque ha sido seguida por muchos Santos y muchos Mártires". Y San Jerónimo, que estaba furioso contra los milenistas de su tiempo, dice lo mismo: "No nos atrevemos a condenar el milenismo porque lo han seguido muchos Santos y Doctores y Mártires".

Y resulta que ahora se atreven; hay mucha gente que condena el milenismo puro y trata de hacer castigar a los que los siguen. No son lo mejor de la Iglesia Católica ni como ciencia ni como calidad los que hoy día tienen una especie de conjura contra el milenismo espiritual.

De manera que no quedaría más que aceptar el milenismo alegórico de San Agustín, que él mismo dijo que era una interpretación alegórica y nada más (leer ese milenismo alegórico en mi libro, Pág. 271).

Así que tienen aquí figurados muy veraz y exactamente los tres milenismos, con lo cual cumplo mi oficio de Doctor en Teología y con esto no predico ninguno de los tres Milenismos, sino simplemente digo "le cose come stanno" ¿Por qué digo esto?

Porque existe una prohibición de enseñar el milenismo espiritual dada al Reino de Chile en 1941; la cual el año 1974 se extendió a la República Argentina. Tengo el texto latino y castellano de los dos decretos, el contra Chile y el contra la Argentina, julio de 1941 y julio de 1944 que no leo por no alargarme.

Son dos disciplinares, no doctrinales; es decir, son órdenes, y dicen que el milenismo espiritual no se puede enseñar sin peligro en esos dos paisuchos, nada más. Eso fue lo que fulminó al pobre Martínez Zuviría, José Ignacio Olmedo, y al Padre Straubinger y a varios otros.

Se asustaron, se callaron la boca y no dijeron nada. Esos dos decretos están firmados por el Card. Pizzardo (o Pizzapardo, como le decían en Roma) y definen mal el milenismo, pues el primero dice que los que enseñan que Jesucristo va a reinar durante mil años en la tierra "corporalmente" son peligrosos y eso no se debe enseñar. Ahora bien, alguien le hizo notar al Card. Pizzardo que se estaba "condenando a sí mismo" porque según ellos la Iglesia actual es el Reino de los 1.000 años, y ahora Cristo reina en el Smo. Sacramento corporalmente.

También le advirtieron al Card. Marchetti Selvaggiani que por condenar a los milenistas espirituales se estaba condenando a sí mismo; y entonces cambiaron corporaliter por visibíliter, que no va a reinar visiblemente en la tierra durante mil años. Pero ningún milenista espiritual enseña que Jesucristo reinará visiblemente en el mundo con un Ministro de Agricultura o de Bienestar Social y todas esas cosas.

Nadie dice eso. Todos dicen que van a resucitar una parte de los muertos (los mártires de los últimos tiempos) y ellos van a gobernar la tierra pero no como gobernantes ordinarios sino apareciéndose a los "viadores", a los mortales que van a quedar; van a quedar mortales durante Mil años y van a procrear gente y van a ser numerosos los cristianos que vivan en ese tiempo de la Iglesia, pero van a gobernar los obispos y los curas, como siempre.

Se van a aparecer los resucitados como Jesucristo se apareció después de su resurrección a los Apóstoles. Y con esas solas apariciones van a poner una prosperidad increíble en la Iglesia. De manera que en el segundo decreto tampoco acertaron, así que son nulos los dos decretos, pero sin embargo aquí los siguieron al pie de la letra.

Menéndez y Pelayo en el Cap. VI del tomo IV de Heterodoxos, que escribió sobre Lacunza, que es uno de los mayores exégetas modernos de la Escritura y el mayor milenista que hay actualmente (los mayores fueron los primeros Padres de la Iglesia), escribió un apéndice al Cap. VI del libro IV el cual es lo mejor que se ha escrito sobre Lacunza y sobre el milenismo, y ahí dice: "como todos saben, el milenismo espiritual o puro es una opinión libre".

Bueno, esto no todos lo saben y hoy día algunos no quieren saberlo. Menéndez y Pelayo equivoca en una sola cosa, que cree que el libro de Lacunza lo editó en Londres el Márquez de Mora y en cambio, esa primera edición la hizo Manuel Belgrano como es evidente y clarísimo. En el prólogo del editor dice: "el sentimiento de no poder verificarlo (imprimirlo) en la capital "Buenos Aires" de nuestra amada patria...". Está averiguado con certeza que él imprimió esa primera edición del Lacunza (que ya corría manuscrita en la República Argentina; y que no conoció sino de oídas Menéndez Pelayo).

En resumen hay tres interpretaciones del cap. XX, una condenada por la Iglesia, la de Kerinthos o sea el "milenismo carnal" y dos no condenadas ni tampoco definidas, que son por tanto dos "opiniones" libres. Pero hoy día hay una especie de conjura que impide la exégesis antigua y vuelve de hecho obligatoria la alegórica de San Agustín por medio de castigos o amenazas.

¿Y yo cómo lo sé? Primero por mí mismo, por la experiencia propia que no puede mentir; porque a mí me acusaron de milenista y me siguen acusando, el Presbítero Doctor, (que no es doctor), Mejía, y me han venido una cantidad de castigos por milenista pero sin decir que es por eso, castigos anónimos. Se los mandaban a Monseñor Tavella o a Monseñor Copello acá y después por varias personas que he conocido, bastante eminentes, que han sido perseguidas por eso, por ser milenistas, de las cuales mencionaré las principales:

P. Víctor Anzoategui: Doctor en Escritura por la Gregoriana de Roma. Se manifestó milenista. Diré libremente ¡lo persiguieron sin descanso, hasta hacerlo perder la salud y después la fe y después el juicio! El General Jesuíta Jannssennss y el Provincial de la Argentina Travi no lo dejaban entrar en Buenos Aires donde él quería ir a ver a su madre (no la pudo ver ni siquiera cuando se murió) mandándolo sucesivamente a Chile, de donde lo echaron por milenista también, Mendoza, Montevideo y el Chaco; y no a enseñar Escritura sino Primeras Letras.

Estando ya en el Chaco con la salud averiada, perdió la fe, se hizo protestante, se casó, perdió el juicio y aportó a Santiago de Chile, donde fue algún tiempo empleado de la Biblioteca Nacional. Volvió a la Argentina del todo arruinado, loco de atar, yo lo asistí en su última agonía. Daba horror.

2° P. Antonio Van Prixtel S.C.J.: holandés, profesor de Escritura, hombre muy docto e inteligente. Fue echado de Holanda y enviado a Montevideo, donde en 1945, escribió un gran volumen defendiendo su idea, que hizo mimeografiar ayudado por católicos uruguayos, es decir, por los jóvenes de la Acción Católica. Se lo llama "El testimonio de Nuestra Esperanza" (confidencial) y yo lo poseo. Cuando se supo, lo enviaron a Buenos Aires, donde no tenía nada que hacer, y después a Tucumán, menos, donde lo vejaron y maltrataron. Pidió perdón, destruyó su libro, y lo dejaron volver a Holanda. No sé como acabó.

3° P. Florentino Alcañiz: Hizo en Roma su tesis de Doctor en Escritura Sacra sobre "La Iglesia Patrística y La Parusía", a la cual ya me referí. Yo la traduje al castellano porque él me pidió que lo hiciera y me regaló su libro, lo modifiqué un poco, lo amplié y está impreso. Ahí el hizo un trabajo minuciosísimo sobre todos los Padres de los primeros siglos de la Iglesia, hasta el siglo V y resulta que en el siglo I, todos sin excepción, eran milenistas y después en el siglo II, III, IV, V, fueron disminuyendo, sobre todo después de la exégesis de S. Agustín muchos abandonaron la idea milenista y se hicieron alegoristas.

Al final hace un esquema donde pone a los Santos Padres por orden, por siglos ypor fechas, donde uno ve que la tradición de la Iglesia entonces era el milenismo espiritual que dicen ahora. Por eso digo yo que jamás va a condenar la Iglesia el milenismo espiritual porque eso sería cortar la rama donde está sentada; porque ella está asentada sobre la tradición.

Profesor del Seminario de Cerdeña y después del de Granada, al publicar su libro latino, estrictamente científico, en 1933 fue echado de sus cátedras y más tarde enviado a Buenos Aires, donde me regaló su tesis para que la tradujera. Como aquí no tuviese nada que hacer, pidió lo mandaran de misionero al Perú, salió de la Compañía de Jesús, y vivió años en la montaña peruana de ermitaño. Desde allí me envió un enorme libro manuscrito con su defensa, que por desgracia yo regalé a Federico Bracht. Me pareció notar en ese libro asomos de enajenación mental.

Muchos otros he conocido aunque menos de cerca, como el eminente escriturista jesuita P. Rovira, el que escribió el artículo "PARUSIA" en la Enciclopedia Espasa y otros...

El resultado de este fenómeno increíble es que hoy día es obligatorio interpretar el Reino de los Mil Años conforme a la patochada de San Agustín.

Es triste tener que decir esto de San Agustín pero no hay mas remedio. Es una interpretación tan arbitraria y tan inverosímil que no se puede mantener ni un sólo momento. La Iglesia no ha definido el Milenismo Alegórico ni ha condenado el Milenismo Patrístico, son dos opiniones libres; pero de hecho no se puede seguir más que una la más infeliz. Contra lo que dice el P. Florentino Agara, la Iglesia no condenará jamás la opinión patrística por la misma razón que rehusaron condenarla San Agustín y San Jerónimo por haberla tenido muchos Santos Padres y Mártires (dicen ambos); o sea que no va a serruchar la rama donde está sentada, que es la tradición; que es lo que hicieron los protestantes.

En la Argentina han sido milenistas espirituales antes que viniera la prohibición "disciplinar" de enseñarlo'(o sea mentarlo) cristianos excelentísimos como Gustavo Martínez Zuviría (el escritor) José Ignacio Olmedo, José Bourdieu, el Padre Straunbinger —y además yo, según el Pbro. Jorge Mejía. Esto sí que me permito dudarlo.

No he hecho más que poner en los libros que escribí, en algún libro que escribí como este del Apokalipsis donde tenía que decir lo que hay sobre la Escritura, poner "le cosse come stanno" las cosas como son, como dicen los italianos.

Por eso solo ya me volví milenista.

Voy a contar, como curiosidad, algunos de los castigos que me mandaron de Roma que por suerte me dejaron vivo y más sano que antes. Mencionaré brevemente cinco de ellos pues deben saberse Tandem aliquando.

El día de San Perón de 1949 fui expulsado de la Compañía S. I., el pretexto que se dio no fué el milenismo; de modo que no pertenece a esta exposición; aunque es posible que mi ex alumno, el asesor del Vaticano II hubiese ya comenzado a acusarme de hereje en informes secretos, cosa que sigue haciendo después de muchos años, para acopiar méritos, me refiero al Doctor (que no es Doctor) Pbro. Mejía.

Yo no sé si sigue siendo profesor en el seminario; en las clases decía que yo era "Milenista" y que era hereje y que no había que leer mis libros ni editarlos. De Roma, el general de los Paulinos mandó una orden para que no editasen ni un sólo libro mío ni pasado, ni presente ni futuro. Y así lo hicieron y propagaron esa orden a las otras órdenes editoras que hay que son los Salesianos y los de Guadalupe. Y así también un canónigo de la Pcia, de Santa Fé que ahora es Obispo en la Pcia, de Bs. As. y no recuerdo su nombre, escribía cartas a todos los párrocos de su diócesis diciéndoles que tuviesen cuidado con mis libros porque eran peligrosos. A mí me mandaron una de esas cartas que habían llegado a Villa Ana, en el norte de Santa Fé.

Después de expulsado, de inmediato fui a parar a Salta, al Palacio Arzobispal. Un expulsado de una orden religiosa queda suspendido por un año, porque se supone que un expulsado tiene que haber hecho delitos. Al cabo del año de oír Misa y dar clases. Monseñor Tavella, que era mi "Obispo Benévolo'' (los que expulsan de una Orden religiosa tienen que encontrar un "Obispo Benévolo" que los reciba) pidió mi "incardinación" en su diócesis mandando informes favorables. No respondieron del Vaticano una sola palabra, mi suspensión duró más de dos años: por eso dije eso de los informes secretos. Eso no puede responder sino a informes que contradijesen los de Monseñor Tavella (quién mandó varias veces informes favorables a mí).

El lunes de Pascua de 1952 un Obispo de Bolivia escribió que "por instrucciones de la Santa Sede, el me devolvería la misa si yo me trasladaba a Bolivia y me ponía bajo la obediencia y vigilancia de un sacerdote prudente. Yo dije que no. A los dos años y pico, como dije, llegó el levante del castigo.

Dando clases para Monseñor Tavella no ganaba lo necesario para vivir: el pidió la "incardinación a la diócesis", y después de la inevitable tardanza ("las cosas de Palacio van despacio") vino con la condición de que yo no pudiera salir de Salta y cada vez que saliera quedaba suspendido, no podía decir Misa.

Para lo cuál se servirán del Santo Sacrificio de la Misa, que no está hecho para eso. Simplemente el General de los Jesuitas o el Cardenal Pizzardo querían impedir yo fuese a Buenos Aires. ¿Por qué? Porque para conseguir que yo fuese expulsado sin proceso, habían dicho al Sumo Pontífice que yo era de un escuadrón de nacionalistas que eran capaces de incendiar el Colegio del Salvador o lo estaban por incendiar. El Papa concedió la dispensa temporaria del proceso, con el proviso natural que el proceso había de hacerse más tarde conforme manda el canon 654 en el caso de "Periculum in mora" peligro en la demora. Porque hay un Canon que dice que sí hay peligro en la demora para expulsar a un Sacerdote de una Orden, se puede dilatar el proceso, dejarlo sin hacer para que no haya escándalo o ruido o lo que sea y dejarlo para después, cuando todo esté más tranquilo. No lo hicieron nada. De manera que han desobedecido al Papa, al derecho Canónico y al derecho natural como diez veces.

A mí me echaron porque decían que había desobedecido durante veinte años y no había desobedecido ni una sola vez.

El canon no se cumplió; y el periculum in mora, fue una mentira colosal que encajaron al Papa Pío XII; de la cual ya habrán dado cuenta a Dios.

Estaba muy campante por haber acabado mis calamidades, trabajando en Salta, cuando me cayó de golpe un nuevo fulmen: la condena solemne de un artículo mío salido en la revista HUMANIDADES del Obispo Tavella, con la orden de retractarme al momento so pena de excomunión.

La condena la recibió Monseñor Tavella el cual me la comunicó con una carta devotísima diciendo: "Sométase, sométase, la Santa Madre Iglesia fundada por Cristo, la Santa Cruz, la Santa Humildad, etc." Yo escribí que estaba pronto a retractarme de cualquier error mío, pero que me lo dijeran, pues en el artículo no lo veía: y si no ¿cómo me iba a retractar? No me dijeron nunca donde estaba el error. Ahí está el Artículo impreso en el capítulo del libro "CRISTO ¿VUELVE O NO VUELVE? A ver si Uds. pueden verlo al error: nadie lo ha visto hasta ahora, fuera de Jorge Mejía, y los bobos que le creyeron o sea el finado Cardenal Pizzardo y su Secretario, que se llamaba Pepe.

Monseñor Tavella me comunicó que mi carta no era bastante sumisa para con un Príncipe de la Iglesia. Yo le pedí me hiciera otra al P. Amánelo González Paz; el cuál la redactó sumísima, hasta demasiado yo la firmé y la mandé y creí había acabado el asunto. La tremenda condenación de Pizzardo y toda la Congregación en plenario, la tengo todavía. Es uno de los pocos papeles que he conservado, algunos los perdí, otros regalé, otros rompí, . . porque no me mandaban a mí las condenas sino al Obispo, a Copello o a Tavella.

Yo me había retractado hasta de la Osa Mayor y el Santo de mi nombre, y ya estás Si, espérate un poco, al otro día vino otro Acto de Justicia divina y eclesiástica. La Santa Sagrada y Cesárea Pontifica Congregación de la Santa Inquisición Romana, intimaba a Monseñor Tavella que me intimase a mí (nunca me escribían a mí):

1° que no escribiese de temas religiosos

2° que enviase a Roma todas mis obras teológicas

Yo no había publicado ni una sola obra teológica entonces todavía; Monseñor Tavella aplazó el cumplimiento del castigo hasta fin de año, porque estábamos a mediados del año y yo era profesor de la Escuela Normal y en el Instituto de Humanidades de Tavella, pero me di cuenta que tenía que salir de Salta porque el Obispo era demasiado devoto, es decir cobarde: si el artículo de marras era culpable, él era quien tenía que haberse responsabilizado. El me rogó le diese el artículo que acabado no estaba.

Así que él debió haber tomado mi defensa; me di cuenta entonces que no tenía medios de vida en Salta si me castigaban de esa manera.

Me fui a mi pueblo Reconquista, donde mi hermana María había caído enferma, y hastiado del Gobierno Eclesiástico, decidí establecerme allí de camionero y vendedor de leche, pues decir Misa me era prohibido. A los 6 meses había fracasado, porque Benítez que era favorito de Perón me negó un camión al fiado.

Llevé toda mi biblioteca, unos 3.000 volúmenes a Bs. As. y recuperé mi cátedra de Psicología en el Instituto de Profesorado de donde me echó Perón a los dos años cuando le dio el sarampión anticlerical; mejor dicho no Perón sino un profesor judío llamado Groslevin.

Era según Bielsa nulo ese decreto de Groslevin. Pero yo no encontré ningún abogado aquí en Buenos Aires que tuviese ánimo para ponerse contra Perón, planteando un "recurso contencioso administrativo", no firmó ningún decreto contra mí.

Pero la Providencia hizo que me nombraran al poco tiempo Redactor del diario de San Juan TRIBUNA, gracias a mi amigo Alberto Graffigna y estuve dos años escribiendo para ese diario. Redactando ensayos allí escribí dos o tres libros sobre el Evangelio. Cuando hice eso, a los dos años le quitaron el diario a Graffigna, se lo quitó el Partido Conservador de San Juan, ayudado por la Revolución Libertadora.

Entonces hice un manuscrito muy pulcro sobre los evangelios y lo mandé a ITINERARIUM y Braga Osear lo entregó a la Curia para la censura. El censor era Jorge Mejía que después de haber llegado a gran prosperidad había concebido un sañudo rencor contra mí, cuyo motivo ignoré e ignoro. Intentó impedir la publicación del libro "El Evangelio", primero con una Censura disparatada de la que resultaba había que escribir el libro de nuevo pues según él el libro contenía 40 errores.

Yo no podía escribirlo de nuevo. Hasta que la Providencia me envió un hada bienhechora, o un hado si se quiere, el franciscano Antonio Vallejo quien me mandó llamar y a quien encontré en su escritorio rodeado de diccionarios teológicos, gramáticas latinas y griegas, de las obras de Sto. Tomás y estaba con la Censura en la mano (Yo había leído sola mente 5 errores y no seguí con los demás porque con 40 errores era imposible corregir). Vallejo empezó a cotejar error por error y apareció que 38 errores eran del Censor, el cual no sabía ni latín y griego, no sabía nada.

Había dos errores solamente, uno que decía Sinedrio en lugar de Sanedrín y otro que indicaba que el Monte Hermoso tiene 2000 y pico de metros y el decía que tenía 1970 metros y resulta que según el nivel del mar y según la planicie circundante tiene dos alturas así que eso era fácil de corregir.

Vallejo le mandó entonces una carta finísima, versallesca, a Monseñor Lafitte y cuando Monseñor vio los errores de Mejía dio el "Imprimatur" de inmediato para el libro. Cuando llegó el Imprimatur dijo Mejía que había perdido el original que se le confió, que era el único.

Entonces Braga le dijo que le iba a hacer un juicio criminal y que le iba a hacer pagar 10.000 de entonces por daños y perjuicios, y el original apareció de inmediato.

Omito atropellos menores, como la prohibición de editar en los Paulinos y de escribir en las revistas católicas, y una difamación muy nutrida compuesta de calumnias. Yo escribí cartas a Monseñor Lafitte y a Roma, muchas, pidiendo me "devolvieran" la Misa, porque al salir de Salta había quedado suspendido; como decía Gamallo "era el condicionamiento geográfico de la Santa Misa" porque nada tienen que ver el local con la validez de la Santa Misa, pero habían inventado eso. Finalmente Monseñor Lafitte me llamó y me preguntó si era verdad que yo le había dado un bofetón al General S. S. Jannssenns y había dicho públicamente que el Papa Pío XII era un ganso Yo quedé tan apabullado que no supe qué contestarle a Monseñor.

"Ya verá como Monseñor lo va ayudar "me dijo Ramón Doll y era verdad. Se murió antes de poder rehabilitarme El que me rehabilitó como Sacerdote fue el Nuncio Lino Zanini, varón extraordinario, el mejor de los cuatro nuncios que yo he conocido, verdadero varón de Iglesia muy inteligente y Santo, a quién lo interesó en mi asunto el Embajador ante el Vaticano Santiago de Estrada. Me vino a ver cuando yo estaba convaleciente de una grave enfermedad (lo mismo que Monseñor Caggiano) y al poco tiempo hizo desaparecer todas mis sanciones y hacerme mandar todas las licencias que llaman. Trabamos una gran amistad y le guardo gratitud eterna. Modestamente hizo aparecer que la rehabilitación amplia mía se debía a Monseñor Juan G. Aramburu. Lo sacaron de aquí al poco tiempo y está en el Vaticano con un empleo muy inferior. Dios lo recompensará.

Me tenía por feliz diciendo la Misa de 11 en el Tránsito de María y predicando media hora, cuando de golpe y porrazo me llegó la carta mas atroz y disparatada de Roma que hubo y pudo haber. Era un castigo descomunal, sin decir por qué, como siempre, firmado por los cardenales Larraona y Ottaviani. El castigo no sé podía cumplir y por tanto no lo cumplí, guardé ante él la actitud de Jesús ante Herodes, el papel no lo tengo más, creo que lo regalé a un amigo. Era una cantidad tremenda de castigos y no me decían por qué. Yo creo que se debían a calumnias que han llegado allá, sobre todo por algunos tan acreditados como Mejía que era Asesor del Concilio Vaticano II y que en Roma tiene casa, automóvil y mucho dinero y eso vale mucho en todas partes. El tiene mucho prestigio en Roma y asiduamente me acusa de "milenista". Si lo soy sigo una opinión libremente. Pero tampoco la sigo porque como decía Pico "lo que me interesa a mí es resucitar y no si hay dos o una Resurrección".

Como dije, el papel lo regalé a un amigo. Por suerte los Inquisitores estos tienen mala memoria y una vez que producen un estruendo, se olvidan después. Todos ellos ya han sido juzgados por Dios. No sé por qué los voy a juzgar yo.

LA CONCLUSION:

Dios ha sacado bien para mi de todos estos males, que ojo, no negaré han sido males, y maldades procedentes quizás mas de ignorancia y estupidez mental que de maldad. O no. Vaya a saber.

No he resistido hasta la sangre como dice San Pablo a los Hebreos (XII, 4) "Nondum enim usque ad sanguinem restitistis". Mis angustias pasaron como un sueño. Hay que sufrir "Pour l'eglise et par l'eglise", me dijo Gonzalo de Reynold, gran escritor suizo. Hay que sufrir para la Iglesia y por mano de la Iglesia.

El año 1947 estando en Roma ya bajo la tormenta le dije al famoso Vicente Alonso, que estaba gozando de los favores de las cumbres y potestades, incluso de Pío XII y el General Jesuíta, le dije tristemente:

La Iglesia anda mal.

—— Cállate —me respondió— no seas simple, la Iglesia siempre ha andado mal. Ahora resulta que lo que dije entonces, lo dijo ahora el Papa Paulo VI: que "un poco del humito del infierno ha entrado en la Iglesia de Roma" El humito del infierno es el fariseísmo.

Hace ya mucho tiempo, cuando yo era muchacho, un gran escritor francés, George Goyan escribió un libro: "Las luchas actuales de la Iglesia". Las luchas actuales de la Iglesia yo las conozco más que él sin jactancia, yo sé sobre la Iglesia actual cosas que no sabe hoy ningún nacido, sin jactancia y sin alegría.

Esa frase "si los argentinos supieran lo que yo sé, etc.", que está en mis Evangelios y muchos quieren saberlo.

Christus heri et hódie

Cristo ayer y hoy

Principium et finis

Principio y fin

Alpha et Omega

Alfa y Omega

Ipsius sunt témpora —et seecula;—

De El son los tiempos —y los siglos;—

Ipsi gloria et impérium—

A El gloria e imperio

per universa aeternitatis saicula. Amen.

por todos los siglos de la eternidad— Amén.

Liturgia del Sábado Santo

Bendición del Cirio Pascual

Fin

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